Una madre recibe una visita inesperada, sus hijos gemelos vuelven a verla después de un tiempo para demostrarle que ya no son unos niños

LOS GEMELOS

Hacía más de tres meses que no veía a mis hijos, mis queridos gemelos: Jamie y Jerry. En realidad era mucho más tiempo, se habían ido a la universidad: Jamie a estudiar medicina y Jerry a estudiar ingeniería.

Desde ese entonces la casa estaba patéticamente sola. Mi marido Jonas, nos había abandonado cuando los muchachos tenían unos 12 años y yo me había quedado sola con ellos. Al principio fue un poco duro, pero la separación fue de mutuo acuerdo y Jonas nos dejó la casa y suficiente dinero para educar a los muchachos y para yo vivir decentemente el resto de mi vida.

Yo me casé muy joven y los gemelos nacieron inmediatamente, apenas había cumplido 18 y como me era muy difícil embarazarme de nuevo, decidimos no tener más hijos. Al principio todo fue muy bien y bello, pero luego vino la rutina. Jonas y yo no teníamos en realidad nada en común y cada uno vivía su vida. Yo me ocupaba de la casa y de los niños y él trabajaba… y tenía sus amoríos, cosa que yo ignoraba.

Un día, sin embargo, se enamoró de otra mujer y decidió o nido aparte. Como dije, a mi no me importó mucho porque tenía a los niños que ocupaban toda mi vida. Separamos nuestras cosas, él me dejo casi todo y desapareció.

Yo seguí cuidando a los muchachos, la casa y mis amigas de la vecindad, por lo que pronto me volví a sentir cómoda. A veces tenía la casa llena de chicos muchachas y muchachos del colegio, a veces estaba sola, cuando ellos se iban a otras casas o de camping de verano y esas cosas.

Nunca me interesó buscar otros hombres. A ver, no es que sea fea o no tenga ninguna atracción sexual, todo lo contrario, me he mantenido delgada y en buena forma, más debido a los genes de mis padres que a mi propio esfuerzo, pero el caso es que a pesar de mis 38 años, muchos hombres voltean sus cabezas para verme (y algunas mujeres también, jajaja). Tengo el pelo rubio y largo, no tanto como antes, pero si hasta los hombros. Mis pechos se han mantenido bastante bien erguidos a pesar de la alimentación de los gemelos. Más grandes que cuando me casé, pero tampoco las cosas plásticas que se ven hoy en día, que parecen melones.

En todos estos años ha habido muchos candidatos que han tratado de tener algo conmigo, pero ninguno me interesó. Inclusive salí con algunos de ellos, más por seguirle el consejo a mis amigas y por mi misma, que quería averiguar si de verdad no me interesaban, pero al final ninguno despertó nada en mi, así que lo dejé de ese tamaño. Si el destino tenía dispuesto alguna pareja para mi, ya me lo haría saber.

Por otra parte, sexualmente tengo mi vida bajo control gracias a los consejos de mis amigas, las múltiples revistas femeninas e internet… y Tom, Bob y Joe. Tres vibradores que llenan mis necesidades cuando el calor aprieta. ¡Y no hay que cocinarles!

Sin embargo, la cosa se me puso un poco más difícil cuando se Jamie y Jerry se fueron a sus respectivas universidades. Demasiado tiempo sola. Demasiados huecos en la casa… Y cuando venía uno, ¡el otro no podía! Así pues que para mi cumpleaños… bueno, mi cumpleaños había pasado hacía un mes, pero igual, decidí invitarlos el fin de semana a la casa. Tendría que pagar dos boletos de avión ida y vuelta, pero ¡qué gusto me iba a dar!

A las 7 pm del viernes estaba en el aeropuerto esperándolos, después de haber pasado el día en la casa brincando de un lado a otro, preparándoles el cuarto donde habían dormido toda su vida, la comida que les gustaba, limpiándolo todo una y otra vez, aunque sabía que ni cuenta se darían. Pero igual, lo hacía para matar las horas.

El vuelo de Jamie llegaba a las 7:30 y el de Jerry a las 7:45 ¡sincronización casi perfecta!.

Cuando vi a Jamie se me detuvo el corazón ¡estaba tan bello! No podía creerlo. Bueno, vestía las franelas y los bluejeans de siempre, pero yo igual lo veía con los ojos del corazón.

-¡Jamieeee!- grité sin poderme contener.

-¡Mamiiii!- respondió desde lejos, mientras corría a abrazarme. Llevaba sólo un pequeño maletín de mano. No necesitaba más, venía a su casa.

Nos abrazamos y dimos vueltas como locos.

-¿Cómo estás hijo mío?-

-Muy bien, mami. Un poco cansado, pero bien. Estudiando mucho, pero bien. ¿Y tu?-

-Yo también estoy bien- respondí sin dejar de abrazarlo y besarlo -me moría de ganas de verlos-

-Y a mi también me encanta verte-

Y mientras seguíamos abrazados sentí que alguien me abrazaba por detrás y me volteé:

-¡Jeryyyy!-

-Mamiiii-

Y de pronto me encontré en brazos de mis dos hijos ¡qué felicidad! Y entonces Jamie gritó

-¡Sanduche!-

y Jerry le devolvió el grito al tiempo que ambos me abrazaban, uno por delante y otro por detrás apretándome mucho, como si ellos fuesen dos rebanadas de pan y yo el jamón en el medio.

-¡Noooo!- grité, pero por dentro me derretía de la emoción de tener a mis dos niños. El caso es que eso del sandwich era un juego que hacíamos cuando ellos eran niños. Al igual que ahora, ambos gritaban y me abrazaban, uno por delante y el otro por detrás y dábamos vueltas y gritábamos como poseídos.

Cuando llegaron a alrededor de los doce o trece años dejamos de jugarlo por dos razones, la primera era que ya habían crecido demasiado y al que me tocaba delante le quedaban mis senos en la cara y ya estaban empezando la adolescencia y ya sabían, o más bien sentían, lo que eran unos senos de mujer ¡y en la cara! y empezaron a pelearse por ser el que le tocaba abrazarme por delante. Mi trasero no les llamaba tanto la atención. Luego vino la adolescencia, en que se separaron de mi, claro la madre dominadora, que los obligaba a estudiar, a bañarse, a hacer las tareas. Finalmente crecieron y ya los dos se hicieron más altos que yo y no eran tan divertidas las tetas, pero en cualquier caso, no lo habíamos hecho más hasta hoy.

-¡Sanducheeee!- volvimos a gritar los tres y nos fuimos a la casa riéndonos más como chiquillos que como mamá e hijos.

En la casa les tenía preparado su comida favorita: espaguetis con salsa de carne.

-¡Siiiii!- gritaron los dos sentándose y sirviéndose porciones inmensas de espaguetis. Yo me comí una pequeña porción, mientras ellos se devoraban tres platos cada uno, bañados con… ¡coca-cola! Yo había abierto una botella de vino de la Rioja, pero ellos prefirieron los recuerdos infantiles. Yo no caí en eso y me tomé el vino… un poco demasiado, pero es que estaba tan contenta.

Cuando terminaron de comer y de ayudarme a lavar y a recoger los platos, les pregunté que querían hacer y ambos respondieron que estaban cansados, por le que les ofrecí que viéramos una película en la sala y que después se acostaran. Que mañana lo pasaríamos juntos. Ambos aceptaron.

Nos sentamos en el sofá. Bueno, ellos se sentaron, pero yo me acosté entre ellos. La cabeza en las piernas de Jamie y mis piernas sobre el regazo de Jerry.

-¿Qué quieres ver, mami?- preguntó Jerry agarrando el control remoto.

-Lo que Uds quieran hijos, mor mi me quedaría viéndolos a Uds, jajaja- dije un poco alegre por la cantidad de vino que me había tomado.

-Ok. Entonces yo escojo- dijo.

Por un rato estuvo “surfeando” por Netflix consultando con Jamie por ésta o la otra película. Yo no les prestaba mucha atención, disfrutando del placer de tenerlos allí. Del calor de las piernas de Jamie en mi cuello y cabeza y del regazo de Jerry en mis piernas. Me había quitado los zapatos y me había aflojado la ropa y me sentía de lo más relajada.

La película comenzó y pronto me di cuenta de que era una de esas cosas que le encantaban a los muchachos, con muchos tiros y mucha violencia. Sin embargo, había algo más que no estaba acostumbrada a ver en las películas que yo solía ver y era mucha desnudez. Vamos que yo he visto y de vez en cuando lo sigo haciendo, mis películas pornográficas, pero esta se suponía que no era una película porno, era una película malos y buenos, de tiros y persecuciones, pero de vez en cuando algunos de los protagonistas se desnudan ¡y de frente! y hacían el amor. Y lo hacían de forma tan natural que en algunas escenas llegué a pensar que los actores ¡lo estaban haciendo de verdad!

Lo peor era que algunos de los protagonistas están la mar de buenos, especialmente uno de los “malos” que trataba de poner mirada de malo, pero que, la verdad, no le salía muy bien. Lo que sí le salía muy bien era el estómago plano como una tabla con esos cuadritos… mmm. También una de las chicas era especialmente sexy. No es que me gusten las mujeres, pero esa chica era especialmente bella.

Cuando se acercaba el final de la película me di cuenta yo que estaba un poco excitada. Sentía como mi entrepierna estaba mojada y hacía esfuerzos para no tocarme. Pero entonces, para mi mayor sorpresa, al mover mi pierna izquierda, noté en el regazo de Jerry un bulto que antes no estaba ahí. Al principio me extrañé, pero después me di cuenta: si yo me había excitado con la película, ¡ellos también!.

De pronto me di cuenta que ¡le estaba tocando el miembro a uno de mis hijos! ¡Oh Dios mío!

Pero me dije que lo mejor era no darme por enterada y ni soñar en mover la pierna… pero el bulto seguía ahí, rozándome. Y yo no hacía sino pensar en si estaba creciendo o no. Si le estaría molestando…

Y luego pensé en Jamie. Probablemente él también estaría excitado, pero yo tenía la cabeza en su muslo izquierdo muy cerca de su cuerpo. Obviamente en esa posición no podía ver ni sentir nada. Entonces decidí estirarme, subí mis brazos a la altura de la cabeza y “descuidadamente” tropecé con su cuerpo. ¡Si! ahí también había una cosa dura. Sentí como mi vientre daba un retortijón de placer y un nuevo chorro de fluidos me inundaba las pantaletas ¡Dios mío, se me van a mojar las pantaletas y se van a dar cuenta!

-Voy un minuto al baño, hijos- dije levantándome.

-¿Quieres que pare la película?- me preguntó Jerry.

-No, no importa. Sólo si pasa algo importante-

-Ok-

Me fui al baño e hice pipí y aproveché para limpiarme un poco. Efectivamente tenía toda la cuchupina mojada. Esta noche iba a tener que hacer algo por ella, me dije. Luego me acomodé, me lavé las manos y regresé a la sala.

La película seguía y llegué justo en una escena en que la chica bonita convencía al “malo” (el que me gustaba) para que se cambiara de bando. Mientras me acostaba entre los muchachos, no pude evitar la tentación de ver cómo estaba la situación de sus herramientas y con mucho disimulo volví a rozarles. Ambos seguían “armados” y por lo que pude deducir del ligero roce, ambos iban muy bien armados. Su padre había sido un hombre bien dotado y no tenía ninguna razón de pensar que no hubiesen heredado esa buena calidad.

Luego de acomodarme y asegurarme de que mi pierna seguía en contacto con la herramienta de Jerry (lamentablemente no se me ocurrió cómo hacerlo con la de Jamie) volví a concentrarme en la película.

La chica ya se había desnudado por completo. Como es común hoy en día, estaba completamente afeitada y en la escena se veían claramente los labios de su vulva, mientras le quitaba la ropa el “malo” que se dejaba hacer, reluctante sabiendo que chica quería que traicionase a sus amigos. Finalmente ambos quedaron desnudos y ella se montó a caballo sobre él y comenzaron a hacer el amor. Se veía tan real… ¡Y entonces sentí como la polla de Jerry palpitaba… ¡volví a mojar las pantaletas!

Finalmente se acabó la película y todos decidimos irnos a dormir.

-¿Qué te pareció la película mami?- preguntó Jamie.

-Bueno… no me gustó mucho. Demasiada violencia… y un poquito de demasiado sexo-

-Jajaja- se rió Jerry -Ahora todas son así-

-Bueno, si- respondí -pero es que además, se veía tan real-

-¿Cómo que se veía tan real?- preguntó Jamie.

-Digo, que parecía como si lo estuviesen haciendo de verdad-

-¡Pero si lo estaban haciendo de verdad!-

-¿Cómo!- dije sorprendida.

-Claro mami- intervino Jerry -eso de las escenas simuladas se acabó hace años. No se veían reales. Ahora todas las escenas de amor de las películas buenas son con los actores haciéndose el amor de verdad verdad-

-Oooohhh- dije sorprendida al pensar que había estado viendo las escenas de verdad-

-Bueno. No te preocupes por eso. Son los tiempos modernos. Ademas, muchas veces nos dijiste que no había nada de malo en hacer el amor si ambas personas están de acuerdo- me dijo Jerry abrazándome para darme un beso de buenas noches.

-Tienes razón- le dije mientras que me dejaba abrazar. Sin embargo, inmediatamente me di cuenta de que había cometido un error, porque cuando me apretó, sentí su dura herramienta presionarme en el abdomen.

Estuve a punto de gemir al sentirlo, pero me contuve y me despedi:

-Buenos noches, hijo- le dije con un hilo de voz saliendo de la garganta -dios te bendiga-

Y entonces vino Jamie e hizo lo mismo… con el mismo resultado. El también tenia su miembro duro y cuando me abrazó se pegó a mi sin dudarlo. Pasaron unos instantes y luego se separo.

-Buenas noches mami-

-Buenas noches hijo- respondí con la voz todavía más temblorosa.

Cuando llegue al cuarto, mi mente era un torbellino. Por un lado estaba completamente excitada. Mi conchita estaba mas mojada que un pez en el mar y me moría por hacer el amor, pero eran mis hijos!

Me quite la ropa, incluyendo las pantaletas empapadas, me puse la franela y el holgado pantalón de algodón que uso de pijama y me metí en la cama después de cepillarme los dientes.

Me acaricie los pechos, los pezones me dolían de lo duro que estaban, solicitando que los acariciaran, y por un momento pensé en masturbarme con uno de mis juguetes, pero nuevamente me venia a la mente la idea de que todo esto venía de estar sintiendo sus… güevos (por primera vez me refería a ellos de esa forma) ¿como iba a masturbarme?

Me desperté como a las 8 y la casa estaba en silencio. Seguramente ellos estaban todavía dormidos. Los pezones los tenia otra vez erguidos y despacio, pasé las palmas de mis manos por ellos, para tranquilizarlos. Craso error, en vez de tranquilizarse se irguieron aun más, mandando señales eróticas todo mi cuerpo. Me puse de lado y dejé que una de mis manos bajase hasta mi entrepierna. Haciéndome la loca, me toqué por encima de la pantaleta y me estremecí toda. Después de todo, quizás no fuese mala la idea de masturbarme, pensé. Allí mismo, en la mesa de noche, estaban mis tres amantes: Tom, Bob y Joe… mmm. No tenia mas que abrir la gaveta y agarrar uno… ¿cual sería el elegido? Hoy creo que estoy golosa y voy a agarrar el mas grande: Joe. A él casi no lo uso porque es realmente grande. Me lo gané en una rifa que hicimos con mis amigas en una despedida de soltera y cuando lo utilizaba me llenaba hasta el máximo, pero hoy… hoy quería llenarme así… mmm.

Afine el oido y no oí nada. Total tranquilidad, creo que puedo disfrutar de unos momentos de placer y luego estaré mas preparada para lidiar con los muchachos.

Primero me acaricie de nuevo las tetas. Mmmm… que rico… los pezones me están matando y empecé a pellizcarlos.

Luego me incorporé y abriendo la gaveta saqué a Joe. Es de color claro, tiene la formas como de venas por todos lados y una base con la forma de unas bolas, donde se prende el motor.

-Mmmm ¡que grande es!- pensé agarrándolo con la mano. Lo prendí para ver si tenia pilas e inmediatamente empezó a vibrar en mi mano. Era la velocidad menor. La subí un poco –Mmm si… muy bien- Lo puse en la cama, bajo la sábana, a mi lado como si no fuese a usarlo, como para “encontrarlo” de pronto… que cantidad de pendejadas hacemos las mujeres.

Me quite el pantalón y las pantaletas y las tiré al lado de la cama, ya las recogería después. La sabana me acaricio el culo y las piernas de forma agradable.

Me estiré, cubriéndome solo con la sábana, y metiendo la mano derecha bajo mi franela, volví a jugar con mis pezones. Agarré el izquierdo con el pulgar y el índice y lo retorcí hasta que me dolió. Luego lo acaricié con la palma de la mano, para tranquilizarlo. Y entonces hice lo mismo con el otro pezón, para al final, volver a empezar. Estaba cada vez más excitada y sabia que explotaría pronto, por lo que retrasé el juego con mi conchita un poco más.

Pero ésta me llamaba y yo no  podía seguir despreciándola, así que dejé mi mano derecha encargada de mis tetas y la otra izquierda empezó a explorar mis pliegues.

Abrí un poco las piernas para facilitarle las cosas y con mis dedos busque mi clítoris. –Ohhhh…- gemí cuando me lo acaricié. Estaba muy mojado y excitado y no podía seguir tocándolo por ahora porque explotaría, así que cambié; metí dos dedos en mi vagina y me acaricie por dentro.

Mmmm…- volví a gemi de placer.

De pronto, “recordé” a Joe y lo busqué con la mano. Aproveché la humedad de mis dedos para mojarle la cabeza y luego me lo puse entre las piernas, la cabeza en la entrada de la vagina y la base apoyada en la cama, de forma que cuando me moviera hacia adelante, se fuera metiendo solo. Ya había encendido el vibrador y apenas se sentía.

Luego me metí los dedos en la boca y me los chupé, disfrutando de mi propio sabor. Mi mano derecha seguía jugando con mis tetas y luego de retorcerme muy duro un pezón, tan duro que me hizo temblar de placer todo el cuerpo, hice girar un poco las caderas deslizándolas hacia adelante, con lo que Joe se hundió un poco dentro de mi. Mi vagina se dilató para aceptarlo y cómo me llegó a mitad de camino.

Me quedé así y volví a juguetear con mis dedos en mi vulva y en mi clítoris.

-MMMMM !Que delicia!-

Meditaba si me dejaba que Joe me penetrara más o si seguía acariciándome el clítoris con el dedo, cuando…

-!Buenos días mami!-

Abrí alarmada los ojos y en la puerta del cuarto estaban ¡mis dos querubines con una bandeja!

!Dios mío! ¿Y ahora qué hago?- pensé.

En un mili-segundo saqué mis manos de donde estaban, colocándolas a la vista sobre la cama. Al mismo tiempo que me enderezaba, sentándome en la cama… con la consecuencia que Joe se introdujo de un sopetón hasta el fondo de mi vagina, mientras seguía vibrando alegremente, ahora apoyado fuertemente contra mi cuello uterino.

-¡Mis niños. Pero qué sorpresa!- dije, mientras pensaba -realmente una gran sorpresa-

Con la mayor naturalidad que pude, estiré la sábana sobre mis piernas cubriéndome con ella hasta la cintura, mientras me ponía una almohada en la espalda. No podía moverme mucho porque Joe… bueno Joe estaba taaan adentro… y cada movimiento lo hacía encajarse más… y producirme espasmos de placer que no podía dejar traslucir.

-Te trajimos el desayuno- dijo Jamie poniéndome la bandeja en las piernas y sentándose a mi lado en la cama. Cuando lo hizo, el colchón rebotó un poco y Joe trasmitió ese movimiento dentro de mi…

-Mmm- gemí mentalmente.

-Que alegría hijos- dije tratando de disimular.

Jerry se había acercado por el otro lado de la cama, donde había visto mis pantaletas y el pantalón de la pijama en el piso.

-Se te cayó esto, mami- dijo poniéndolos en la cama. Yo juraría que había olido la pantaleta poniéndosela en la nariz, pero no pude asegurarlo.

-Gracias hijo. Hacía mucho calor y me las quité anoche-

El no contestó nada, sentándose simplemente al otro lado de la cama. Nuevamente, Joe me presionó profundamente. Un nuevo espasmo me recorrió el cuerpo.

Coño. me van a hacer acabar y no voy a poder disimular…- pensé.

Entonces tomé el vaso de jugo de naranja y me lo tomé sin respirar. La acidez del jugo me permitió relajarme un poco y alejar el orgasmo.

Cuando terminé de tomar, me di cuenta que ninguno de los dos me miraba la cara sino que veían un poco más abajo. Yo estoy acostumbrada a que se me queden viendo las tetas de vez en cuando, pero había algo raro en sus miradas y decidí echar un vistazo.

Wow, el escote de la franela se había bajado mucho y ésta apenas me cubría las tetas. Estoy casi segura de que me podían ver las aureolas y los pezones que seguían completamente erguidos.

-¡Ay!- dije -estoy casi al aire-

-No te preocupes mami- dijo Jerry inmediatamente -tienes unas tetas maravillosas y nos encanta que nos las enseñes un poco-

-Oh… no sé…- dije intentando subirme un poco la franela, pero entre la bandeja y la sábana y…. Joe vibrando allá abajo, no lograba hacer nada bien.

-Estoy de acuerdo con Jerry- dijo Jamie -tienes unas tetas muy bellas y te encanta ocultarlas. Tienes que enseñarlas como ahora. ¡Y que conste! No sólo son las tetas, eres una de las milf más bellas que conozco-

-¿Una qué? ¿Una milf? ¿Qué es eso?-

-¡Ah! Jajaja, mejor dejo que te lo explique Jerry-

-Te lo digo más tarde mami- dijo Jerry -por ahora te dejamos que te desayunes en paz y nos vemos abajo después-

Sentí un gran alivio cuando oí que me iban a dejar desayunar en paz. -¡Si, pero primero iba acabar tan duro que se me iba a borrar el ombligo!- pensé. Joe seguía vibrando y volviéndome loca y no me faltaba mucho…

-Claro hijos. Gracias por el desayuno-

-¡Ah! Le dijimos a las Miller que si podían pasar por aquí un rato a bañarse en la piscina. Vienen más tarde, pero sólo se quedan hasta el mediodía, tienen trabajo- dijo Jamie desde la puerta.

-Ah… ok- respondí mientras empezaban a temblar las piernas.

Apenas se cerró la puerta, moví las caderas un poco para “desencajar” a Joe, que estaba demasiado hondo. Un poco más libre, sus vibraciones se trasmitieron más claramente hacia mi punto G.

-Oooohhhh- gemí en voz baja.

Moví la bandeja con cuidado hasta ponerla al lado de la cama y luego volví a agarrarme las tetas. Los pezones enviaron fuertes señales a mi vientre y el orgasmo empezó a formarse.

Lo aguanté por un segundo. Lo suficiente para meterme una punta de la almohada en la boca después comenzar a tocarme el clítoris… lo que disparó el orgasmo más fuerte que he tenido en mi vida.

Las piernas me temblaban, ¡todo el cuerpo me temblaba! A través de la almohada gemía y gritaba como una loca y estuve a punto de tumbar la bandeja.

Luego que pasaron los primeros espasmos, me saqué a Joe, ¡ya no podía soportar las vibraciones! Eso me hizo explotar de nuevo…

-¡Oooohhh!- volví a gemir, mientras me estremecía de nuevo.

Después de bañarme, me vestí y bajé. Después de los piropos que me habían echado los muchachos, me había puesto una franela pegada que me permitía mostrar más los pechos. Igual con los pantalones, ¡que me costó un montón que me entraran, de tan pegados que eran!

Los muchachos ya estaban en la piscina y salí a saludarlos con un café en la mano.

-¡Mami… estás espectacular- me dijo Jamie.

-Wow- dijo Jerry -yo te dije que estabas bella, pero ahora… ¡estás más que bella!-

-Gracias chicos- respondí con una sonrisa, pero la verdad es que los que estaban buenísimos eran ellos. Siempre habían tenido una buena figura, su padre era también delgado, pero ahora se veía que estaban haciendo ejercicio y se le marcaban los músculos. Sobre todo los del estómago. Esos cuadritos que se le forman a los atletas y que son tan apetitosos…

Usaban unos trajes de baño pequeños, no de esos largos que usan los muchachos, sino los de los nadadores, que tienen un corte bajo y permite apreciar mejor los músculos.

También me permitió mirar sus “herramientas” otra vez. Yo sé que no debía, pero no pude evitar mirarlos y recordarlas anoche duras contra mi vientre.

A pesar de hacer tenido un orgasmo ¡dos orgasmos! poco tiempo antes, aquí estaba yo otra vez respirando agitadamente.

-Bueno hijos, voy a sentarme un rato en la computadora y después voy a descansar un rato-

-¿No vas a sentarte con nosotros y disfrutar la piscina?- me dijo Jamie levantándose y abrazándome.  Yo lo abracé de vuelta recostando mi cadera contra la de él, pero de lado, evitando su herramienta.

-Si, pero más tarde. Hace mucho sol. Y además Uds. tienen visita-

Me fui con un agradable calor en el cuerpo, pero no del sol, sino de haber estado conversando con dos bellos hombres en traje de baño en mi patio. Después pensé que eran mis hijos, pero ya el calor se había introducido en mi vientre. ¿Estaré condenada a mojar las pantaletas todo el fin de semana? Jajaja.

Recogí la cocina y después me fui al cuarto. Quité la ropa de cama que estaba todavía húmeda donde había estado acostada. ¿Cómo era posible que hubiese mojado la cama de esa manera? Yo sé que cuando tengo un buen orgasmo me sale cierta cantidad de fluidos pero ¿para mojar esa cama así? En fin, mejor las lavo y ya.

Luego de poner la ropa en la máquina de lavar oí que alguien entraba a la cocina por la puerta de atrás, eran las dos chicas Miller.

-Sra. Jones ¡Qué placer verla!- dijo la mayor, Anna, viniendo a abrazarme.

-¡Dios mío que bella estás!- le dije abrazándola.

-¡Y tú también estas bella, Leonor!- le dije a la menor, que también se había acercado a saludarme.

Anna y Leonor eran las hijas de unos vecinos que, por cierto se habían mudado hacía un tiempo, y que estudiaban en el mismo colegio que mis hijos. Anna un año mas arriba y Leonor un año menos.

Pero estando mis hijos en el penúltimo año, Anna había comenzado a venir por las tardes para ayudarse mutuamente con las tareas y a bañarse en la piscina. Un tiempo después Leonor se unió al grupo y por todo un año se estuvieron viendo casi todos los días después de clases. Luego, cuando los Miller se mudaron al otro lado de la ciudad, ya no vinieron más, pero la amistad continuó hasta que mis hijos se fueron a sus respectivas universidades y no supe más de ellas. Luego le preguntaré a los muchachos.

Intercambiamos saludos por un rato, preguntándoles por sus padres y lo que hacían y luego salieron de nuevo a juntarse con los muchachos en la piscina.

Más tarde me fui al cuarto y me senté en la computadora a leer mis correos y a trabajar en un informe que tendría que entregar la próxima semana. Al rato me sentí con sueño y decidí dormir un rato antes de bajar a la piscina.

Antes de acostarme, me asomé por la ventana y vi a los cuatro bañándose, pero cuando me iba a voltear, algo me llamó la atención y era que ¡las chicas estaban topless!

Dios mío- pensé –¿Qué están haciendo?-

Me quedé mirando un rato, pero justo en ese momento se habían salido del agua y luego de secarse, cada uno se acostó en una de las tumbonas con la mayor naturalidad. Ninguna connotación especial por la desnudez de las chicas. Entonces me di cuenta que seguramente era yo la que sentía que los pechos desnudos de ellas era una cosa especial, mientras que ellos lo asumían de una forma más natural.

Me alejé de la ventana y me acosté en la cama. Tantos años enseñándole a los hijos que el cuerpo es una cosa natural y que estar desnudo o vestido es una elección personal y que no tienen que molestarse o excitarse si ven a alguien desnudo y ahora, soy yo la que me alarmo. En fin, será mejor que me duerma.

El sueño que antes parecía tan fácil, ahora me eludía y en mi cabeza me saltaban una y otra vez los bellos cuerpos de Anna y Leonor. La primera un poco más grande que yo, con tetas también grandes y unas caderas bien marcadas. Leonor parecía una adolescente todavía, probablemente tenía un año menos que Jerry y Jamie, 19, pero las tetas las tenía pequeñas y puntiagudas, como cuando todavía se están desarrollando. Tampoco tenía muchas caderas, en cambio el culo era maravillosamente respingado…

Abrí los ojos y eran ya casi la una y que las chicas se irían pronto. Tenía ganas de verlas de nuevo. Había dormido como una hora y creo que había soñado con ellas.  Así que era hora de bajar yo también a la piscina.

Me paré de la cama y me desnudé y cuando iba a sacar mi bikini, me asomé por la ventana con cuidado.

¿Dónde está? No los veo-

Me moví al otro lado de la ventana y

-¡OOOOHHH!- dije en voz alta. No muy duro para que no me oyeran.

Jerry estaba sentado en una de las tumbonas y arrodillada a su lado la cabeza de Leonor subía y bajaba lentamente mientras le mamaba el…

Le está haciendo el amor…- pensé -¡No! le está mamando el güevo- me dije utilizando las palabras que eran.

Jerry le acariciaba la cabeza y ella, subía y bajaba despacio, metiéndoselo completamente en la boca. No podía verle el güevo a Jerry porque el rubio cabello de Leonor me lo ocultaba, pero no había duda de lo que estaban haciendo.

-¿Y los otros?- 

No los veía por ningún lado, pero es que tampoco la ventana me permitía ver todo el patio, así que me cambié al baño. Desde allí pude verlos. También Jamie estaba sentado en la tumbona y Anna lo cabalgaba en posición invertida, es decir, dándole la espalda. Sujetándose con los pies en el suelo y las manos en los reposa-brazos de la tumbona, subía y bajaba su cuerpo desnudo con fuerza, disfrutando del güevo de mi hijo en su vientre.

Dejé de ver un momento y me recosté del lavamanos. ¡Estaba viendo a mis hijos cogerse… mejor dicho, a mis dos hijos siendo cogidos por sus dos compañeritas de estudio!

¿Cuanto tiempo llevaría eso? Entonces pensé en cuantas tardes de “estudio” habrán sido también tardes de sexo…

Me asomé a la ventana y Anna se había levantado. El güevo de Jamie seguía duro y húmedo, ahora apoyado descansando en su vientre. Anna no se veía por ninguna parte.

Entonces apareció Leonor y sonriendo, le agarró el güevo y lo apuntó hacia arriba y expertamente se acomodó sobre Jamie, colocó una rodilla a cada lado de su cuerpo y se bajó hasta encajarse el güevo completamente. Jamie se levantó un poco y se metió una de las pequeñas tetas de Leonor en la boca y empezó a chupársela.

Ooohhh- gemí, sintiendo como mi vagina se encogía en un espasmo de deseo.

Me devolví al otro cuarto a ver por la ventana. Anna estaba acostada en otra de las tumbonas, con las piernas levantadas y muy abiertas y allí en medio, Jerry se la cogía con violencia. Subiendo y bajando las caderas, empujándole el güevo hasta el fondo. Cosa que no podía ver, pero lo que si veía era la expresión de puro placer que tenía Anna en la cara cada vez que Jerry la embestía.

Entonces sentí como una gota de humedad me bajaba por el muslo y recordé que estaba desnuda. Busqué con mi mano y pude constatar que era mía, una gota de mis fluidos vaginales que se desbordaban.

Me metí dos dedos y pude comprobar los mojada que estaba y me estremecí. Entonces, mientras seguía viendo a Jerry cogerse a Anna, comencé a masturbarme. Mis dedos volaban por mi clítoris, al tiempo que con la otra mano me acariciaba de nuevo las tetas. No tenía tiempo de buscar a ninguno de mis juguetes, iba a acabar pronto.

Entonces cerré los ojos y dejé que el placer me embargara. Sabía que no podrían oírme, pero igual amortigüé el gemido de placer que me explotaba en la garganta:

-AAAAHHHH-

Y mis piernas no me aguantaron más y tuve que sentarme en la poceta. Los espasmos de placer me recorrían el cuerpo, haciéndome estremecer muchas veces, mientras mis dedos apenas me rozaban el clítoris, muy sensible ahora para acariciármelo.

Pasaron varios minutos hasta que pude pararme y al asomarme a la ventana, vi que Anna se estaba vistiendo. Obviamente habían terminado también. Fui a la otra ventana y también Leonor y Jerry estaban listos. Jerry todavía se ponía el vestido, creo que sin pantaletas ni nada.

A menos que saliera corriendo, ya no tendría tiempo de despedirme de ellas. Así pues, seguí mirando por la ventana mientras se iban.

Luego me lavé la totora en el videt y fui al cuarto a buscar un traje de baño. No sabía qué ponerme y finalmente me decidí que después de todo lo que había pasado lo menos que podía ponerme era el bikini más chiquito que tuviese. Aunque estaba segura de que nada de lo que pudiera poner podría competir con esas dos chicas desnudas. Mientras me acomodaba el bikini, que para mis estándares era mínimo, pensaba:

-¿De verdad quiero competir con ellas? ¿Qué es realmente lo que quiero?-

La respuesta me revoloteaba en la cabeza pero no me atrevía a expresármela yo misma. Lo que quería era ¡que mis hijos me desearan más que a ellas!

Finalmente me puse un pareo que hacía juego y un sombrero. No estaría desnuda, como ellas, ¡pero estaría más elegante!

Una vez en la cocina, me preparé un Cuba-libre para tranquilizarme aún más y poder ver a mis bebés sin la imagen de sus cuerpos desnudos cogiéndose a las chicas.

-Holaaa- dije con la mejor de mis sonrisas acercándome a ellos que descansaban de lo más inocentes acostados en las tumbonas.

-¿Ya se fueron las muchachas?- pregunté aparentando que no sabía nada.

-Oh si- dijo Jerry -hace como 15 minutos-

-Ay qué lástima que no me despedí de ellas. ¿Se divirtieron?-

-Oh si- dijo Jamie -como en los viejos tiempos-

-Ajá. Lo sabía. Estos carajos han estado tirando quién sabe desde hace cuánto- pensé.

-¡Qué bueno!- dije -¿Y qué hacen ellas? ¿Estudian?-

-Anna pasó un año sin hacer nada. Sus notas no eran muy buenas y no la aceptaron en ninguna universidad. Además que no creo que su madre tenga cómo pagar una-

-¿Su madre? ¿y el papá donde anda?-

-Ese desapareció hace años. Justo después de que se mudaron. Creo que se fue con otra mujer o algo así. Ellas no saben o no quieren saber nada de él-

-¿Y entonces qué hacen? ¿No estudian?-

-Anna trabaja como mesera. Se casó y vive con su marido, pero creo que va a probar estudiar enfermería de noche-

-¿Se casó?, cough, cough- dije atragantándome con el trago.

-¿Porqué te extrañas de que se haya casado?-

-No, no me extrañé. Fue que me atraganté con el trago. Pero la verdad es que sí me extraña. Es tan joven-

-Si. Eso mismo pensamos todos. Seguramente acabarán divorciados-

Seguro. Y si anda por ahí tirándose a los compañeros de colegio…- pensé.

-Leonor va por el mismo camino. Creo que está de vendedora en una tienda o algo así, esperando a ver si consigue un marido o alguien que la saque de aquí-

-Qué lástima de chicas… Eso es lo que pasa cuando no estudias- dije pensando que seguro que cuando estaban con mis hijos no podían estudiar porque tenían sus cuerpos llenos de…

-Bueno. ¿Quieren que les traiga algo de beber? ¿de comer?-

-No mami. Ven y siéntate con nosotros un rato. Nosotros hemos estado tomando refrescos todo el día-

Jerry se movió una tumbona más allá para dejarme libre la que estaba en medio de los dos, donde me acosté después de quitarme el pareo.

-Wow mami. ¡Estás preciosa!- dijo Jamie.

-Más que preciosa- añadió Jerry -estás buenísima-

-Si, si. Muchos piropos. Jajaja, pero todavía no me han explicado lo de anoche- dije acostándome boca abajo en la tumbona.

-Mami, estás muy blanca ¿no quieres que te pongamos protector?-

-No me gusta mucho ponerme protector, pero supongo que será mejor. No quiero quemarme y después no poder moverme con el dolor. Tenía pensado que esta noche fuésemos a comernos un helado y después quizás a jugar bowling ¿qué les parece?-

Apenas les había dicho que podían poner el protector, los dos se habían movido para mi tumbona. Jerry del lado de mi cabeza y Jamie de mis piernas y después de embadurnarse las manos, empezaron a cubrirme de crema.

Jamie había empezado por lo pies e iba subiendo poco a poco por las piernas, mientras Jerry me cubría los hombros. Mi bikini se sujetaba con dos lazos, uno en la parte de atrás del cuello y otro en la espalda. Cuando Jerry le tocó ponerme crema en el cuello, sin dudar un momento, me aflojó el nudo del bikini, con lo que me pudo poner crema sin problemas.

Jamie iba subiendo por mis muslos y yo estaba comenzando a ponerme nerviosa. Sus movimientos eran increíblemente suaves y me gustaban mucho… demasiado. Sus dedos se deslizaban por mis muslos y a veces se metían por las caras internas de éstos… increíblemente excitante.

Jerry ya había cubierto mis hombros y bajaba por mi espalda con lo que el otro nudo del bikini quedaba en el camino. Cuando lo tomó en sus manos y empezó a deshacerlo lo detuve:

-¿Pero qué haces Jerry?- dije irguiéndome un poco.

-Te quito el nudo del bikini para echarte protector- dijo con cara de no entender.

-Pero vas a dejarme… al aire-

-¿Al aire?-

-Con los pechos desnudos- le dije.

-A ver. Tres cosas: la primera. No te estoy dejando los pechos desnudos, sólo estoy desanudando el bikini, si quieres quitártelo o no, es cosa tuya. La número dos es que ya te dijimos que adoramos tus pechos y nos parecería increíble poder verlos desnudos. Y la tercera es que te recuerdo que por muchos años nos has dicho que desnudez no es buena ni mala, que cada quien puede desnudarse o no, si le provoca y nadie tiene porqué meterse con él por ese motivo. En otras palabras, podemos estar desnudos o vestidos y no por eso somos distintos-

Quedé absolutamente desarmada con esa argumentación y me puse otra vez boca abajo. Jerry deshizo el nudo del bikini, hizo a un lado las tiras y comenzó a ponerme crema por toda la espalda.

Jamie había llegado hasta el extremo de mis piernas y sus manos me habían acariciado deliciosamente. Inclusive por entre las pierna, donde me había puesto crema en las caras internas de los muslos, ligeramente rozando con sus dedos mi vulva.

Luego me dijo:

-Este traje de baño es muy grande, mami. ¿Quieres que te ayude a “modernizarte”?-

-No estoy segura de qué quieres hacer- le dije.

-Es muy fácil- respondió -sólo tienes que mostrar un poco más de culito-

Con la misma me agarró los lados de la parte de abajo del bikini y los haló hacia arriba, más hacia las caderas. Con eso, el bikini dejó más piel libre a los lados, pero me apretó más contra mi entrepierna. Pero entonces agarró también el borde inferior del bikini a la altura de las nalgas y las jaló hacia arriba también, haciendo que el bikini se me metiera entre las nalgas como un tanga, al tiempo que dejaba al aire mis dos nalgas.

-Uuuyyy- dije al sentir el bikini separarme las nalgas y dejar éstas libres.

-Muy bien- dijo Jamie riendo -ahora te ves como una chica moderna con tanga-

-No sé- le dije -es medio incómodo-

-No te preocupes. Pronto te acostumbrarás. ¿No tienes pantaletas tipo tanga? Es lo mismo-

-Claro que tengo- le dije -pero éstas tienen sólo una tirita que se te mete entre las… las nalgas. Este bikini es mucho más ancho-

-Mejor así- me respondió -como es más ancho se empuja las nalgas hacia afuera y se te ven más sexy. Jajajaja. Pero ahora hay que echarte crema para que no se te vaya a quemar este culito precioso-

Volteé la cara para que no me viera cómo me sonrojaba. Además de la sonrisa que me afloró en los labios al sentir sus manos acariciándome las nalgas… -mmm… qué ricooo…-

Ya Jerry había terminado mi espalda, no sin antes echarme crema bien abajo. Tan abajo que las puntas de sus dedos se habían introducido bajo la cintura de la parte de abajo del bikini llegando casi al raya entre mis nalgas.

-Bueno. Ya es suficiente, niñitos. Déjenme que coja un poco de sol tranquila-

-Claro, mami- respondieron ambos regresando a sus sillas y colocándose boca arriba.

-¿Había un bulto en sus trajes de baño que no había visto antes? Mmmm, demasiada imaginación-pensé tratando de tranquilizarme.

Luego de unos 15 minutos, el calor y el sol ya me estaban pesando y decidí meterme al agua. Miré a los lados y mis bebés estaban leyendo, así que les dije:

-No vayan a mirar, que me voy a meter al agua-

-¿Qué no quieres que miremos, mami?- Dijeron ambos poniendo cara de bobos.

-Si. Yo sé que crié a un par de bobos. No se las hagan y cierren los ojos mientras yo me meto en el agua-

Ambos cerraron los ojos o por lo menos disimularon que lo hacían, entrecerrándolos, pero por si acaso, yo me tapé las tetas con las manos y me metí a la piscina de un salto.

-Ya pueden volver a abrir los ojos- les dije desde el agua, que me llegaba al cuello y me tapaba las tetas.

-Seguimos sin entender- dijo Jerry.

-No importa- respondí comenzando a nadar de un extremo al otro de la piscina. Uno de los pocos ejercicios que hacía y que me ayudaba a mantener mi cuerpo en forma.

Cuando me cansé, me quedé en el medio de la piscina descansando, cuando dos “bombas” cayeron al agua a mi lado, salpicándome el pelo que había tratado de no mojarme.

-¿Pero queee…?-

Como cuando tenían 12 años, mis dos bebés se habían lanzado al agua con las piernas encogidas, levantando enormes chorros de agua.

-Jajajajaja- se rieron de mi cuando salieron a respirar.

-Pero uds. ya no son unos niños- les grité haciéndome la que estaba brava -ya no tienen 12 años-

-Claro que si, mami- respondieron girando a mi alrededor -es más. Ahora vamos a jugar-

-Marco Polo- gritó Jamie.

Ese era un juego muy bobo que solíamos jugar en la piscina. Uno (usualmente yo) se tapa los ojos y los otros giran alrededor. El de los ojos tapados grita “Marco” y uno o varios de los otros responde “Polo” y el que busca se guía por el sonido de la voz para atraparlo.

Inmediatamente cerré los ojos y grité: -Marco-

-Polo- respondió una voz a mi lado. Me giré y moví los brazos hacia ese lado, pero no había nada.

-Marco-

-Polo- Otra vez busqué y nada.

Me moví hacia la parte llana de la piscina y seguí llamando: -Marco-

-Polo- pero no encontraba nada. Para mayor confusión, la voz la oía ahora tan iguales que no podía saber cual era cual. Y eso que se hacían cada vez más audaces.

-Marco- decía yo otra vez y un -Polo- susurrado casi en mi oído me hacía volverme rápidamente… para no encontrar nada o solamente rozar una espalda o un brazo.

Ya estábamos en la parte llana de la piscina, el agua apenas me llegaba a la parte de arriba de los muslos, de forma que no les era fácil ocultarse bajo el agua y yo seguía sin encontrarlos.

De pronto un doble abrazo y ambos me gritaron:

-Sanducheeee- y nos revolcamos en el agua abrazados los tres riendo como locos -Jajajajaja-

Luego de unos segundos, nos levantamos a respirar y nos separamos quitándonos los pelos de la cara. Entonces fui consciente no sólo de que estaba con las tetas al aire, sino que un segundo antes me abrazaban los dos, uno de los cuales había sentido mis pezones contra su pecho.

Me hice la loca y simplemente seguí nadando, moviéndome un poco hacia lo hondo, donde mis pechos volvían a estar cubiertos por el agua. O por lo menos un poco más cubiertos.

-No solo no nos pudiste encontrar, mami- dijo Jerry -sino que estoy segura de que no sabías cual era cual-

-¿Cómo que no sabía? ¡Claro que lo sé- respondí.

-Vamos a hacer dos pruebas. La primera de sonido y la segunda de tacto- dijo Jamie.

-Pero no te va a ser fácil. En la de sonido tendrás tres intentos. Cerrarás los ojos y nos pondremos cada uno a un lado y diremos las mismas palabras y tu dirás quién está de qué lado- dijo Jerry.

-Después haremos una de tacto. Pero no será la cara. Podrás tocarnos todo menos la cara y tendrás que adivinar quién es quién-

-Muy bien- les dije aceptando el reto.

-Cierra los ojos y prométenos que no vas a abrirlos-

-¿Cómo Uds. hace rato antes de meterme en la piscina?-

-Jajaja. Tu sabías que no íbamos a perdernos de verte las tetas, jajaja. Pero ahora si. Con los ojos bien cerrados, mami-

-Muy bien- respondí mientras los oía moverse de un lado a otro o quizás haciendo que se movían.

-Mami. Eres la más linda de todas- dijo una voz a mi derecha.

-Mami. Eres la más linda de todas- dijo una voz a mi izquierda.

Por un momento dudé, pero dejé que mi instinto me guiara y dije:

-Jamie a mi izquierda y Jerry a mi derecha-

Los oí moverse de nuevo:

-Tienes una cara linda y un cuerpo perfecto- dijo la voz a mi derecha.

-Tienes una cara linda y un cuerpo perfecto- dijo la voz a mi izquierda.

Esta vez tuve dudas, pero creo que no se habían cambiado.

-Otra vez Jamie a mi izquierda y Jerry a mi derecha-

Volvió a sonar el agua de la piscina como si se cambiaran de puesto mientras murmuraban y volvieron la voces:

-Me gustaría besarte en la boca y acariciarte toda- a mi derecha.

-Me gustaría besarte en la boca y acariciarte toda- a mi izquierda.

La verdad es que no pude distinguir nada. Oirles decir que me querían besar y acariciar me distrajo demasiado. Me quedé muda, con el cuerpo temblando.

-No sé quién dijo qué eso, pero mejor dejamos así- respondí finalmente abriendo los ojos.

-¡Pero mami…!- protestaron, mientras me salía de la piscina muy turbada.

Llegué a la tumbona, me sequé el cuerpo y me acosté boca arriba. Tomé el protector solar y empecé a ponérmelo, especialmente en los pechos, antes que empezaran a ofrecerse voluntarios. No fuese que me fuese a dejar…

Ellos vinieron también y se sentaron a cada lado.

-No quisiste terminar el juego- dijo Jerry.

-No me pareció prudente- respondí.

-Pero no…- trató de decir Jamie.

-Y no quiero seguir hablando de eso- les dije.

-Uhh…. ok- respondieron.

Al poco rato se me pasó la incomodidad y decidí que quería hacer las paces, pero sin discutir el tema, así que me fui por el lado de la comida.

-Me dio un poco de hambre- les dije -¿quieren que les prepare un sandwich?-

-Claro, mami, por favor-

Me levanté y fui a la cocina. No me cubrí los pechos y no sólo eso, sino que me acomodé el bikini como me había dicho Jerry, subiendo los tiras de los lados y haciendo que se me metiera entre las nalgas. Quería que cuando me vieran caminar hacia la cocina me vieran bien… pero no que se olvidaran de lo de los besos.

Regresé con tres enormes sandwiches, bueno dos enormes y uno normal, y bebidas para los tres. Puse la bandeja en mi tumbona y me senté con ésta entre mis piernas. Ellos se voltearon hacia mi, de forma que quedamos los tres alrededor de la bandeja.

-A ver si adivinan de que son los sandwiches, les van a agradar- les dije.

-Mmmm- dijo Jerry mordiendo el suyo -jamón…-

-Tocineta- añadió Jamie -y huevo, por supuesto-

-¿Pechuga de pavo?…-

-Salchichón-

-Queso-

-Si, queso amarillo…-

-Lechuga-

-Tomate-

-Muy bien- dije con una gran sonrisa -espero les haya gustado. ¡Ah! y mayonesa-

-Jajajaja- nos reímos todos.

-Jamie- le dije -tu comentaste antes que Anna estaba casada-

-Si- respondió éste.

-¿Y su marido no tiene problemas con que ella viniera a visitarlos a Uds?-

-¿Uh? La verdad es que no sé. Ella no me dijo nada. A lo mejor ya no está casada-

-En cualquier caso ella siempre ha sido muy ligera de cascos- añadió Jerry.

-¿Cómo es eso?- pregunté haciéndome la loca, como si no había visto nada.

-Oh… no sé si debamos contarte-

-No se supone que tengamos secretos entre nosotros, ¿no?- les dije mordiendo mi sandwich. Ellos se miraron a los ojos y luego hicieron un leve gesto de asentimiento.

-Bueno mami…- dijo Jerry.

-El caso es que…- siguió Jamie.

-En nuestro penúltimo año tuvimos un poco de dificultades con matemáticas ¿recuerdas?-

-Claro. Fue cuando Anna comenzó a venir en las tardes a ayudarlos-

-Bueno… no sólo nos ayudó con las matemáticas…-

-¿Cooomooo?- dije sinceramente asombrada -pero ¿qué edad tenían Uds entonces? ¿16?-

-Y ella 17- dijo Jerry.

-Y había perdido su virginidad un par de meses antes-

-Y un día que hacía mucho calor, ella vino con una blusa muy escotada…-

-Y una falda muy corta…-

-¿Yyyy?-

-Bueno… comenzamos a besarnos-

-¿Los dos?-

-Mas o menos, primero uno y después el otro-

-Y después pasamos a segunda-

-Y a tercera-

-¿Pasaron a segunda y a tercera? ¿Qué es eso?- dije.

-¿No lo conoces? -dijo Jerry -Es como el beisbol, la primera son los besos, la segunda tocarle las tetas-

-Y la tercera es tocarla entre las piernas-

-¿Y llegaron a home?- pregunté.

-No ese día. Mientras nos besábamos empezamos a tocarnos por todos lados. Nos sacó los güevos…-

-¿Los dos al mismo tiempo?-

-Claro. Ella estaba sentada en el medio de los dos y ambos le tocábamos  las tetas, en aquel entonces pequeñas y puntiagudas, como las de Leonor, y la vulva. Sin tener idea de qué hacer exactamente, puro instinto-

-Entonces ella nos sacó el güevo a cada uno y nos masturbó-

-Bueno, no tuvo que esforzarse mucho. Creo que batimos el récord mundial en la acabada más rápida del mundo-

-Jajajaja- me reí -eso es tan típico. Mi primer… me hizo lo mismo. ¡Me sorprendí tanto! Pensé que si todos los hombres acababan tan rápido, nunca tendría tiempo de tener un orgasmo. Jajaja-

Después de contarles eso me puse muy roja, revelándoles mis experiencias sexuales a mis hijos.

-El caso es que después de eso, nos vestimos y ella se fue para su casa-

-Al día siguiente no vino-

-Y tampoco fue al colegio-

-Nos preocupamos muchísimo. Pensamos que era por lo que habíamos hecho-

-Que le habíamos hecho daño-

Siempre hablaban así. Cuando contaban algo que habían hecho los dos, se repartían el cuento, cada uno contaba una parte, sin saltarse nada. Jejeje-

-Al final nos enteramos que era que le había venido la menstruación y que había tenido muchos calambres y dolores y que había tenido que ir al médico con su mamá-

-Aparte de la buena noticia de que no tenía nada malo, o por lo menos nada que le hubiésemos causado nosotros-

-El médico le había recetado píldoras anticonceptivas para evitar los dolores… ¡y los hijos!-

-Cosa que a nosotros nos iba de perlas-

-Me parece muy bien. No me imagino lo que habría sucedido si Uds. embarazan a esa muchacha- dije.

-El caso es que ella nos informó que no podría venir por unos días-

-Hasta que se le quitara el período-

-Y también nos dijo que nos preparáramos-

-Y vaya que nos preparamos-

-La siguiente vez que vino nos habíamos bañado y puesto nuestras mejores ropas-

-Lo que fue innecesario, por lo menos lo de la ropa, porque a los 5 minutos estábamos los tres desnudos-

-¿Desnudos? y ¿dónde? ¡por Dios!-

-Aquí en la sala de la casa. Tu estabas en el trabajo, como siempre…-

-¡Vaya!, yo trabajando y Uds…-

-El caso es que lo echamos a la suerte y yo gané- dijo Jerry.

-Y a él le tocó primero-

-Fue memorable-

-Si, claro. Nuevo récord mundial. Tres empujones y ¡zas!-

-Cualquiera cae que tu duraste mucho más. ¿Cuántos? ¿Cinco?-

-Jajajaja. Más que tu-

Seguía sin poder creer que estuviera conversando con mis hijos los detalles de sus primeras experiencias sexuales. Y aunque no lo quisiera reconocer, volvía a comenzar a excitarme. Mis pezones estaban nuevamente duros y sentía mi conchita mojada.  Ellos se daban cuenta, ni modo que mis tetas seguían al aire y no podía evitar que vieran cómo mis pezones se ponían duros, pero disimulaban muy bien para no hacerme sentir incómoda.

-Lo bueno fue que mientras Anna se cogía a Jamie. Yo me recuperaba y pronto pude volver a metérselo. Esta vez aguanté mucho más y ella casi llega al orgasmo-

-Pero no llegó- intervino Jamie -y cuando me tocó el turno a mi, sí logré que ella acabara ¡su primer orgasmo! nos contó-

-Bueno, su primer orgasmo por penetración, porque ella ya era una experta con sus dedos, jajaja-

-Así que ambos perdieron su virginidad al mismo tiempo- dije.

-Yo primero que él- dijo Jerry riendo.

-Si, pero yo la hice acabar primero que tu-

-Ya, ya- le dije -¿Y qué pasó después?-

-Después de ese día establecimos algunas reglas importantes. No podíamos tirar si no terminábamos antes las tareas. Si era una tarea demasiado larga o importante, poníamos un límite-

-Por ejemplo, dos horas. Estudiábamos dos horas, luego tirábamos por un rato. Más o menos hasta que los tres teníamos uno o dos orgasmos. Y luego seguíamos estudiando hasta que terminábamos todo-

-Entonces nos metíamos en la piscina o salíamos a tomarnos un helado-

-¿Y eso fue todo el año?- pregunté.

-Nooo, un día tuvimos un pequeño problema-

-Esa tarde no teníamos tareas y empezamos temprano, por lo que pronto cada uno de nosotros tuvimos nuestros dos orgasmos-

-Que ya duraban considerablemente. Ya habíamos aprendido y aguantábamos lo suficiente como para que ella tuviese varios orgasmos-

-¿Ella tenía varios orgasmos?-

-Oh si. Anna podía tener hasta 4 o 5 orgasmos seguidos-

-¡En la misma sesión!-

-¿Y una sesión era…?-

-Una acabada nuestra-

-Wow. Entonces si cada uno de Uds se la cogía dos veces y ella acababa, digamos que 4 veces cada vez… ¿ella tenía 16 orgasmos?- estaba impresionado. Ni me imaginaba que eso fuese posible.

-Bueno, en realidad no- corrigió Jerry.

-Ella tenía 5 orgasmos la primera vez-

-En la primera cogida-

-En la segunda, a lo mejor sólo 3-

-Luego uno o dos-

-Si, después era sólo uno-

-O ninguno. A veces estaba tan cansada que no podía más-

-Justamente eso fue lo que sucedió ese día-

-Como te dijimos, no teníamos tarea y empezamos a tirar temprano. Luego nos fuimos a la piscina, pero el ambiente estaba… no sé, agradable-

-Y volvimos a tirar varias veces en la piscina-

-A veces con los dos al mismo tiempo-

-¿Los dos al mismo tiempo?- pregunté alarmada.

-Si mami, ya sabes. Uno por delante y otro por detrás-

-¿Los dos en el mismo…?- volví a preguntar.

-Eso lo probamos también un par de veces, pero es muy incómodo-

-No, lo hacíamos con uno en el culo y el otro en la vagina-

-¿Se la cogían también por el culo?-

-Claro. A ella le encantaba-

-Dios mío…- dije.

Por dentro me imaginaba cómo sería tener dos güevos metidos al mismo tiempo o uno en la vagina y otro en el culo… y mi vientre temblaba ¿de ganas?…

-El caso es que ese día fue tanto que quedamos totalmente irritados-

-Teníamos el güevo completamente rojo y casi en carne viva-

-Pero te puedes imagina ella. A nosotros nos tocaba la mitad a cada uno. A ella le tocaba completo-

-Al final no podía caminar. La tuvimos que ayudar a llegar a su casa-

-Y no vino por tres días-

-Cosa que nosotros también agradecimos-

-¿Y yo no me di cuenta?-

-No te dijimos nada, claro-

-¿Cómo te lo íbamos a explicar?-

-Ah, pero ahora no tienen pena en contármelo- dije.

-Ahora somos más grandes…-

-Y tu preguntaste…-

-Bueno, está bien- dije. No quería reconocer que me estaba excitando muchísimo que ese cuento.

-El caso es que tres días después nos informó que no podíamos seguir así-

-Que ella no podía con los dos. Jejeje-

-Y que iba a traer a su hermana para que la ayudáramos-

-A Leonor- dije yo.

-Así es-

-Anna era, bueno, es un año más que nosotros y Leonor es un año menor-

-Y era virgen-

-¿Y ella qué decía?- pregunté.

-¡Ah! Ella estaba desesperada por participar-

-Hacía poco se había enterado de las actividades de Anna-

-Ella la veía todos los días cuando se desvestía y de alguna forma se dio cuenta lo que hacíamos-

-Y empezó a pedirle a Anna que la dejara participar-

-El hecho es que el día de la gran… cogida, Anna se convenció de que Leonor podía ayudarla a compartir las cargas-

-Le contó todo y le preguntó si quería participar-

-Y por supuesto que ella aceptó-

-Acordamos que la siguiente vez viniera ella y que haríamos un proceso de introducción-

-Si. Me imagino qué fue lo que lo introdujeron, jajaja-

-No, nos referimos a que habría un proceso gradual-

-Primero tenía que perder la virginidad de la forma más agradable posible-

-Luego tendría que ir acostumbrándose a hacer el amor todos los días-

-El caso es que hicimos un plan de trabajo…-

-Que no se cumplió-

-¿Qué paso?-

-Bueno. Resultó que Leonor es… una natural-

-¿Una natural? ¿Qué significa eso?- pregunté.

-Que al igual que su hermana. El sexo es muy fácil para ella. Le encanta y tiene orgasmo tras orgasmo, lo mismo que Anna-

-Su primera vez fue con Jamie, por que yo fui el primero con Anna-

-Si y nada que ver-

-¿Cómo que nada que ver?- intervine.

-Bueno, es que apenas ni sangró. Una gota quizás-

-¡Y tuvo un orgasmo en esa primera vez!-

-Y media hora después quizo hacerlo conmigo- dijo Jerry.

-Claro. Esa segunda vez no le gustó mucho porque estaba sensible-

-El caso es que decidimos darle tres días de descanso para que se repusiera-

-Pero al día siguiente estaba allí como un clavel-

-Jajajaaja-

-El resto del año seguimos con la misma rutina que antes, pero ahora repartida entre las dos hermanas-

-¿Y no volvieron a repetir…?- pregunté.

-¿Qué cosa mami? ¡Repetimos todo!-

-Pero ahora eran dos- dije.

-Si, pero a veces una no participaba-

-O al contrario, dos no participaban-

-No entiendo-

-A las dos hermanas les gustaba de vez en cuando darnos un show-

-¿Un show?- imaginando a lo que se referían, pero esperando que me lo confirmaran.

-Si. Se hacían el amor una a la otra-

-Decían que el amor entre mujeres es distinto-

-Mas suave-

-Más delicado-

-¿Tu lo has hecho alguna vez con otra mujer? Mami?-

-Oh no, no- respondí azorada. La verdad era que realmente nunca lo había hecho, pero a veces veía películas de lesbianas y me preguntaba… -Yo nunca… nunca he estado con una mujer. ¿Qué pregunta es esa?-

-Mami. Estamos en el año 2018. Hoy en día eso es muy normal-

-Además- dijo Jerry -Tu siempre nos dijiste que el amor, si es consentido, no tiene que ser sólo entre un hombre y una mujer-

-Si. Yo sé que se los dije… pero no quiere decir que a mi me guste-

-¿Cómo sabes que no te gusta, si nunca has probado?-

-¿Pero qué pregunta es esa?- dije -Yo sé si me gusta una mujer o no, o si me gusta un hombre o no. No tengo que acostarme con uno o con una para saberlo-

-Bueno. Eso es verdad-

Me aterraba pensar que ellos también hubiesen probado… así que no pregunté.

-Pero no sigamos con eso- dije -¿Qué paso después?-

-Bueno, llegó el final del año escolar y todos sacamos buenas notas-

-Para nuestra propia sorpresa, la obligación de terminar las tareas antes de tirar, nos obligó a estudiar más de lo que pensábamos-

-Jajaja- reímos todos.

-El caso es que casi el mismo día que terminaron las clases, Anna y Leonor se mudaron al otro lado de la ciudad-

-Y ahora era más difícil vernos-

-Si. De vez en cuando nos encontramos y recordamos los viejos tiempos-

-¿Cómo hoy?, por ejemplo- pregunté. Ambos bajaron los ojos sin contestar la pregunta. Yo no insistí, ya sabía la respuesta.

-¿Y entonces se acabaron las “tardes locas”?- pregunté.

-Bueno. Esas si, Perón nuestra popularidad en el colegio se había incrementando mucho-

-¿Gracias a las hermanas?-

-No creo- dijo Jerry.

-Yo sí lo creo- ripostó Jamie -las mujeres hablan…-

-Pero es que también comenzamos a ganar en los juegos de baseball y en el atletismo. Crecimos, nuestros músculos se acentuaron-

-Es cierto. Y las compañeras de clase también evolucionaron-

-¿Las compañeras de clase?-

-Claro. Millie, Jannine, Joanna, Donna. Tu las conociste a todas. Dejaron de ser unas niñas y se convirtieron en mujeres hechas y derechas-

-¿Y tuvieron relaciones con todas ellas también?-

-¡Claro! Con ellas también. Y con la experiencia que habíamos adquirido con las hermanas Miller, éramos muy estimados-

-En todas las fiestas, paseos… ya sabes. No éramos los únicos. Todos participaban, pero como dijo Jerry, éramos “el mejor polvo”, jajaja-

-Inclusive, a veces hacíamos trampas-

-¿Como trampas?- pregunté.

-Por ejemplo, si Jerry se acostaba con una compañera de clases, apenas acababa, se iba al baño y yo me cambiaba con él-

-Y cuando regresaba a donde estaba ella, ya venia con el güe.. bueno, con el miembro listo…-

-Esta bien- intervine – le puedes decir güevo. Después de todo lo que me han contado hoy, no me voy alarmar porque utilicen unas palabras más o unas palabras menos-

-El caso es que yo llegaba e inmediatamente se lo introducía y ellas siempre se admiraban de mi rápida recuperación. Jajaja-

-¿Y nunca se dieron cuenta?-

-O si, algunas veces y generalmente se arrechaban muchísimo, pero otras simplemente aprovechaban el servicio doble, jajaja-

-Y Entonces tuvieron relaciones con todas las compañeras de clases?-

-O no. No con todas-

-Algunas nunca quisieron por que jugaban para el otro equipo-

-¿Cómo? No entiendo- dije.

-Si, obviamente algunas de nuestras compañeras son lesbianas-

-Digo 100% lesbianas, por que hay otro porcentaje que juegan en los dos equipo…-

-¿En los dos equipos?- volví a preguntar.

-Ay mami, pareces del siglo pasado., eso significa que algunas son bisexuales-

-Aaah, claro, lo que pasa es que eso, en mi época eso no existía- dije.

-Querrás decir que no se sabía- dijo Jerry.

-En cualquier caso, a las “bi” les gustaba comerse su salchicha de vez en cuando-

-¡No seas falta de respeto- le dije.

-Nos dijiste que podíamos usar el lenguaje que quisiéramos-

-Si, pero sin faltar el respeto-

-Bueno. Digamos que ésas si se acostaban con nosotros de vez en cuando-

-Y también estaba Elizabeth-

-¿Elizabeth, la rubia alta y bonita?- pregunté.

-Si. Ella siempre fue inalcanzable- dijo Jerry.

-Nunca tuvo nada con nadie. Todos la invitamos, algunos logramos que nos acompañara al cine, a tomar un café, pero nadie llegó nunca ni a primera-

-¿Nadie llegó a primera? No entiendo- dije

-Recuerda mami: primera base, la boca; segunda base, las tetas; tercera…-

-Ah, si!, Ya me acordé – lo interrumpí.

Jamie se había quedado callado.

-¿Qué te pasa?- le pregunto Jerry.

-Nada, nada-

-Vamos a mi no me puedes mentir-

-Es que prometí no decir nada-

-¡Aaaaahhh¡ ¿Tu… y ella?- gritó Jerry.

-Si. El verano pasado, justo antes de las vacaciones- respondió Jamie

-¡No puede ser!- dijo Jerry

-Ella fue un viernes con su universidad de visita a la nuestra, por motivo de una competencia de basketball y nos encontramos por casualidad. Ella no sabia que yo estudiaba allí. Conversamos, la invité a tomarnos un café después del juego y…-

-¿Y?-

-Bueno, sólo salió de mi cuarto el domingo en la tarde, para agarrar el autobús de vuelta. Caminaba un poco torcida, mas o menos como Anna aquella vez-

-!No puede ser!- repitió Jerry -eres un sortario-

-!Siii! Me dijo que se había mantenido virgen hasta el matrimonio por presión de su mamá, pero cuando llego a su universidad conoció al “amor de su vida”, el tipo con quien se casaría, etc, etc. ya sabes. Y entonces empezó aquello de que para qué esperar si igual nos vamos a casar… y bueno, se acabó lo de la virginidad. Pero el caso fue que el tipo resultó una cagada y ella lo mandó para el carajo mas pronto que tarde. En cualquier caso, una vez resuelto el problema de la virginidad, ella tenia que recuperar el tiempo perdido… y lo demás es historia-

-Jajaja. !Buena esa hermano!- dijo Jerry.

-Prepárate tu. Me dijo que te tenía en la lista de pendientes-

-Jajaja-

-Bueno, ahora veo que fue una época muy movida- les dije -Yo me imaginaba que sí, que seguro que habrían hecho algo, que se habrían dado unos besos con alguna de las chicas, pero… ¿que se cogieran a todas o casi todas sus compañeras de clase?…- y luego pregunté con cierto temor de lo que iban a decir:

-¿Y hubo algo más?-

-Bueno… algunas de tus amigas- respondió Jerry.

-!No puede ser! ¿Mis amigas? ¿Quienes?- protesté.

-Ah no. Tu nos enseñaste a ser unos caballeros. No debemos hablar de las damas con quien hemos estado-

-Pero ya me contaron de las otras- insistí.

-Si, pero ellas eran nuestras compañeras de colegio y es fácil imaginarse que tendríamos sexo con ellas, ¿pero tus amigas? Mejor es no decirte nada- respondió Jamie.

-Bueno… te vamos a contar de dos que no eran tus amigas- dijo Jerry mirando a Jamie esperando a ver si éste aprobaba lo que iba a decir y éste le guiñó el ojo afirmativamente.

-Las mamás del baseball-

-¿Las mamás del baseball?- pregunté alarmada.

-¿Recuerdas a las Sras. Jones y Baker?-

-¿Las que acompañaban siempre al equipo de baseball?-

-Exactamente-

-¿Y?-

-Pues que ellas tenían la costumbre de premiar al pitcher ganador-

-O al bateador más destacado-

-¿Premiarlo? ¿Cómo?-

-En la parte de atrás del autobús que nos llevaba y traía a los partidos había un compartimiento separado por una cortina-

-Allí llevaban a los que se lesionaban para darles un masaje. Ya sabes-

-¡Un premio!- dije yo -¡No puede ser!-

-Pues así era. Algunos sólo recibían una pajita, una masturbación rápida-

-Otros recibían un premio mejor: una mamada-

-Eran muy buenas haciendo eso- acotó Jamie.

-No puedo creerlo- dije.

-Y el premio mayor era una cogida por toda la regla-

-Aunque a veces no se sabía quién era el que recibía el premio: el pelotero o la señora que lo daba-

-Por lo menos en nuestro caso… Jajaja-

-A nosotros siempre nos daban el premio mayor-

-Jajajaja- rieron los dos -Dígame la Sra. Jones, se ponía toda roja cuando acababa. Jajaja-

Si antes me tuve que imaginar a mis bebés cogiéndose a duo a Anna, ahora me los tenía que imaginar cogiéndose las mamás del baseball. Y a ¡algunas de mis amigas!

-Pero… ¿y los hijos de ellas qué hacían? creo que uno de ellos jugaba en el equipo-

-El también recibía su premio- dijo Jerry.

-Pero sería de la otra mamá- dije.

-Algunas veces. Otras de su su propia madre-

-¿La mamá se acostaba con su propio hijo?-

-Bueno, no sé si alguna vez él haya ganado el premio mayor-

-El era muy mal jugador- intervino Jamie.

-Pero en todo caso, más de alguna vez se fue atrás de la cortina con su mamá. No tiene que haber diferencia entre los jugadores. Decían ellas-

-Lo que recibía uno lo debía poder recibir cualquiera-

-¿Y a nadie le pareció mal que una madre tuviera relaciones sexuales con su propio hijo?-

-Bueno. En algún momento salió a relucir la conversación, pero el consenso general fue que mientras no hubiese reproducción, no había problemas-

-¿Cómo que no hubiese reproducción?- pregunte -No entiendo-

-El incesto es malo si se tienen hijos- dijo Jamie

-Estos pueden salir con defectos graves- acotó Jerry.

-Pero si no hay hijos…-

-El incesto no tiene problemas. Ese fue el consenso-

-Aaahhh- dije sorprendida por la respuesta.

-Tenía que analizar eso en detalle. En principio no me parecía, pero tenía algo de lógica- pensé, pero por ahora me pareció demasiada información.

-Bueno. Ya basta de conversación. Voy a descansar un poco- les dije recostándome en la tumbona.

Jerry se levantó, recogió la bandeja y la llevó a la cocina. Al hacerlo no pude evitar mirar su traje de baño y ver un gran bulto que había debajo. Era obvio que estaba excitado. También mire a Jamie y vi el mismo bulto. Obviamente esta conversación de contenido altamente sexual los había excitado tanto como a mi.

Yo seguía con los pezones erectos como piedras y lo peor era que no me atrevía a pasarme la mano por ellos para aliviar la tensión. Por supuesto, mi vagina estaba completamente mojada y si no fuese porque la tela del bikini lo disimulaba, se notaria que estaba empapado con mis fluidos.

Decidí acostarme boca abajo, pero primero me arreglé el bikini como me había dicho Jamie, subiendo los laterales y encajándomelo entre las nalgas para dejar que el sol me las bronceara. ¿Y enseñarles que bellas tiene las nalgas su mami? Nooo… bueno, un poco.

Cerré los ojos y traté de dormir, pero lo único que veía era a mis hijos cogiéndose a Anna, a Leonor, a cada una de sus compañeras de clase, a algunas de mis amigas ¡No podía pensar en otra cosa! Pero de pronto me di cuenta que la chica que en mi mente estaba entre mis dos hijos ¡era yo! ¡Aaaahhhh!… y me levanté de un brinco.

-¿Qué te pasa mami?- preguntó Jerry sorprendido por el brinco que había pegado.

-Nada, nada. Es que de pronto me sentí tan acalorada. Me voy a meter al agua-

-¿Nos dejas que te acompañemos?-

-Claro, mis amores ¿cómo no les voy a permitir que vengan a alguna parte conmigo?-

Mientras ellos se metían al agua, yo les di la espalda y aproveché para finalmente acariciarme los pezones… ¡Aaahhhh! cómo lo necesitaba. Después me volteé y vi a mis dos bebés nadando hacia mi.

Por un rato estuvimos jugando en el agua, sin acercarnos mucho. Era obvio que los tres estábamos electrificados y era mejor no dejar que saltara la chispa.

-Por cierto- les dije -¿cómo están de ropa ustedes?-

-¿Uh?… no sé- respondió Jamie -supongo que bien-

-A ver ¿cuántos pantalones tienes?-

-No sé, ¿tres?-

-¿Y tú Jerry?-

-Ni idea. Por ahí, tres o cuatro-

-¿Y camisas?- pregunté.

-Camisas tengo más- dijo Jerry.

-¿Cuántas?- insistí.

-No sé, mami. Suficientes-

-Bueno, está decidido. Nos vestimos y nos vamos de tiendas-

-Nooo- gimieron a duo.

-Sí señores. Vamos a comprarles algo de ropa y después les prometo…- dije sonriéndoles sensualmente y moviendo las tetas seductoramente -¡una cita!-

-¿Qué? ¿Una cita?, jajaja- dijo Jamie.

-Así es. Pueden Uds. invitarme a nuestra primera cita juntos-

-Bieeeen- dijeron ambos.

-¿Y a dónde quieres ir en nuestra primera cita?- preguntó Jerry.

-Aaaahhh. No sé. Uds. son los que invitan. Sorpréndanme-

-¡Muy bien! Prepárate-

-Siempre estoy preparada. Jajaja-

Me salí de la piscina y recogiendo el top de mi bikini y mi toalla, me dirigí hacia la casa. Mientras caminaba estaba consciente de que ambos me miraban el culo y les regalé una caminata sexy, moviéndome lo más sensualmente que podía. –¿Porqué disfruto tanto de flirtear con ellos?- pensé.

Mientras me bañaba tuve que hacer un esfuerzo para no masturbarme nuevamente. Me enjaboné los pezones más de lo necesario y luego, cuando me tocó hacerlo con la cucharita… ¡Ay, que esfuerzo tuve que hacer!

Vestirme fue todo un problema, ¡toda mi ropa era tan conservadora¡ Y yo iba a una cita, no con uno, sino con dos hombres hombres encantadores. No quería ponerme uno de esos vestidos hasta el cuello. Finalmente encontré en el fondo del closet uno blanco con grandes flores azules que me había comprado hace años y que había desechado por que era muy corto y escotado, ¡perfecto!

Me lo puse y me miré al espejo. Realmente era muy corto, pero… las chicas de ahora andaban con faldas que realmente… y hoy yo sería “una chica de ahora”

El sostén era un problema. Había escogido el más bonito que tenía, pero se salía por todas partes. Me cambié el sostén, pero el vestido tenía unas tiritas en los hombros Muy delgadas y las del nuevo sostén eran anchas. Nop. Luego de probar dos más, me decidí. Si había pasado todo el día sin sostén !podría estar el resto del día igual¡

Volví a verme en el espejo, ¡perfecto! Además, el estar si sostén me encantaba, tanto que mis pezones volvieron a surgir. Entonces me di cuenta de que el vestido no era demasiado grueso y los pezones sobresalían totalmente. Tanto que pensé en quitármelo, no podía imaginarme paseándome por el pueblo con todo el mundo viéndome los pezones.

Pero entonces vi toda la ropa que había revisado y desechado… no, tendría que ser este vestido. Y si me veían los pezones ¡que se jodan!

Terminamos las compras rápido, ambos se habían portado bastante bien. Les había comprado tres blue jeans y un pantalón de vestir a cada uno. Por supuesto que me metí con ellos al probador, disfrutando de verlos en sus pequeños interiores, como la tela es más suave, se marca más lo que hay adentro. Y lo sigo pensando: -¡eso se ve delicioso!-  Su padre estaba muy bien dotado (por eso sería que la tipa se los llevó) y no había ninguna razón por la que ellos no habrían heredado las dimensiones de él. Aunque viéndolo bien, parecían más grandes.

-Mami, mami-

-¿Qué pasa?- respondí.

-Que te quedaste embobada. Te pregunté que si te parecían bien estos pantalones- dijo Jamie.

-Déjame verte… ¡Quítate la camisa- le pedí.

-¿Y para qué?- preguntó.

-Para disfrutar de tu cuerpo cariño- pensé, pero por supuesto que eso no fue lo que dije -para ver cómo te queda en la cintura-

-Ok- respondió y se sacó la camisa.

Primero disfruté de su torso desnudo, ligeramente musculoso –Coño, acabo de pasar el día con ellos en la piscina y todavía quiero verlos- 

Luego me acerqué y le agarré la cintura del pantalón para ver que tan apretado le quedaba.

-Voltéate-

El lo hizo y le palpé el pantalón… y las nalgas.

-Pero mami…!- protestó riendo.

-Estoy viendo si te queda flojo por detrás. No hay nada más feo que unos pantalones bolsúos-

Nuevamente estaba haciendo trampas. Podía haber visto si le quedaban bien en las nalgas, pero había aprovechado para tocarlo… jejeje. –Estoy hecha toda una pu..- No quise ni pensar en la palabra completa, pero realmente me estaba empezando a comportar como una.

-Están perfectos, querido- le dije acariciándole la mejilla.

En eso entró Jerry con sus pantalones nuevos puestos.

-¿Y porqué estás sin camisa?- preguntó.

-Mamá que está inspeccionándome… los pantalones- respondió con una pausa sospechosa. Me parece que están empezando a sospechar.

-Vamos. Ahora te toca a tí. Quítate la camisa- le dije a Jerry.

-¿Ves? Te lo dije- dijo Jamie.

Repetí la misma operación con Jerry, sólo que los pantalones de éste sí le quedaban grandes.

-Te quedan grandes- le dije -quítate y pruébate los de Jamie. Jamie, dale tus pantalones-

-Pero si le quedan bien a él, seguro que me quedan a mi. Somos gemelos ¿recuerdas? Somos iguales-

-Si, pero uno hace más ejercicio que el otro y a lo mejor tiene más músculos-

-¿Músculos en el culo?- dijo Jamie que igual se había quitado el pantalón, quedando con sus minúsculos interiores… y con lo de adentro un poco más grande ¡le había gustado que lo tocara!

Jerry se había quitado los pantalones y como a él no le había dado el tratamiento, el “bulto” en los interiores era menor. -Déjame que te toquetee, cariño, a ver cómo te pones- pensé.

Repetí el proceso con Jerry, tocándole la cintura y luego las nalgas y, como Jamie, protestó.

-Te quedan perfectos- le dije -ahora quítatelos para que se prueben éstos- les dije agarrando unos pantalones finos de lino. Cuando Jerry se quitó los pantalones, el paquete había crecido, tal como lo esperaba.

Cuando se probaron los otros pantalones, no quise abusar de mi flirteo con ellos. Ya llevábamos demasiadas horas en eso ¡y todavía no eran ni las 5 de la tarde!

-Bueno- les dije -ya terminamos las compras. Ya tienen pantalones, camisas y ropa interior nueva para por lo menos un año. Cualquier cosa adicional me avisan o lo compran Uds. y me pasan la cuenta-

-Claro mami- respondieron contentos de haber terminado.

-Y ahora les toca Uds. Desde este momento soy su “levante” y Uds. tienen que procurar divertirme-

-¿Levante? Mami, nadie dice eso ahora. Jajaja-

-Pues Uds pueden decirle como quieran, pero lo que no pude decirme a mi ¡es que estoy vieja!- dije frunciéndoles el ceño.

-Oh, no. Empezamos mal hermano-

-Hola Raquel- dijo Jerry llamándome por mi nombre por primera vez en su vida -¿quieres venir a comerte un helado con nosotros?-

-No se…- respondí haciéndome la difícil.

-Por favor, Raquel- intervino Jamie -te prometo que te trataremos como a una princesa y que te vas a a divertir-

-¿Como una princesa? ¿no como una reina?- dije picándolos.

-Te trataríamos como a una reina, pero tu eres demasiado joven para ser una reina. Mas pareces una princesa-

-Muy bien- dije sonriendo -como una princesa entonces-

Con cada uno de ellos tomándome por un brazo, fuimos al carro a dejar los paquetes.

-Qué lindo carro- les dije, dándoles las llaves -¿Es de Uds?-

-Nos lo prestaron, pero la dueña es familia nuestra-

Entonces Jerry me abrió la puerta para que yo entrara. Luego me dijo.

-Si te pones en el medio, creo que cabemos los tres adelante- me dijo.

Me rodé al medio, mientras Jamie se montaba al volante y Jerry a mi lado. Si, cabíamos los tres pero un poco apretados. Pero a mi me encantó la idea, me permitía apretarme con ellos y no tenía que dar ninguna excusa.

La primera parada fue en una heladería, donde cada uno pidió lo mismo que pedían desde que tenían 5 años: Jamie un cono con tres bolas, dos de chocolate y una de mantecado; Jerry un cono con tres bolas, dos de mantecado y uno de chocolate. Yo me comí una sola bola de chocolate, ¡había que mantener la línea!

Terminado los helados, cruzamos la calle y fuimos a jugar golf en miniatura, otro de nuestros favoritos de la juventud. ¡Cuantas veces habíamos hecho eso cuando eran unos niños!

Cuando eran unos niños yo ganaba siempre, luego por un tiempo estuvimos parejos, pero desde que ellos fueron adolescentes, nunca volví a ganar uno juego. Pero igual siempre lo disfrutamos.

Esta vez no era distinto en cada hoyo ellos me sacaban uno o dos golpes de ventaja. Entonces, por divertirme, decidí hacer un poquito de trampa. En el siguiente hoyo, cuando Jerry iba a hacer un golpe relativamente fácil me puse en su línea de vista y agachándome un poco, dejé que viera profundamente en mi escote. Había pasado la tarde con los senos desnudos delante de ellos, pero verlos por el escote le daba un toque muy sexy.

-Ups- dijo cuando la pelota de golf salió completamente fuera de rumbo.

-Ooohhh, disculpa- le dije -no quería distraerte-

-El estaba sonrojado y no dejaba de verme las tetas-

-No, no te preocupes. No fue nada. Sólo una mosca que me molestó en la cara al momento de golpear la pelota-

Luego fue el turno de Jamie, no en ese mismo hoyo, sino más tarde en el juego. Ya había perdido, pero Jamie estaba ganándole a Jerry por un golpe, justo el error causado por mi antes. Así pues, cuando a Jamie le tocaba golpear, al igual que antes, me puse en su linea de vista, le di la espalda y me agaché un poco, eso hizo que el vestido, bastante corto de por sí, se levantara dejándole ver una considerable porción de mi muslo. Para mejorar el efecto, metí mi mano por detrás y levanté la falda aún más para rascarme la pierna o mejor dicho, la parte baja de la nalga. Considerando que tenía una tanga pequeñita, Jamie tuvo una oportunidad de verme el culo desnudo por unos segundos. Nuevamente, era menos de los que habían visto esta tarde en la piscina, pero considerando el lugar y la situación, era una visión encantadora.

Jamie falló el tiro escandalosamente, pero a diferencia de Jerry, no dijo nada, aunque la cara se le puso también roja.

El resto del juego transcurrió sin mayores sobresaltos, aunque yo continué provocándolos con mi vestido: girando rápido para que la falda se levantara, recostándome de algo con los brazos bajo los pechos para que éstos se subieran más por el escote. En fin, manteniéndolos atentos. Jejeje.

Al terminar de jugar preguntaron:

-¿Qué tal un juego de bowling?- dijo Jamie mientras devolvíamos los palos de golf.

-Me encantaría- les dije -pero la verdad es que con este vestido no podría jugar-

-Bueno, de todas formas es ya un poco tarde, ¿qué tal una cena?-

-Ooohhh, perfecto. Me muero de hambre- dije.

-¿Qué quieres comer?-

-Uds. deciden. Ya saben las reglas del cortejo. Deben impresionarme-

-Muy bien, vamos entonces-

Volvimos a meternos en el carro. Cuando me senté, me di cuenta de que la falda se me había subido un poco y dejaba tanta piel de mis piernas que si no fuese porque las tenía cuidadosamente cerradas, se me verían las pantaletas. Cosa que ellos disfrutaron durante el corto trayecto hasta el restaurante.

La selección del restaurante me sorprendió. Así, como habíamos comido helado y jugado mini-golf, cosas que les gustaba cuando muchachos, suponía que me llevarían a su restaurant favorito: la pizzería DiMarco. Pero no, cuando nos detuvimos fue frente al restaurant francés Pierre, donde un mozo tomó el carro y lo llevó a parquear a algún sitio, no sin antes mirarme las piernas cuando me bajé (bueno, creo que las piernas y algo más, porque me cuesta manejar estos vestidos tan cortos).

Entramos y los muchachos me llevaron a una mesa un poco apartada, lo que me divirtió un mucho. Por supuesto, Jamie me apartó la silla para que me sentara y Jerry esperó a que yo estuviese sentada antes de sentarse ellos ¡qué caballeros!

Pedimos la carta de vinos y se acercó una mesera jovencita para que seleccionáramos lo que queríamos. Yo dejé que ellos pidieran y luego de consultarme qué iba a comer, se decidieron por una botella de Chardonnay californiano de buen precio. La mesera se retiró no sin echarme una profunda mirada en el escote. ¡Estos nuevos tiempos eran tan raros! Lo peor es que no sólo no me molestó, sino que hasta le sonreí.

Al poco rato regresó con la botella y se colocó a mi lado a abrirla. La posición que escogió era a mi izquierda y un poco por detrás, lo que le permitía verme las tetas sin que fuese demasiado evidente. Yo me estaba divirtiendo de lo lindo y disimuladamente halé el vestido un poco hacia abajo para aumentar el escote. Las tetas las tenía tan afuera que por un momento temí que las aureolas se viesen. Ni que decir que los pezones estaban tan duros que dolían.

La chica se puso tan nerviosa que no acertaba a abrir la botella. Finalmente lo logró y me sirvió para que probara. Yo la miré con la mirada más seductora que tenía y le indiqué que era Jamie el que debía probarlo. Ella se sorprendió, pero le pasó la copa a Jamie, que luego de probarlo se la dio a Jerry. Ambos aprobaron el vino y la muchacha nos sirvió las copas. Todos le dimos las gracias, pero ella sólo tenía ojos para mi.

-Raquel ¿le estabas coqueteando a la mesera?- preguntó Jerry con una sonrisa en la cara.

-Si- le respondí para su sorpresa -es una chica tan linda…-

-No sabía que te gustaran las chicas- dijo Jamie con el ceño fruncido.

-No me gustan. O quizás deba decir que pensé que no me gustaban, pero luego de todos los cuentos que me echaron Uds de las chicas “bi”, pienso que a lo mejor…- y dejé arrastrar la frase.

-¿A lo mejor qué?- dijo Jerry.

-¡Que a lo mejor podía ponerlos celosos a Uds! Jajaja- dije sin reconocer que de verdad me había encantado flirtear con la chica.

-¡Y lo lograste!- dijo Jamie sonriendo y tomándome la mano.

-Si ¿verdad?- les dije a ambos.

Jerry también me tomó la mano y yo les lancé un beso a cada uno antes de pedirles que me soltaran para poder brindar.

Brindamos por nosotros, por sus estudios y por este día tan bonito que habíamos pasado… y se acabó el vino de las copas. La mesera se acercó inmediatamente hacia nosotros y nos rellenó las copas, pero esta vez le sonreí de una forma mas neutral, lo que pareció no gustarle. Menos cuando vió como los muchachos me tomaban nuevamente las manos. Seguro que pensaría que era una reunión muy rara.

Luego pedimos la comida. Siendo un restaurant francés sabía que las porciones serían pequeñas, así que me atreví a pedir entrada, una paté de province y un file mignon de segundo. Ellos pidieron también dos platos y pronto empezamos a comer despacio, tocándonos las manos y los brazos continuamente, mientras flirteábamos mutuamente descaradamente.

La botella de vino se acabó y pedimos una segunda, pero no quería que ellos bebieran mucho, uno de los dos tenía que manejar. Propuse echar a suerte quién no bebería, pero ellos se negaron y dejaron de beber los dos, lo que dejo la mayor parte de la botella por mi cuenta, lo que yo lamentaría después.

Terminamos la cena luego de mucho rato en que comimos rico y nos reímos como locos. Yo estaba un poquitín pasada de tragos y me sentía muy contenta y atrevida.

-No se debe ir a la primera cita con un hombre y beber demasiado- les dije.

-Pero no estás con un hombre- dijo Jerry.

-¡Estás con dos!- completó Jamie.

-Peor- dije -a lo mejor deciden aprovecharse de mi-

-Claro que vamos a aprovecharnos de ti- dijo James -¡vamos a dejar que pagues la cuenta!-

-¿Ves? Ya lo sabía yo. Uds. están conmigo sólo por mi fortuna. Seguro que se van a aprovechar de mi debilidad- dije.

-Jajaja-

Cuando terminamos pagué la cuenta, no sin dejar una muy buena propina a la mesera. Aprovechando para echarle una mirada de arriba a abajo con mi mejor cara de deseo, lo que la dejó toda nerviosa.

Luego nos paramos y nos fuimos en busca del carro. Yo iba agarrada a los brazos de cada uno de ellos, muy pegada. Tanto que sentía como mis pechos se restregaban contra sus brazos con cada paso que daba.

Mientras esperábamos que el chico trajera el carro del estacionamiento me volteé hacia Jamie y le dije:

-Jamie. Muchas gracias por una deliciosa cena- y para su sorpresa, le di un corto beso en los labios.

Entonces me volteé y repetí lo mismo con Jerry:

-Jerry. Muchas gracias por esta hermosa velada- y también le di un beso en los labios. El, sin embargo, estaba preparado y me sujetó por la cintura y atrayéndome hacia él hizo que el beso durara un poco más.

Yo lo empujé suavemente y él se apartó, deslizando su lengua por los labios, saboreando el beso.

-No. Gracias a ti mam… Raquel por este día tan lindo- dijo Jerry y cuando iba a acercarse a besarme de nuevo, Jamie me volteó hacia él, halándome y pegando su vientre contra el mío.

-Raquel. Ha sido un placer y un honor que hayas venido a esta cita con nosotros- y cuando iba a besarme, el carro se detuvo a nuestro lado, sacándome del hechizo en que estaba y permitiéndome reaccionar.

-Muy bien- les dije volteándome hacia el carro -creo que mejor nos vamos-

Nos sentamos en el carro y apenas empezamos a rodar, sentí la mano de Jerry (iba manejando Jamie) colocarse en mi muslo desnudo. No le dije nada, pero coloqué mi propia mano sobre la suya de forma tal que no pudiera moverla hacia arriba. Unos instantes después, Jamie hizo lo mismo, con el mismo resultado.

El camino a la casa no era muy largo y aunque ambos intentaron mover sus manos más arriba, no los dejé, presionándoselas levemente para mantenerlas en su puesto.

No es que no deseara que me tocaran. De hecho me moría de ganas de sentir sus manos explorándome toda, de sentir sus besos en mis labios… pero no se podía.

Así pues llegamos a la casa y antes de que fuesen a intentar algo en el carro les propuse que viéramos una película en la sala.

-¿Y no vamos a darnos un besito de despedida por la primera cita?- preguntó Jerry.

-Oh, no. Yo no beso nunca en la primera cita- les dije con la sonrisa más pícara que pude -van a tener que invitarme otra vez si quieren llegar a primera-

-Jajaja-

-¿Y cuántas citas para llegar a segunda?- dijo Jamie.

-Eso lo decidiré después de que lleguemos a primera. Jajaja-

Ellos se resignaron a que no habría mas besos, ni mas tocamientos y entramos en la casa.

 

-Voy a ponerme la pijama para ver cómodamente película- dije dirigiéndome a mi cuarto.

-Buena idea Raquel- contestó Jerry.

-Raquel nada- respondí -la cita con Raquel ya se acabó, ahora soy tu mami otra vez-

-Jajaja. Está bien, mamacita- dijo Jamie riendo.

Cuando llegué a mi cuarto, lo primero que hice fue quitarme el vestido y las pantaletas, que estaban completamente mojadas, e ir al baño a refrescarme. Me lavé la totora para quitarle el olor a sexo que tenía y cuando me iba a quitar el maquillaje, decidí que no. Que quería seguir viéndome linda.

Regresé al cuarto y saqué los shorts… pero entonces pensé que si nos acostábamos como el día de ayer, tendría las piernas desnudas sobre Jamie y era muy peligroso, así que me puse uno pantalones largos de tela muy delgada, pero que me cubrían hasta los pies. Arriba me puse una franela medio escotada. Pensé lo mismo, pero igual me habían visto las tetas ya tantas veces… Me miré en el espejo, me arreglé los pelos un poco y me fui a la sala.

Allí me esperaban mis dos querubines, con sus shorts y sus franelas de dormir… y una copa de vino para mi.

-Mmmm… no sé si voy a tomar más vino- les dije sorbiendo un poco –No debería tomar más, no debo emborracharme, pero está tan sabroso…- pensé.

-¿Quién selecciona la película?- pregunté.

-Yo- dijo Jamie, sentándose en el lado derecho del sofá.

Jerry se sentó en el extremo izquierdo y yo me acosté en el medio, con la cabeza en el muslo izquierdo de Jamie y las piernas sobre las de Jerry.

-Voy a darte un masaje en los pies, mami. ¿Está bien?- preguntó Jerry.

-Ay hijo, qué rico, gracias- respondí -¿Y qué vamos a ver Jamie?-

-Hay una película que quiero ver, la presentaron en el festival de Cannes del año pasado o el antepasado-

-¿Y ganó?- pregunté.

-Bueno, hubo muchas discusiones, porque la película fue considerada un poco pasada-

-¿Muy violenta?-

-No, muy sensual. Hay quien la consideró pornográfica y por eso no la admitieron en el concurso. La presentaron de todas maneras en forma extraordinaria-

-Uhhh, no sé- dije dudando. Lo último que necesitaba era ver una película pornográfica con mis hijos. Con todo lo que habíamos hecho todo el día y cómo nos habíamos acariciado en la cena…

-Bueno- dijo Jamie -la empezamos a ver y si vemos que se pone muy raunchie la quitamos ¿te parece?-

-Muy bien- acepté.

A todas estas Jerry se había apoderado de mis pies y con un pote de crema que había sacado de no se donde, me estaba masajeando los pies de forma maravillosa.

La película empezó e inmediatamente me di cuenta de porqué la habían rechazado. Una pareja se encontraba en una cama y ella estaba acostada con la cabeza en su estómago, tenía el güevo del tipo en la mano y lo masturbaba lentamente. La vulva de ella no se podía ver bien, pero era obvio que la mano de él estaba masturbándola a ella. Los nombres del elenco iban desfilando por la pantalla.

Iba a decirle que parara y cambiara la película, pero me produjo un poco de curiosidad la presentación de la película. ¿Si así empezaba qué vendría después?

Entonces la mano de Jamie se posó sobre mi estómago. Me puse tensa un instante, pero como no la movió hacia mis tetas, no le dije nada. Jerry había terminado con mis pies y ahora me masajeaba las piernas hasta donde el pantalón lo permitía.

La película comenzó (no sin antes mostrar al tipo acabando sobre la pierna de la actriz) y las siguientes escenas fueron más o menos normales. El actor principal interactuaba con una mujer, su esposa aparentemente y que era una mujer distinta a la del inicio, y con su hijo de meses. El bebé lloraba y él lo cargaba.

Cerré un momento los ojos y habían pasado unos minutos, creo. La pareja en la película discutía fuertemente pero no entendía porqué. Jerry seguía con sus masajes. Ahora metía la mano por dentro del pantalón para llegar a mis rodillas.

En la película había aparecido de nuevo la primera mujer que reía y jugaba con el hombre. Entonces entendí que eran escenas distintas en el tiempo. La morena (la que lo había masturbado) era una pareja anterior y la rubia había venido después.

-¿Qué haces?- le pregunté a Jerry que trataba de quitarme el pantalón.

-Para seguir masajeandote la piernas tengo que quitarte esto- dijo señalándome el pantalón.

Yo no estaba segura de dejarle quitarme el pantalón. Tenía puesto un tanga chiquitico, pero…

Jerry me agarró la cintura del pantalón y empezó a tirar hacia abajo, entonces yo levanté el culo y dejé que me lo quitara.

Entonces el lo puso en la mesa a su lado izquierdo y echándose más crema en las manos, empezó a con los muslos.

-MMmmm- pensé. Me encantan sus manos, pero no puedo dejarlo que siga.

Entonces, Jamie levantó su mano izquierda que estaba en mi estómago, se rascó la nariz y de regreso la colocó… en mi teta derecha.

Un corrientazo de placer recorrió mi cuerpo, pero no podía dejar que me acariciara las tetas, así que le tomé la mano y se la moví a mi estómago. El me dejó y se quedó quieto por un rato.

Mis pezones iban a reventar. La caricia de Jamie me había encantado, pero no debía… no debía.

En la película los dos protagonistas hacían el amor deliciosamente. Quizás no fuese pornográfica, pero era lo mismo. Ella estaba abajo con las piernas abiertas y el actor se las estaba cogiendo y la cámara mostraba el güevo entrando y saliendo de ella sin ningún tipo de disimulo.

Jerry había llegado a la parte alta de mis muslos. Yo había abierto un poco los muslos para permitirle que me pusiera crema y me masajeara la cara interna de los muslos, pero sus manos estaban tan cerca de mi vulva… Y entonces él puso su mano derecha sobre mi tanga, con el dedo gordo justo sobre mi clítoris.

Me mordí los labios para no gemir e inmediatamente fui a defender el campo inferior. Así como había hecho con Jamie, le quité la mano y se la baje a la pierna. El tampoco protestó.

Pero Jamie aprovechó que estaba defendiendo la zona sur, para atacar por el norte. Volvió a poner su mano en mi teta derecha y empezó a acariciarme, apretándome el pezón entre su pulgar y el índice, mientras el resto de la mano giraba alrededor de mi teta.

Con mi otra mano, traté de detener a Jamie, pero éste no la quitó de mi teta y… la verdad es que yo no hice demasiado esfuerzo.

Cerré los ojos y lo dejé hacer.

Jerry estaba otra vez con su mano en mi tanga y su dedo gordo hacía círculos sobre mi clítoris.

Entonces Jamie me quitó la mano y agarrándome la mía me la subió más arriba de mi cabeza. Para mi sorpresa, primero toqué algo caliente con la parte de atrás de la mano, pero cuando la volteé me di cuenta que ¡era su güevo!

-¡Oh Dios mío- me dije apretándoselo sin poder contenerme. –Seguramente se lo sacó sin que yo me diera cuenta-

Ya yo había perdido todo el control. Jerry me había agarrado el tanga y lo había movido de lado y mi vulva mojada y ansiosa de caricias estaba abierta a su disposición.

Mientras, Jamie había metido sus manos por debajo de mi blusa y me la había levantado hasta dejar mis tetas al aire y ahora, con toda deliberación y paciencia me acariciaba las dos. Una con cada mano, apretándome los pezones con fuerza o deslizando la punta de los dedos por la aureola o agarrando la teta completa y apretándola hasta producirme un agradable dolor.

Jerry no se quedaba atrás. Sus dedos se deslizaban arriba y abajo por mi vulva que chorreaba de placer. Unas veces me acariciaba únicamente el clítoris con movimientos circulares que me hacían girar las caderas al ritmo de sus movimientos. Otras simplemente deslizaba los dedos desde la entrada del ano, hasta arriba apretando y pellizcando delicadamente. O también me metía dos y hasta tres dedos en la vagina, acariciándome el punto G. Por supuesto que en medio de todo ese maremagnum de placeres, me di cuenta de que su güevo estaba al aire y aproveché para apretarlo entre mis piernas.

Con las manos hacía lo posible por masturbar a Jerry, pero la posición era muy incómoda así que decidí voltearme y poniéndome de rodillas, me agaché para meterme el güevo de Jerry en la boca.

Madre mía ¡qué güevo! Tal como lo había imaginado era más grande que el de mi marido. Primero le pasé la lengua por todos lados y luego me lo metí a la boca. Tuve que abrirla mucho para no hacerle daño con los dientes, pero solo me pude tragar la mitad.

-Ay mami…- gimió Jamie -qué ricooo- acariciándome la cabeza que subía y bajaba tragándole el güevo.

Jerry me quitó las pantaletas y se acomodó atrás de mi cuando de pronto sentí su lengua recorriéndome desde el culo hasta el clítoris. Tuve que sacarme a Jamie de la boca y gritar:

-Aaaaayyyy… perooo queee me haceees-

Era una pregunta retórica porque era obvio que me estaba comiendo la concha ¡y el culo!

Volvía a concentrarme en Jamie y luego de chuparme la punta de su güevo y de recorrerlo con la lengua, me lo volví a meter todo en la boca. Luego tomé aire por la nariz y lo empujé hacia mi garganta. Yo me había tragado a su padre un par de veces, pero hacía tantos años… No pude tragármelo, pero casi. Lo saqué y seguí lamiéndolo mientras jugaba con sus bolas con la mano, esperando que se me pasara el impulso de vomitar.

Jerry seguía de sus anchas allá abajo. Con tres dedos cogiéndome por la vagina y la lengua acariciándome el clítoris, empezó a jugar con mi culito, acariciándome despacio, tratando de que se relajara.

Volví a intentarlo con Jamie y acomodándome mejor para que el ángulo de su güevo en mi garganta fuese más adecuado, volví a probar. Despacio lo coloqué en el fondo de la garganta, luego tomé aire y empujé. Inmediatamente vino el reflejo de vómito, pero lo ignoré y seguí empujando y pronto me encontré con su güevo en mi garganta y mi nariz pegada a su pubis.

-Ooohhhh- gimió Jamie sintiendo como los músculos de mi garganta lo acariciaban.

Pero no aguanté mucho. Jerry se había apoderado de mi clítoris y jugueteaba de una forma tan deliciosa con él que no aguanté más y un poderoso orgasmo explotó en mi vientre.

-AAAAAAAHHHHHH… – grité luego de sacarme a Jamie de la garganta, mientras me estremecía, mi cuerpo temblaba y un chorro de fluidos inundaba las manos y la cara de Jerry.

Por unos instantes, recosté mi cabeza en el regazo de Jamie con su güevo junto a mi cara, mientras los espasmos del orgasmos me hacían estremecer una y otra vez. Cada vez más suaves. Jerry había dejado de acariciarme, esperando que disfrutara mi orgasmo en calma.

Poco a poco fui recuperando mi respiración y me dediqué de nuevo a mis deberes: ¡darle placer a mis dos hombres!

Volví a agarrarle el güevo con la boca a Jamie, pero todavía me faltaba un poco el aire, así que solamente me metí la cabeza en la boca y lo acariciaba con la lengua, mientras lo masturbaba con la otra mano, subiéndola y bajándola a lo largo de su poderosa herramienta.

Y entonces sentí algo raro en mi vulva -¡tiene que ser el güevo de Jerry!- pensé. No tuve tiempo de decidir, porque inmediatamente sentí cómo me penetraba despacio pero sin pausa.

-Ohhh Dios míooo… siiii… méeetemelo….métemelo tooodo- dije.

Y él obedeció inmediatamente ¡y me lo metió todo! –¡Es tan grande!- pensé mientras mi cuerpo se iba iba adaptando a esa vaina que se abría paso en mi vientre. Pronto su cuerpo chocó contra mis nalgas, al tiempo que la punta de su güevo se incrustaba contra la entrada de mi útero.

-Siiii- gemí antes de meterme nuevamente el güevo de Jamie en la boca y seguir masturbándolo.

-Ya estoy cerca… mami… -dijo.

Y yo seguí chupándolo, cómo no iba a dejar que mi hijo acabara en mi boca.

Entonces Jerry también anunció su pronta eyaculación.

-Vengan, hijos míos… lléeenenme con su savia, quieeero sentirlos acaaabar dentro de miii- dije sacándome de la boca a Jamie por un instante.

Yo arrastraba también las palabras porque sentía que un segundo orgasmo se aproximaba.

Jerry comenzó a cogerme con más y más fuerza. Con cada empujón de él, no sólo me metía el güevo más adentro, sino que mi cuerpo se movía hacia adelante y el güevo de Jamie también se metía más y mas adentro en mi boca. Entonces abrí mi garganta y dejé que el güevo entrara y así tenía cada uno de los dos encajados hasta lo más profundo de mi cuerpo.

-¡Yaaaaaa!- gimió Jerry agarrándome por la cadera y empujándo con más fuerza aún mientras sentía como un chorro de semen me bañaba por dentro.

-¡Siiiiii!- le siguió Jamie acabando en mi garganta y llenando mi estómago con su semen.

Eso fue también demasiado para mi y un nuevo orgasmo se apoderó de mi cuerpo. No pude gritar nada porque tenía la garganta ocupada, pero si me estremecí y me pose rígida, añadiendo mis jugos al semen de Jerry, que ya no cabía en mi vientre y que se derramaba por mi vagina.

Entonces me erguí para sacarme a Jamie de la garganta y me volteé, sacándome también a Jerry de abajo, cayendo en el sofá gimiendo por fin:

-AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH-

Cuando por fin pude recuperar la respiración, busqué mi pantaleta, no para ponérmela, sino para tratar de evitar ensuciar el sofá. Me sentía llena de semen por todos lados, pero sobre todo temía que la que me había depositado Jerry fuese a caer en el sofá.

-¿Estás bien, mami?- preguntó Jamie.

-Mejor que nunca, mi amor- le respondí levantándome con la pantaleta entre las piernas.

-Creo que mejor me voy a mi cuarto- les dije -la verdad es que la película no me gusto mucho-

-Bueno- dijo Jerry -creo que ninguno le prestó mucha atención-

Volteé a verla y estaban los tres protagonistas en una cama, desnudos. –Menos mal que no le prestamos atención- pensé.

-Otro día la terminamos de ver- dije alejándome, mientras ellos se acomodaban la ropa.

-Mami- dijo Jamie.

-¿Si hijo?-

-Anoche nos dio miedo dormir solos, ¿será que nos dejas dormir contigo esta noche?-

La sonrisa no me cabía en la cara, no encontraba palabras para proponérselos y ahora ellos lo hacían.

-Claro hijos-

-Como cuando estábamos chiquitos- dijo Jerry.

-Creo que prefiero que lo hagan como estaban hace unos minutos- respondí poniéndome roja, pero al mismo tiempo meneando el culo seductoramente mientras me alejaba. Supongo que el mensaje les llegó fuerte y claro.

Cuando salí del baño, luego de una rápida ducha, ya los dos estaban en mi cama.

-Vaya- dije -pensé que vendrían después-

-No tenemos porqué que perder tiempo- dijo Jerry.

-Llevamos 10 años esperando-

-¿Cómo que llevan 10 años esperando?-

-Claro mami. Pensamos en ti desde que llegamos a la adolescencia-

-Pero…- dije mientras me metía en la cama entre los dos. Completamente desnuda, por supuesto.

-Siempre fuiste nuestra imagen sexual por excelencia-

-Cuando nos masturbábamos lo hacíamos pensando en ti casi siempre-

-Yo no sabía- les dije abrazándolos-

Entonces Jamie acercó su cara y empezó a besarme. Primero con besos suaves, tentándome por la nariz, los ojos, los pómulos… hasta llegar a los labios. Aún allí, primero me besó con delicadeza y luego con más y más insistencia hasta que presionando sus labios contra los míos, me introdujo la lengua en la boca. Con avidez respondí con la mía, acariciándonos mutuamente por toda la boca.

Jerry se había apoderado de mis tetas y me las acariciaba con los labios y las manos en infinita variedad de formas, besándomelas, chupándomelas, apretándomelas.

No hallaba como ponerme, mi cabeza estaba girada hacia Jamie, que  estaba a mi izquierda y mi cuerpo hacia mi derecha, donde estaba Jerry.

Luego de un rato, cambiaron y Jerry subió a mis labios, mientras que Jamie bajó a mi cuchitina, acomodándose boca abajo entre mis piernas y con sus manos agarrándome las caderas.

Jamie empezó a comerme con la misma habilidad con que lo había hecho Jerry antes. Evidentemente Anna y las otras chicas los habían entrenado bien. ¿quién iba a decir que yo terminaría beneficiándome de eso?

Sentí como un nuevo orgasmo comenzaba a formarse en mi vientre y me separé un instante de la boca de Jerry para decirle a Jamie:

-Meeeteeemelooo yaaa, por favooor-

Ya estaba arrastrando las palabras, lo que significaba que estaba cerca.

Jamie se levantó y se arrodilló entre mis piernas. Yo no podía verlos, pero sentía los movimientos de la cama y luego sentí como su güevo se deslizaba arriba y abajo en mi vulva.

-Yaaaa…. meeeteloooo adentroooo-

¡Y me complació!

Lo colocó en la entrada y deliciosamente lo fue metiendo hasta el fondo. La otra vez se lo estaba mamando, por lo que no podía concentrarme en la penetración, pero esta vez la disfruté completica.

Mi vagina se fue abriendo o mejor dicho su güevo me la fue abriendo poco a poco hasta que me llegó al fondo. Y todavía tuve que sentir como lo metía un poco más, deformándome por dentro, hasta que su pelvis chocó contra la mía.

-Aaaaahhhh- gemi contra la boca de Jerry que mientras tanto además de besarme me acariciaba las tetas.

Y entonces empezó a moverse ¡Ay Dios! y cómo lo hacía. Me recordó un martillo neumático de los que rompen la calle. Su cadera subía y bajaba sacándome el güevo para volver a meterlo inmediatamente.

Enseguida exploté:

-AAAAAAAAAHHHHHHH…. SIIIIIII- gritaba con todas mis fuerzas mientas el orgasmo me hacía ponerme rígida y después temblar con espasmos en las piernas.

Ambos se quedaron quietos un tiempo, esperando que me pasara, para inmediatamente empezar a machacarme de nuevo.

Yo no sabía que hacer, mis músculos no me obedecían y aunque quería moverme para disfrutar más (¿se podía disfrutar más?) no acertaba a coordinar.

Entonces explotó Jamie, llenándome de su semen. Lo abracé y crucé mis piernas por su cadera, mientras lu güevo pulsaba dentro de mi derramando su semilla en el fondo de mi cuerpo.

Apenas terminó, se levantó y se apartó para darle paso a Jerry. Yo no supe qué hacer y los dejé que ellos decidieran.

Jamie se colocó otra vez en su lado y Jerry se puso entre mis piernas. Entonces me las agarró y me las dobló hacia arriba, tanto que sentí que las rodillas me llegaban a la orejas. Una vez así doblada me metió el güevo hasta el fondo.

-AAAAAHHHHH- gemí. Realmente me había dolido un poco, pues con el cuerpo como lo tenía, el güevo me llegó a donde nunca había llegado nadie. Creo que casi me perfora por dentro.

Pero en lo que comenzó a moverse, se me olvidó cualquier dolor o incomodidad. Si antes Jamie me había martillado con un martillo neumático, ahora Jerry lo hacía con una mandarria. No hay palabras para describirlo. Sólo puedo decir que un nuevo orgasmo explotó dentro de mi y no tuve ni tiempo ni energía para disfrutarlo debidamente. Mi vida giraba únicamente para simplemente sentir es güevo que me cogía…

Finalmente Jerry explotó también, pero mi orgasmo seguía y seguía y no paró hasta que él se retiró y se recostó a mi otro lado.

Yo no sabía qué hacer. Quería levantarme para asearme, pero mis piernas no funcionaban, ni mi cerebro, ni nada. Entonces sentí que un paño húmedo empezaba a recorrerme por debajo y abriendo un poco los ojos, pude ver a Jamie limpiándome. Eso causó otros dos o tres estremecimientos orgásmicos, pero luego me dormí o me desmayé o lo que sea, pero no supe más de mi hasta el día siguiente.

Me desperté en la mañana con el cuerpo adolorido. –¿Cuantos orgasmos tuve ayer? ¡Dios mío! Nunca en mi vida había tenido tantos- pensé. Con cuidado me levanté y fui al baño a asearme. Tenía las piernas y el culo empatucados de los restos de semen. Me limpié, hice pipí y me cepillé los dientes.

Regresé a la cama y me acosté de nuevo tratando de no despertarlos. Ellos se movieron inquietos, pero no parecieron despertarse, por lo que me adormecí de nuevo.

Yo estaba de lado y con las piernas recogidas cuando desperté de nuevo, sintiendo un güevo duro contra mi culo. Jamie se había acurrucado contra mi espalda, abrazándome pegado contra mi en forma de cuchara. Yo sentía su respiración en mi nuca y aunque yo me estaba empezando a excitar con la sensación de ese güevo duro contra mis nalgas, él parecía seguir dormido.

Pero entonces noté que Jerry estaba de frente a mi con los ojos abiertos. Me miraba con ojos tiernos.

-Buenos días, hermosa- me dijo susurrando para no despertar a su hermano.

-Buenos días, precioso- respondí.

-¿Dormiste bien?- preguntó acariciándome la cara delicadamente.

-Muy bien. Gracias. ¿Y tu?-

-Como un angelito-

-Mmmm… los angelitos no hacen cosas como las que me hiciste anoche-

-¿Quién te dijo que no? Los ángeles también hacen el amor-

-Eso no fue lo que me enseñaron a mi-

-A ver- dijo acercándose hasta besarme delicadamente en la boca -¿te gustó? Entonces es una cosa buena- volvió a besarme. Esta vez un poco más fuerte -Y si es una cosa buena, entonces los ángeles lo pueden hacer-

-¿Y los ángeles lo hacen con… angelinas o como se llamen?-

Sus manos empezaron a acariciarme las tetas y me estaba empezando a costar concentrarme en la conversación.

-Los ángeles no tienen sexo, así que hacen el amor unos con otros sin distinción-

-No sé, me gusta más que tu tengas estas cosas- le dije metiendo la mano y agarrándole el güevo, que estaba duro y caliente -y que me lo metas en mi huequito-

-Tus deseos son órdenes- respondió acomodándose para metérmelo de una vez-

Yo estiré mi pierna izquierda y levanté la derecha, dejándole espacio para que me lo metiera.

-Pero vamos a hacer el amor despacio, con delicadeza…-

No me dejó seguir hablando porque su boca cubrió la mía, al tiempo que su güevo me penetraba despacio.

Mientras Jerry me cogía despacio, tal como le había pedido; Jamie se despertó y metiendo sus manos desde atrás, me agarró las tetas y empezó a acariciármelas.

Luego sentí su güevo toqueteándome por detrás. Entonces separé mi cara de Jerry y volteándo a ver a Jamie le dije: -Y usted se mantiene tranquilito. No pienso dejarle entrar por allí atrás… todavía-

Al rato acabamos Jerry y yo. El orgasmo fue increíble, pero desde luego mucho menos explosivo que los de anoche. Sentía el güevo de Jamie entre mis nalgas, pero al no estar activo, pude disfrutar el orgasmo con toda tranquilidad.

Luego de desayunar, me senté sobre Jamie y le agradecí su paciencia, mientras lo besaba por toda la cara.

-Claro, mami. No faltaba más-

Mientras lo besaba, sentí como su güevo se le ponía duro y sonriendo le dije: -¿Te parece que lo resolvamos ahora mismo?-

-Me encantaría- respondió.

Entonces me levanté de la silla, pasé una pierna por un lado y levantándome el vestido, me senté sobre sus piernas. Luego le agarré el güevo y me lo metí.

-Mmmmm…. muy bien. Aprovechemos mientras tu hermano recoge la mesa-

-No me parece gracioso- dijo Jerry, quien estaba recogiendo la mesa y lavando los platos, mientras me oí gemir y brincar sobre su hermano.

Más tarde nos fuimos a la piscina. Esta vez no tuve problema en dejarme poner protector solar por los muchachos. Estaba completamente desnuda, pero igual ya me había acariciado por todas partes desde anoche. Quizás pasaron demasiado tiempo poniéndome crema en las tetas y el culo, pero yo no era la que iba a protestar.

Ellos estaban también desnudos y al terminar, pude ver que sus herramientas se habían endurecido un poco. No estaban completamente erectos, pero se veía que les había gustado ponerme la crema.

Más tarde, mientras nos bañábamos en la piscina, le solté una sorpresa.

-Recuerdan cuando me hablaban ayer de Anna?-

-Claro, ¿porqué?- respondió Jamie, abrazándome por debajo del agua y restregándome su cuerpo desnudo.

-Es una cosa que me pareció… excitante-

-¿Qué será?- dijo Jerry abrazándome por la espalda y metiéndome el güevo entre las piernas.

-¿Pero bueno?- le dije riendo… y empujándole.

-Jajaja- se rió sumergiéndose en el agua.

-Me refiero a… cuando Uds. me dijeron que una vez se lo hicieron los dos al mismo tiempo- todavía me daba pena decir algunas cosas.

-Pero mami ¡qué bueno! nos encantará hacerlo contigo- dijo Jamie.

-Bueno. No sé. Todavía tenemos que ver cómo me va a ir con una de esos bichos de Uds. metido en mi culito-

-Ay mami, no te preocupes. Lo haremos con mucho cuidado-

-¡Por supuesto que va a ser como mucho cuidado!- dije con cara muy seria.

Entonces ambos me abrazaron al mismo tiempo gritando:

-SANDUCHE!!!!-

Sus duros cuerpos se pegaron al mío, Jamie por delante y Jerry por detrás. Como estábamos en el agua, se habían puesto de forma tal que sus respectivos güevos quedaron por debajo de mi entrepierna, lo que aproveché para apresarlos con mis muslos… mmmm.

-¿Quieres que vayamos adentro?- preguntó Jamie luego de que nos habíamos salido de la piscina y secado con las toallas.

-No- respondí -quiero hacerlo aquí mismo ¿les parece?-

-Por nosotros está bien, pero sería bueno tener una crema para lubricar- dijo Jerry.

-No se preocupen, yo traje- dije abriendo la bolsa una bolsa que tenía a mi lado y sacando una botella de lubricante en base a agua que tenía para los juegos con mis juguetes.

-Ahhhh, muy bien-

Entonces Jamie se sentó en una de las tumbonas, con su güevo parado y me dijo agarrándoselo:

-Si quieres te echas la crema ahora o mejor, siéntate sobre mi estómago dándome la espalda y te pones lo pones en ese momento, al tiempo que me lo pones a mi-

-Muy bien- respondí sentándome sobre él con mi cara hacia sus pies. Su duro güevo quedó entre mis piernas y aproveché para acariciárselo. Nunca me cansaría de hacerlo. Era tan maravillosamente duro y grande.

Al mismo tiempo se me ocurrió que así duro y grande me tenía que entrar por mi culito. Un estremecimiento me recorrió el cuerpo y por un momento dudé. -¿No será una locura? ¿No me hará daño? Y además después Jerry me va a meter el suyo por delante… mmm-

Pero entonces agarré el frasco de lubricante y echándome una generosa porción en la mano, me la restregué por entre las nalgas, metiéndome inclusive un dedo en el ano… como practicando, jejeje.

Luego me volví a echar lubricante en las dos manos y se lo eché a Jamie en el güevo, masturbándolo un poco, deslizando mis dos manos por todo su longitud. La cabeza se le veía roja y grande… mmm… las venas le sobresalían por toda su longitud -Ya quiero tenerlo dentro- pensé.

-¿Y ahora?- pregunté. Aunque tenía una idea, quise saber cómo pensaban ellos que era el próximo paso.

-Bueno, mami- dijo Jamie -puedes deslizarte hacia abajo o puedes apoyar tus piernas en la tumbona y bajar poco a poco. Lo más importante es que tu misma vas a controlar la entrada. Te lo vas a meter a la velocidad que tu decidas-

-Muy bien- dije -creo que es lo mejor-

Entonces apoyé los pies a cada lado de las piernas de Jamie y moví el cuerpo hacia adelante, quedando agachada sobre él, apoyada en mis pies. Entonces le agarré el güevo con la mano derecha, pero me sentía inestable.

-Jerry, por favor ponte a mi lado para sujetarme de ti-

Cuando Jerry se paró a nuestro lado, me apoyé con la mano izquierda en él y entonces sintiéndome más firme, moví la cabeza del güevo de Jamie hasta la entrada de mi culito y me baje hasta que la cabeza empezó a presionarme el ano.

Cogí un poco de aire y me bajé un poco más. La presión sobre mi ano aumentó, pero estaba un poco tensa y el güevo no entraba. Entonces me relajé pensando en que yo quería que él entrase. De alguna forma mi músculo anal respondió y dejó que la cabeza entrase.

-Oooohhhh- gemí, ¡era mucho más grande de lo que me imaginaba!

-¿Te duelo?- preguntó Jerry.

-No, no me duele, es solamente la sensación de que me está abriendo más de lo que me había imaginado-

-Con calma entonces- dijo Jamie.

Esperé unos segundos hasta que la sorpresa pasara y bajé un poco más. El güevo de Jamie, y el de Jerry también claro, eran bastante parejos, es decir, la cabeza y el resto eran más o menos del mismo tamaño, no como algunos que había visto en internet, que eran más gruesos en la base. El caso es que si ya había pasado la cabeza, el resto no sería más difícil.

Así pues, seguí bajando y bajando, metiéndome casi todo el güevo de una vez. Solamente al final sentí como que chocaba con algo dentro, una curvatura de mi intestino o algo así, pero lo ignoré.

-Muévete un poco- le dije a Jamie.

Este empezó a subir y a bajar sus caderas, metiendo y sacando el güevo de mi culo. Al inicio no me gustó mucho la sensación. Inclusive sentí como y estuviera por cagar o algo así, pero poco a poco la sensación desapareció y se fue haciendo más y más agradable.

-Esto está muy rico- les dije -¿será que me estás estimulado el punto G desde atrás?-

-No se- respondió Jamie -pero por mi lado puedo asegurarte que es… mmm… muy rico-

-Ahora te tienes que sentar de nuevo, mami- dijo Jerry.

-Ok- respondí, pero tienes que ayudarme-

-Claro-

Jamie dejó de moverse y yo me eché hacia atrás, hacia su cabeza, hasta que mi culo se apoyó en su abdomen. Luego saqué los pies de abajo y los estiré hacia adelante, quedando sentada sobre él con el güevo profundamente metido en mi culo.

-Coño- dije -lo tengo tan adentro que siento que un poquito más y me va a salir por la boca-

-¿Estás muy incómoda?- preguntó Jerry, que es estaba montando en la tumbona.

-Al contrario. Me encanta- dije sonriendo.

-Echate un poco más hacia atrás- dijo Jamie -inclusive puedes acostarte sobre mi.

Así los hice y quedé acostado sobre Jamie. Lo que él aprovechó para agarrarme las tetas.

-¡Hey! No te he dado permiso de agarrarme las tetas- protesté al tiempo que me estremecía de placer sintiendo cómo él me las estrujaba.

-Es un poco extraño tener que pedirte que me dejes tocarte las tetas, considerando que tengo mi güevo en tu culo, pero… ¿Mami, me dejas tocarte las tetas?-

-Sólo si sigues cogiéndome como lo estabas haciendo hace poco- respondí estremeciéndome de placer nuevamente.

-Bueno, ahora vengo yo mami- dijo Jerry arrodillado entre mis piernas y con su güevo en la mano-

-Claro hijo, ¿qué quieres que hagas?-

-No tienes que hacer nada. Te lo dije para que estuvieras preparada-

-Dale hijo- respondí abriendo más las piernas-

-Jamie, detente un momento para que no haya tanto movimiento-

Inmediatamente Jamie se quedó quieto y enseguida sentí la cabeza del güevo de Jerry apoyándose en la entrada de mi vagina. Entonces comenzó a empujar… ¡pero no había espacio!

-No entra- dije sintiendo como aumentaba la presión.

-Ya va- dijo Jerry -tienes la zona un poco “congestionada”, jajaja-

Pero entonces surgió espacio de algún lado y mi vagina se abrió lo suficiente para dejarlo pasar.

-Oooooohhhhhh- gemí cuando sentí como me abría.

En un único empujón, Jerry me metió el güevo hasta el fondo.

Yo sentí como mi cuerpo hacia un esfuerzo para dilatarse y dejarlo pasar.

-Nunca había estado tan… abierta y… tan llena- pensé.

-Ay Dios… me están matando…- dije.

-¿Estás incómoda?- preguntó Jerry que se había quedado quieto esperando a que me acostumbrara a la llenura-

-No… si… claro que estoy incómoda, pero una incomodidad… divina- respondí.

Entonces sentí como Jamie se empezaba a mover un poco. No mucho porque creo que no tenía mucho espacio. Luego fue Jerry que empezó a moverse también.

Al principio fue un poco extraño, pero luego me di cuenta de que se estaban acoplando. Cuando Jamie salía, Jerry entraba y viceversa.

-Oooohhhh…- gemí -estooo estaaa ponieeendosee muy ricoo-

-Así es mami- dijeron los dos.

-¿Te gusta?- preguntó Jamie mientras me pellizcaba duro los pezones.

-AAAAAaaaaahhhh… siiii-

Pasaron varios minutos y el placer siguió creciendo y creciendo. No estaba segura de si iba a acabar o no. Eran demasiadas cosas nuevas y mi posición era tan precaria que no me dejaba concentrarme en mi placer. Pero entonces Jerry me agarró las piernas y las sujetó por las rodillas. Eso disminuyó la profundidad de la penetración de Jamie, pero yo me sentí más cómoda y pude concentrarme mejor.

-Aaayyy… creoooo queee voooy a acabaaar prooontooo- dije.

-Yo tambieeeén maaaami- dijo Jamie.

Jerry no dijo nada, pero redobló sus esfuerzos y en cada arremetida sentía como sus caderas chocaban con las mías al tiempo que el güevo me llegaba hasta el fondo de mi vientre.

Jamie también podía maniobrar mejor y su güevo salía y entraba en mi culo profundamente, revolviéndome deliciosamente las tripas.

Pasaron más y más minutos y el placer del orgasmo no llegaba, pero por experiencia, sabía que contra más tardaba, más duro llegaba. Así pues que me preparé para una explosión que me haría volar los sentidos.

Mi vientre se retorcía cada vez que uno de los dos güevos llegaba hasta el fondo para luego prepararse para la siguiente embestida, una vez en un lado y luego el otro. Un lado y luego el otro y el otro y el otro.

De pronto exploté:

-AAAAAAAYYYYYYYYY MEEEE VOOOOYYYY-

No sólo los vecinos deben haberme oído, sino inclusive en la otra parte de la ciudad. Mi cuerpo se puso rígido y todos mis músculos se tensaron, tanto que ellos no pudieron moverse por unos segundo.

Y yo pude ni respirar ni ver no sentir nada por varios segundos o minutos o horas… cuando recuperé los sentidos, ya no tenía a ninguno de los muchachos dentro de mi. Sentía como tanto mi vulva como mi ano palpitaban y dejaban salir el semen que habían derramado dentro de mi unos momentos antes, pero que yo no recordaba.

-¿Estas bien mami?- preguntó Jamie, besándome dulcemente por mi lado derecho. Por mi lado izquierdo estaba Jerry besándome también dulcemente.

-No se- contesté con voz débil -creo que me morí y estoy en el cielo…-

Cuando llegó la hora de llevarlos al aeropuerto, me di cuenta de que no podía moverme. Tenía, tanto mi culito, como mi vulva tan irritada que no podía caminar, así que decidimos pedir un taxi.

Ellos no estaban muy bien tampoco. Después de la piscina, habíamos hecho el amor una vez más, pero en la comodidad de la cama y con mucho cuidado, pero para ellos había sido una cogida más, para mí cada vez eran ¡dos!

 

Esa noche dormí como los ángeles. A pesar de la irritación estaba tan cansada que me quedé dormida a las 9 de la noche y sólo me desperté para ir al trabajo a las 7 de la mañana. Trabajo al que no fui para darme tiempo de recuperarme, mientras planificaba las próximas vacaciones de mis bebecitos.

Agosto de 2018