Una escapada loca y sexual, un fin de semana sin niños y en un motel donde mi mujer pasa a ser mi esclava

-Vale cariño, tú ganas. -me dijo Carla-. Este finde seré tu esclava. Tu dime la palabra mágica, y yo lo haré. Sólo pronúncia «hazlo». Será divertido. 

    -¿Estás segura?

    -Definitivamente sí. 

     Supongo que ya nos conoceis de otras fantasias o relatos. Me llamo Jorge, y tengo 40 años. Ya peino algunas canas, media barba, pelo corto. Físicamente alto, fuerte, sin ser un guaperas, la madurez no me está sentando mal. Mi preciosa Carla está en 36, y pese a haber sido la madre de nuestros dos hijos, conserva un físico, para mi, espectacular. Es bajita, muy, muy guapa de cara con el pelo largo, castaño teñido con mechas rubias. Es imposible no perderse en su mirada, tiene cara de niña, muchas veces se lo digo, parece diez años más joven. No está delgada, pero no está gorda. Es de estas mujeres muy bien compensadas: buenos pechos (una 95), buen culo, piernas esbeltas…. cuando se viste atractiva, no hay quién se le resista. 

     La conversación anterior venía a que nos ibamos a escapar de fin de semana, a un hotel, solos sin los niños. Y nuestras mentes calenturientas ya actuaban. Porque si yo me considero un hombre caliente, imaginativo, y al que le gusta experimentar… Carla no se queda atrás. Tal vez por eso llevamos casados ya quince años, y el sexo sigue siendo maravilloso entre nosotros. Y para hacer el finde más «interesante»… como coincidía con que iba a ser pronto mi aniversario… pués aceptó mi petición. 

     Así, dejamos a los niños y nos fuimos para casa a recojer las maletas. 

      -Cariño -le dije- ponte la ropa que hay encima de la cama.  H A Z L O.

     La escuché reir.. -Jajaja, ¿Ya vas a empezar?

      Y a los cinco minutos bajó de la habitación. Una faldita corta, muy por encima de las rodillas y ceñidita, de color marrón claro. Un jersey fino, negro, a través del cual, a la luz, adiviné sus preciosas tetas, pués se marcaban perfectamente sus pezones. Un zapato de cuña, alto, que provocaba que sus piernas se vieran preciosas, y realzaba su culo a través de la faldita ceñida…. Joder, la recuerdo hoy todavía y me pongo a mil.

      -¿Seguro que quieres que salga así?

       Sonreí, mientras la polla se me había puesto ya morcillona, y la besé con pasión. Le susurré al oido: -hazlo.

       Nos montamos al coche, y fuimos para el hotel. Ya cerca del hotel, me paré a un lado. Mi mujer me miró sin comprender.

       -Cariño, ¿ves ese muchacho que viene hacia nosotros por la acera?

       – Si….

       – Pués pregúntale dónde está el hotel. Subete un poco la falda… y haz como que no te enteras muy bien. Deja que disfrute de tus encantos mientras te explica. 

       Carla me sonrió, la noté algo nerviosa….

         -Hazlo, amor.

         Le bajé la ventana de su lado. Ella levantó el brazo. El muchacho se paró a unos metros.

         -Perdona… ¿el hotel  xxxxxxx?

         – Ah, sí – dijo el muchacho, empezando a darle indicaciones, pero sin acercarse a la ventana. Cojí un mapa de la guantera, no se iba a escapar….

          -¿Puedes indicarnos? -le dije señalando el mapa, poniéndolo enfrente de mi esposa. El muchacho no tuvo más remedio que acercarse a la ventana. Apoyó sus manos en la ventana, y asomó la cabeza mirando al mapa. Vió algo más que el mapa, Mi mujer se echó atrás para dejarle espacio, y vi como sus ojos iban del mapa, a las piernas de Carla (pensar que no llevaba bragas, y no sabía si con lo arremangada que la tenía el muchacho podía verle el coñito depilado… me puso a mil, noté como empezaba a empalmarme…). Sus ojos fueron del mapa, a las tetas de Carla (perfectamente visibles a través del jersey). El muchacho resultó un poco cortado, pues volvió al mapa y señalando un punto dijo – Aquí.  

           -Gracias, le dije. 

          Un nuevo repaso a mi mujer, y supongo que le salió del alma un: -joder…

           Me alejé hacia el hotel. Llevé la mano de Carla a mi paquete, que estaba practicamente duro. 

           -MMmmmmmmmm… -dijo- parece que te gustó el repaso que me dió.

           -A juzgar por como están tus pezones, a ti también…. será un finde divertido.

          Llegamos al hotel, en recepción nos atendió una muchacha, pero debo reconocer que me encantaba, cada mirada masculina que recaía en las tetas de mi señora, o en su culo, me notaba un chispazo en la polla. Ya en la habitación, no podía más. 

            -Ven aquí -le dije. La tumbé en la cama, empecé a comerle las tetas por encima de la ropa, no tardé en tenerlas fuera. Chupé, lamí, mordí sus pezones…. le tenía muchas ganas. Ella gemía, también estaba deseosa de mí. Sin quitarle la falda, la penetré, fue un polvo salvaje, rápido, la calentura de la experiencia en el coche y todo lo demás nos habían puesto a mil.  Cuando acabamos, exhaustos, en la cama, quedamos medio adormilados.

            Nos desperezamos un buen rato más tarde, y le dije el plan a mi mujer.

            -Ahora, esclava mía.. -la besé- te vas a dar una duchita, y te prepararé tu ropita. Vamos a ir a cenar y bailotear, que sé que te gusta. 

            -Me parece genial… -dijo- ¿no te duchas conmigo?…

            -Luego vengo.

            Le preparé, encima de la cama, un vestido que después os contaré como le quedaba. Además un tanguita, negro, sin sostén. Y unas medias negras con liga. Cogí un juguetito de la maleta (una polla de goma que a veces usamos para jugar en la cama). Me fuí para la ducha. La encontré bajo la ducha, el agua corriendo sobre su precioso cuerpo desnudo. 

             -¿A dónde vas con eso? -dijo riéndose-

            -Carla, amor, apaga el agua. Arrodillate. Hazlo. 

             Ella obedeció. Me acerqué, me puse a un lado y le puse la polla de goma en el otro lado.

             -Ahora, comeme la polla a mi, pero también a mi amigo. Hazlo.

             Me miró con cara de vicio y obedeció. Posó una mano en mi polla, ya morcillona, y la otra en la polla de goma. Empezó por llevarse a la boca la de goma. No lo pude evitar. Imaginarla con una polla que no es la mía en la boca, me pone a mil. Me puse durísimo del momento. Ella intercambió, y empezó a chuparme a mi. Que rico mama la polla mi mujercita. Succiona rico los huevos, pasa la lengua por todo el tronco, se la mete entera y chupa y chupa…. buffff….. Carlo se tomó al pie de la letra mis instrucciones, y fue alternando de una polla a otra. 

             -A cuatro patas, zorra. Hazlo.

            Me coloqué tras suya, y fui directo con mi lengua a comerle el coñito. Mmmmm que rico sabía. Mi lengua jugaba loca en su clitorís, la notaba muy, muy húmeda. Carla gemía con gusto, le estaba gustando. Me tumbé, y dejé que se colocara encima mía. Seguimos con el 69. Carla jugaba con mi polla mientras yo seguía comiendo rico su coñito. Cogí la polla de goma, y se la metí. Carla dio un suspiro. Empecé a follarla, mientras mi lengua recorría rápido cada centímetro de su clitoris. Ella me agarraba la polla con fuerza. Se íba a correr. Y vaya si se corrío, a juzgar por sus espasmos fue un orgasmo muy bueno.  La noté rendida, como se suele quedar tras una buena corrida.  Me levanté, estaba a punto.  Empecé a pajearme, mientras le ordené:

             -Cógete las tetas, saca tu lengua…. ¿quieres mi leche?

             -Siiiiii, dame tu leche -me miró con cara de viciosa. No pude más, derramé mi corrida en su cara, en sus tetas, en su lengua. Quedé exhausto. Se levantó, nos besamos, nos duchamos juntos entre besos y caricias.

              Al rato yo ya estaba vestido, y le dije que la esperaba en el bar del hotel. Fui a tomarme una caña, Apareció al cabo de un rato, Espectacular.  Zapatos negros, de tacón alto. Andaba contoneandose, recibió más de una mirada de clientes del bar. El vestido, al ser negro, no trasparentaba sus tetas pero si que dejaba adivinar sus pezones. La espalda al aire. Y el culo marcado, espectacular.  No iba tan corta como antes, pero si que le llegaba por encima de las rodillas. Llegó a mi lado y se tomó una shandy. 

              -Estas preciosa -la besé- 

             Fuimos a cenar a un lugar romántico, cerca del mar. La cena anduvo normal, entre risas, charlas, unas buenas gambas y un buen vino. Carla estaba preciosa, le sienta muy bien estar follada, bien follada. Ya terminando la cena, cuando disfrutaba de un mousse de chocolate, me sonrió picarona:

               -Bueno, ¿ya no vas a ordenarme nada más, mi amo?

              -Mmmmmm… ¿quieres más guerra? No te pienses que ya he acabado contigo, esto solo es el principio… -me quedé pensando un rato- estate tranquila, ya te ordenaré….

              Al acabar de cenar, ya era algo tarde.  Fuimos a un local de baile, que me habian recomendado.  Al entrar, no estaba muy concurrido. Fuimos a la barra y nos pedimos unas copas.  Seguimos charlando, besandonos, pasándolo bien.  Yo no soy de bailar mucho, pero a Carla se le dá fenomenal. Salió a fumar, yo la esperé en el sitio, empezaba a haber más gente y no quería perderlo, estabamos cerca de la pista de baile pero sentados en la barra. Pedí las segundas copas. Al volver, venía sonriendo:

             -¿Que pasó? -le pregunté-

            -Naaaada -me sonreía picarona- no te lo cuento que te pondrás celoso.

             Sus ojos empezaban a notarse achispados, Carla no acostumbra a beber mucho. 

             -¿Celoso yo? Anda tonta cuéntame, ¿que no me conoces?

              Y me conocía, lo que pasaba era que le gustaba hacerse de rogar…

              -Pués que fuera me han dicho que soy muy guapa.

              -No te han dicho ninguna mentira -le dije mientras la atraía hacia mi y la besaba- Anda, no me hagas sufrir y cuentamelo todo.

              -Nada, he salido, y un muchacho muy majo me ha dado fuego, sin que yo se lo pidiera… que si toma fuego encanto, que hace una chica tan guapa como tu por aqui, que si vienes sola…. con su acento latino….

               -¿Es guapo o que?

               -Un yougurín, jajajaja…. anda mira es este…

               Pasó a nuestro lado un chaval más joven, que no reparó en nosotros… sobre los treinta, tez morena, ojos verdes, muy atractivo.. vestido con camisa blanca y pantalon de lino pirata del mismo color.  

                -Mira la tonta… -le sonreí a Carla y volví a besarla. Seguimos bebiendo nuestra segunda copa. Notaba a Carla con ganas de mover el esqueleto. En la pista, muchas parejas bailaban al ritmo de salsas, merengues, bachatas… El muchacho que «aduló» a mi mujercita se movía muy bien, ara lo veía con una, ara con otra. 

                -Carla, cariño, ¿porque no vas a bailar con el muchacho de antes?

                 Mi mujer me miró a los ojos, con sus ojillos achispados y media sonrisita…

                 -¿Estás seguro…?

                -Hazlo. Te ordeno que le enseñes lo que es bailar de verdad. Te ordeno que lo calientes. Hazlo.

                 Para mi sorpresa, se fue directa hacia la pista. Empezó a moverse, sensual, sugerente como sólo ella sabe. Pronto más de uno se le acercó, buscando bailar con ella. Pero ella los iba rechazando sutilmente. Su objetivo estaba claro, y fue el muchacho quién, enseguida que la vió, volvió a la pista y se le acercó. Yo desde mi posición, disfrutaba como un «voyeur». El muchacho le dijo algo a la oreja, Carla sonrió. Empezarón a bailar. El muchacho se movía bien, la llevaba. Ella se movia fenomenal. Sonó una bachata, sonó una salsa. Yo veía a mi preciosa mujer cada vez más contenta. El muchacho la miraba a los ojos, le sonreía. Ella también. Sus cuerpos se acercaban, se separaban. Supongo que el debió notar que mi preciosa mujer no llevaba sostén. Noté un chispazo en la polla. No eran celos, me estaba excitando. De repente, no se que música sonaba pero Carla se volteó sobre si misma. Ahora, le daba la espalda al muchacho, y este se contoneaba pegado a la espalda de mi mujer. Imaginé su polla, apoyada en el culo de mi queria esposa. Me estaba empalmando. El corazón me iba a mil. Los brazos del muchacho rodearon a Carla por la cintura, por debajo de sus pechos, siguiendo el vaivén de la música. Carla rodeó con su brazo izquierdo, levantándolo, el cuello del chaval. El chaval apoyó la cara en su cuello…. ¿le estaba besando el cuello? Juraría que si. Se miraron de frente otra vez. La música acabó, se quedaron pegados, de frente. El muchacho acercó sus labios a los de mi mujer. Ella se soltó, se fué en otra dirección. Vi que se dirigia al servicio. El muchacho, contrariado, se fue con sus amigos. Al rato Carla volvió a mi lado, y dio un largo sorbo a su copa.

                 -¿Que te ha parecido?

                  La besé, y le llevé la mano a mi paquete, todavía morcillón…

                   -¿A ti que te parece?

                 -¡Que tio! ¿Quieres que pare?

                  La miré a los ojos

                   -¿Tú quieres parar?

                   -Joder, cariño, me he puesto muy cachonda. Pero tengo miedo. El chaval es muy guapo y, si lo he calentado yo a él, más me ha calentado él a mi.

                   Fue oir sus palabras, y excitarme de nuevo.

                   -Ves a buscarlo y traelo aqui conmigo. -Carla me miró extrañada- Hazlo.

                    Todavía recordaba la palabra mágica. No discutió. Al rato apareció, con el muchacho cogido de la mano.

                    -Que tal chaval -me presenté- soy Jorge. 

                     -Encantado, soy David.

                     -¿Te gusta como baila mi mujer?

                     -Siiii, señor, tienes una mujer fenomenal.

                     -¿Te gusta mi mujer, muchacho?

                     -Yo, este… -le noté algo incomodo

                     -No te preocupes, muchacho. No busco problemas, al contrario. Contestame.

                      -Pues la verdad que si, Carla se ve muy linda, -dijo mientras le sonreía-

                      -¿Te gustaría vernos follar, muchacho?

                      -¿Como dice?

                      -He sido claro, que si te gustaria vernos follar, ver como folla mi mujercita.

                       -Bueno….mmmmm… si claro, estaría genial.

                      -Bien, pues te invito a un trago, y nos vamos. 

                       Carla estaba de piedra. Vi en su mirada una mezcla de verguenza y estupefacción. El muchacho se pidió una copa y yo me acerqué a mi mujer a decirle al oido:

                       – Cariño, este yougurín nos acompañará al hotel. Te voy a vendar los ojos, y te voy a follar.  Y si me lo pides, el participará. Sólo si me lo pides. Si no, solo mirará. H A Z L O.

                       Carla me besó con pasión. -Me tienes cachondísima, estas loco.

                       Al rato, llegabamos a la habitación. Tanto David como Carla estaban algo cortados. Yo quise llevar las riendas. Cogí la venda negra que usamos en nuestros juegos eróticos, y le tapé los ojos a mi mujer. Dispuse una silla al lado de la cama, dónde le pedí a David que se sentara.  Me olvidé de el. Me dirigí a mi querida mujer, me puse detrás, y le besé en la nuca suavemente… noté como se le erizaba el vello. 

                       -Tranquila, imagina que solo estamos tu y yo. chsssss……

                       La besé de nuevo en el cuello. Deslicé su vestido lentamente, hacia abajo, mientras mis labios acariciaban su espalda. Carla tuvo el instinto de taparse los pechos. Con mis manos, aparté las suyas, mientras mis labios buscaban los suyos y la besaba. Allí estaba mi mujercita, en tanga y tacones, preciosa. Abarqué sus preciosas tetas con mis manos, y miré hacia nuestro invitado, que no perdia detalle y se tocaba el paquete por encima del pantalón. Fui a lo mío. Cogí a Carla y me la llevé a la cama. Empecé a besarla por todo, en la boca con pasión, recorriendo luego con mi lengua su cuello, sus tetas, su ombligo. Mientras le bajaba el tanga, notaba su excitación. Mis besos se centraron en sus muslos, ella se abrió para mi, y no tardé en saborear su sexo, su rico coñito. A juzgar por sus jugos, estaba bien excitada. Carla suspiraba al ritmo de mi lengua, sus pezones se tornaron duros como piedras. Sus manos se agarraban a las sabanas mientras yo seguía comiendo. Al rato, me puse protección y me subí encima de ella. La penetré con furia. Estaba cachondísima, lo notaba….

                       -¿Disfrutas, zorrita mia?

                       -Oh, si, si, si, si….

                       -Joder, que rica estás, que buena…. -le decía mientras aceleraba mis embestidas. 

                        Al rato me salí, y me tumbé en la cama. No sin antes mirar a David, del cual me había olvidado por un momento, Estaba ya desnudo, con la polla en la mano disfrutando del espectáculo. 

                       -Fóllame. Hazlo. -le ordené.

                       Carla se subió encima mía, y empezó a moverse. Notaba su coñito atrapando una y otra vez mi polla dura. Sus tetas botaban al ritmo de su vaivén. Levanté la cabeza, empecé a comermelas al ritmo de la follada.

                      -Joder, que rico follais -la voz de David izo que Carla parara un momento. Seguía con los ojos vendados, pensé que tal vez se había olvidado de él. Para mi sorpresa, Carla se giró hacia dónde escuchó la voz, y sonrió.  Siguió moviéndose. Su cara seguía girada hacia David. 

                        Se tumbo y se acercó a mi oreja… -¿que hace? me preguntó

                        -Que va a hacer… -le respondí agarrandola fuerte del culo y ensartándole toda mi polla una, y otra, y otra vez… provocando que gimiera – se está pajeando, esta desnudo pajeándose. Si quieres que se acerque, lo dices…

                       -Oh, si, si… -Carla gozaba- ¿no te importa?

                        Su respuesta hizo que parara. Joder, iba a ocurrir algo que podía marcar nuestra vida para siempre. Pero habíamos fantaseado mucho con ello. 

                        -No… joder…. me pone cariño.

                        -Acercate. -dijo girándose a David-

                         -¿Te quito la venda?

                         -No.

                          Carla empezó a moverse de nuevo, llevando el ritmo sentada en mi polla, apoyando sus manos en mi pecho. David se acercó a la cama, con su polla en la mano.  Me miró, como pidiendo permiso. Yo asentí. El muchacho se subió a la cama, y tocándole un hombro a Carlo le dijo:

                          -Estoy aqui.

                          Carla palpó, y su mano llegó a las piernas de David. Subió hasta que abarcó su polla. Empezó a pajearlo, y lo invitó con la boca a acercarse… un simple pasito de David, y mi mujer empezó a lamerle la polla. Allí estaba mi querida Carla, chupandosela a un extraño mientras me follaba. Y para mi sorpresa, no sentí celos, sino más bien todo lo contrario, una excitación enorme. La imagén me encantó, David advirtió a Carla:

                           -Joder, me voy a correr…..

                          Carla se apartó, y de la polla de David empezarón a salir borbotones de leche que cayeron sobre el pecho, la mano, y el cuello de Carla. Ella empezó a moverse rápido, y nos corrimos practicamente a la par….

                            -Oh, si si, jodeeeeer

                           -Siiiiiiiiiiiii

                           Fue glorioso. Carla cayó de espaldas, exhausta y con una sonrisa dibujada en su cara.  David me miró, yo le di a entender que hasta ahí ibamos a llegar. El muchacho se vistió, y se marchó.  Yo me quedé contemplando a mi mujer, con la corrida de otro en sus tetas, habiendosela chupado a otro por primera vez en muchos años.  Y me gustó.