Obligada a participar en una reunión de la empresa, caliento la polla de un compañero

Cuando ya llevaban unos veinte minutos de reunión y aprovechando una breve pausa en la tediosa e interminable exposición de su jefe, se disculpó un segundo y aprovechó para ir al lavabo. A nadie le pareció extraño. Alguno incluso sintió envidia y se habría cambiado por ella con tal de salir de allí cinco minutos.

Se encerró en el water y se quitó las bragas de inmediato. Las dobló como pudo y las metió en un pequeño bolsito junto con al agua. Pegó una buena meada y se limpió con el papel higiénico pasándoselo bien por todo aquel chocho húmedo. Tiró de la cadena y al poco volvió a la sala de reuniones igual de aburrida que antes pero bastante más cachonda. Al entrar todos la miraron pero nadie se percató de que debajo de aquel cortito vestido estaba aquel coño caliente y juguetón sin bragas que lo ocultasen. Su jefe seguía hablando sin parar. Ella, sentada en una silla frente a su compañero, cambió de postura cruzando las piernas y fue entonces, cuando el compañero vió su coño al descubierto. Él dudó un momento de si lo que había visto era su coño o unas bragas oscuras. ¡Pero no! ¡Aquella guarra no llevaba bragas! ¡En mitad de la reunión aquella pedazo de guarra estaba sin bragas! Su compañero dejó de inmediato de escuchar lo que se decía y no podía pensar en otra cosa que no fuese en aquel chochazo que acababa de ver. La polla se le puso dura de inmediato y no sabía cómo disimular aquel bulto que crecía. El resto de compañeros no estaba tan bien colocados y no pudieron apreciar aquel coño caliente que parecía llamarlo debajo de aquel minivestido. Él podía disfrutar de aquella imagen en primerísima fila. No le quitaba ojo esperando que su compañera le volviese a regalar de nuevo aquella jugosa visión. Ya había visto en alguna otra ocasión a su compañera con algún vestido muy ceñido marcándolo todo. Paseando su cuerpazo por la oficina. Pensó entonces en lo buena que estaba. Dejando entrever a través de la tela incluso las bragas. Pero esta vez, la muy puta, había ido bastante más lejos. Estaba allí en medio, plantada entre todos, ¡sin bragas! Al rato, la muy cerda volvió a hacerlo. Volvió a separar las piernas dejándole ver todo su felpudo al descubierto. Ella seguía el ritmo de la reunión como si no fuera con ella. Con una carita de no saber qué pasaba. ¡Y vaya que si lo sabía! Le estaba calentando bien la polla la muy guarra. Nunca se imaginó que pudiera pasarle algo así en el trabajo y menos viniendo de ella. ¡Menuda pedazo de guarra!

-¡Cómo me la follaba ahora mismo! – pensó.

Él le buscaba la mirada pero ella le rehuía a propósito mientras con su mano derecha mordisqueaba un bolígrafo sacando su lengüecita caliente y húmeda. De pronto, con la otra mano, empezó a subirse el vestido dejando ver todo su muslamen. Estaba bien buena. El compañero rezaba para que no dejará de subir aquel vestidito y volver a ver aquel precioso coño pero la muy guarra pegó un tirón del vestido y se lo bajó. ¡Menuda guarra! Cómo estaba jugando con él.

Sonreía, sabiendo perfectamente que él no apartaría la mirada ni un segundo de ella.

Como premio a su insistencia, volvió a cruzar las piernas y le enseñó todo el coño pero ahora bien despacito para que pudiera recrearse. Ahora sí, ella también estaba disfrutando. Estaba mojada. Se sentía deseada por aquella polla. Y eso le gustaba. Le encantaba pensar que aquel tio quisiera follársela allí mismo. Delante del imbécil de su jefe.

Pero no era más que un juego. Un juego para calentarle bien la polla a su compañero. Para ponérsela bien dura como hacía meses que no se la ponía nadie.

La reunión tocaba a su fin y a aquellos dos les había ya bajado el calentón. Ella recogió rápida, pasó por al lado de su compañero y le susurró al oído:

-No te levantes aún que se te nota mucho.

Él se puso rojo y sacó una agenda e hizo como que repasaba algunas notas.

-¡Qué zorra!- pensó. Cómo lo estaba disfrutando.