Nunca pudo pensar en otra cosa que no sea sexo, pero esta vez se cumplió su sueño de estar con otra mujer, de hacer algo que nunca había hecho

Íngrid tarareo con un tono bribón, tomando en sus manos el abrigo que le extendía uno de los camareros del lugar; se encontraban en el recibidor de un nuevo restaurante en la ciudad.

Mar sonrió con algo de cansancio repitiendo el mismo gesto de su amiga tomando su abrigo para colocárselo. Le convenció aquella noche para tomar algunas copas, sentarse a charlar sobre todo y de nada. Su pintoresca amiga, insistió al punto de tener medida cada una de las respuestas u objeciones que llegara a tener, a cada una que salía de los labios de la castaña ya le tenía una réplica. La más grande fue sus hijos y el hecho de que Alfonso ni siquiera se encontraba en la ciudad, ese pensamiento no dejaba de provocarle cierto resentimiento.

-“deja que disfruten de sus abuelos por una noche”- replico Íngrid triunfante. Ciertamente sus suegros siempre hablaban de los mucho que les gustaría pasar más tiempo con ellos y al no estar Al, lo sintió como una especie de derecho o premio bien merecido.

Ya aceptado el compromiso, solo estuvo unas dos horas encerrada en su vestier pensando y meditando cual vestido sería el mejor para la ocasión. En un principio escogió un vestido negro sencillo sin pretensiones, un mensaje de su amiga le hizo cambiar de elección. Le había comunicado –decisión de última hora- que invitaría a la antigua “pandilla”. No le hacía gracia reencontrarse con el grupo de mujeres pero en el fondo tampoco le molestaba. Igual se encontró sentada en el mueble del vestier mirando todo su guarda ropa ¿Qué impresión quería dar? no quería darles la idea de equivocada (o no tan equivocada, según sus propias conclusiones) que se había vuelto una madre que no sabía divertirse.

Termino por colocarse un sobrio vestido de color bronce, resaltando el tono de su piel; algo de maquillaje oscuro en sus ojos, sin toques dramáticos. A pasos seguros con el sonido de los tacones se montó en su coche, antes de encenderlo reviso su móvil. No había señales de Al y ni de la chica de piel canela. Gruño irritada lanzando el pequeño aparato al asiento del copiloto.

Cuando llego al local se encontró con un par de la pandilla esperando. Las ubicaron en un lugar en la barra, estos minutos se le hicieron interminables y para su infortunio, Ingrid como era su costumbre, fue la última en llegar. Las llevaron a la terraza del restaurante, proporcionándoles una vista extensa de esa parte tan luminosa y concurrida de la ciudad. Una vez tomado los asientos, el primer acto oficial de este grupo de mujeres fue sacar sus encendedores y darle fuego a algunos cigarrillos, produciendo los primeros comentarios desinhibidos. Dos camareros se habían quedado cerca de ellas, uno en particular tenía los ojos llorosos, debía ser producto del humo.

-“yo los deje con la niñera” “mi hermana parece más su madre que yo” “¿es normal que sienta que amo a la niñera?”- el ultimo comentario había provocado un efectivo domino de risas por toda la mesa, ya llevaban la cuarta rondas de copas de vino. La abogada también se unió al concierto de risas, aunque ella la llevo a otros pensamientos. Y como si por estocada final del destino fuera, el momento cumbre de aquella velada vino acompañado de más vino.

-el muy imbécil cree que no sé qué me engaña…- todo el grupo se había girado automáticamente hacia quien había pronunciado esa frase vetada; provoco miradas sorprendidas, indignadas y otras con cierta burla, en ese instante Margot sintió simple asco. Una se atrevió a preguntar ¿eso no le molestaba? La aludida sonrió con confianza sintiéndose en ese momento líder. La castaña clara sonrió en consonancia con ella, no porque estuviera de acuerdo con lo que iba decir, nada más lejos de la verdad. Se había preocupado por la imagen que daría y a pesar del tiempo parecía que aún eran ese grupo de estudiantes que fingían saber a dónde iban su vidas –tengo unos quince años de casada…ahora solo me interesa que sus ronquidos se acaben, tenemos cita con el doctor el próximo lunes- un par de risas no se hicieron esperar.

-señoritas- hablo por encima de la risas Íngrid, la abogada noto como la comisura de los labios de su amiga se tornaba en una mueca. Tal vez ya no se veían con la misma frecuencia pero la conocía bien, en el fondo la irónica mujer tenía pensamientos sobre el amor y el matrimonio bastante idealistas. Cuando se enteró que Marco le pidió el divorcio pensó que no lo soportaría, sin embargo, reafirmo su idea de que el tiempo lo cura todo –ya debo privarlas de mi grata presencia- Íngrid apago su cigarrillo en solo movimiento sobre el cenicero, restregando la colilla maltrecha.

Una de las mujeres miro el reloj que llevaba en la muñeca parpadeando un número de veces que le pareció un tanto exagerado, ya faltaba poco para media noche. Cuando otras comenzaron a levantarse y hablar de la cuenta, se dio por entendido que la reunión había terminado, todas resolvieron irse.

Salieron del restaurante siendo despedidas por un pequeño sequito de camareros, se encontraron con que la vida nocturna estaba lejos de apagarse esa noche, la calle estaba bastante bulliciosa y abarrotada. Ingrid sonriendo paso un brazo por los hombros de la castaña que a su vez le sonrió. El apagado grupo camino con ruido de tacones descoordinados hacia el estacionamiento, un comentario detuvo la distinguida y apagada marcha.

-“¿recuerdan cuando solíamos ser así?”-dijo una de las mujeres con algo de melancolía, mirando hacia un local que se encontraba en la calle de en frente, parecía ser un antro. Una fila considerable para entrar se tomaba parte de la calle y en la puerta, el típico hombre alto, fornido, calvo que se solían ver en las películas. El hombre con una sonrisa de oreja a oreja, dejo entrar a unas chicas que a diferencia de nuestro grupo, su marcha era distinguida y con un aire de altanería.

-una última copa a lo grande no estaría mal- todas se giraron a mirar a Íngrid, la castaña clara en particular la miro levantando sus cejas en sorpresa, la gran mujer se encogió de hombros riendo.

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Margot sentía aturdidos todos sus sentidos, esto era una exageración. Pero ciertamente entre la música que no la dejaba ni escuchar sus pensamientos y la luces que esperaba no le dieran un ataque epiléptico, sentía como si se encontrara fuera de su cuerpo, como si ella estuviera ajena a toda la escena. Un pequeño golpe en su hombro le devolví algo de lucidez.

-¡creo que esta vez sí me he pasado!- grito Íngrid a su oído tratando de que escuchara su voz por encima de la ensordecedoras melodías mescladas.

-¡ya lo creo!- respondió Mar intentando sonreír, ya en este punto le estaba dando una jaqueca. Miro por sobre su hombro y evito una mueca de desagrado que se formaba en su rostro. Allí estaba la mujer del grupo que se había auto declarado, estúpidamente, como la líder a seguir hacia unos minutos, hablando con un chico bastante joven. Jugaba con su cabello como si aquel gesto la llevara a la edad del chico; algunas mujeres la siguieron cual abeja reina. Miro de nuevo a Íngrid que negaba con los ojos sonriendo.

-¡no la culpo!- las interrumpió una de la pandilla, la abogada se tardó un poco darse cuenta que era la misma que había resaltado a todas la existencia de aquel club – ¡a veces creo que tengo meses en piloto automático!- le sonrió la mujer con algo de pena, Íngrid le acompaño en el gesto. El momento de complicidad fue interrumpido por el resto del grupo que había ido por lo que se suponía era la última ronda de tragos.

La castaña se negó en un principio, un trago con tantos colores no terminaba de inspirarle la confianza suficiente como para querer meterlo en su sistema, la mirada desaprobadora de Íngrid la hizo dar la primera probada, sorprendiéndola de forma bastante grata con su gusto. El sabor le recordaba algún dulce que sus hijos le habían dado a probar pero no lograba a descifrar cual. Después de esto fue fácil para convérsela para una ronda más. Para cuando iba al baño entre pequeños y casi imperceptibles tumbos no recordaba realmente cual había sido la última ronda.

Era inevitable que en ese ruidoso y concurrido lugar terminara por tropezarse con alguien, agradeció que fuera con un chico bastante amable con una sonrisa cálida y fosforescente.

-¿ha bebido demasiado?- pregunto educadamente el joven. Intento enderezarse sin éxito, Su poco equilibrio la hizo inclinarse demasiado hacia un lado, siendo atrapada por la cintura y a su vez enroscar sus manos alrededor de su cuello en reacción.

-¡viene conmigo!- los interrumpió una voz conocida, provenía a espaldas del chico quien sosteniendo firmemente busco a la originaria de la voz con algo de dificultad, personas se movían o bailaban de lado y lado, junto a ellos. La castaña se sorprendió mucho al mirarla.

-¡Sofía!- grito un poco más fuerte de la cuenta soltando al agarre del cuello del joven para recomponerse frente a la mujer de piel morena.

-¿anda con usted?- pregunto en una actitud sobreprotectora que incomodo un poco a la castaña pero en el fondo agradeció. Sofía pasó del chico y tomándola pasando uno de sus brazos por su cintura. El chico se limitó a sentir al no mirar ninguna negativa de Margot y se alejó entre la multitud. Una vez solas entre la muchedumbre frenética, la castaña se alejó despacio de su agarre, estaban en público. La chica hizo un ademan de irse, una pequeña presión se situó en su pecho, rápidamente se recargo en su hombro. Se quedó mirando hacia el piso y la morena la miro con preocupación.

-¿te encuentras bien?- pregunto con genuina preocupación la morena – ¿con quién andas?- Mar sintió un frio recorrer su espalda, sintió algo de miedo de que la llevara con “la pandilla” podría decir que era una amiga, sus dotes para mentir habían mejorado. Aun así no quería arriesgarse a dar explicaciones en el estado que estaba.

-acompáñame…- y subió su mirada para encontrase con sus ojos avellanas–acompáñame a mi coche- la morena solo asintió y camino con ella apoyada en su hombro, un par de veces la sintió a punto de caer, la sostenía por su cintura para luego soltarla rápidamente. Cuando llegaron a la puerta, aquel portero de película le sonrió y se despidió de ambas muy amablemente.

Caminaron bajo la mirada de desaprobación de algunas parejas que salían del restaurante en el que la abogada había estado hacia algunas horas, ella resoplo con desgano y rehuyendo a sus miradas, la morena por su lado disfrutaba la escena riendo para sus adentros nunca se esperó encontrarse en una situación así. Cuando se encontraron frente al coche, mar se recostó de una sus puertas pasando sus dedos por su cabello.

-¿quieres que te llame un taxi?- la morena se recostó en el coche junto a ella sacando un cigarrillo para encenderlo, sintió un cosquilleo cuando vio como los labios soplaban el infecto humo. Notando que pretendía hacer un silencio incomodo, le extendió el cigarrillo, la castaña clara lo miro durante unos segundos para luego tomarlo entre dos dedos para darle una gran bocanada. Sofía rio un poco.

-¿Qué?-

-nada- siguió riendo la joven, tomo el cigarrillo de entre sus dedos y posando sus labios sobre el de una forma sugerente le dio una fumada.-

-no hagas eso…- dijo con una voz ronca la castaña, miro como la ropa se ajustaba a su cintura. El cuerpo de esta era mucho más esbelto y menudo que el suyo.

-¿Qué?- dijo en el mismo tono que ella hacia unos segundos y no pudo evitar sonreír, ambas lo hicieron. Mar pensó en ese instante que ese día había sonreído mucho. Metió sus manos en los bolsillos de su abrigo y maldijo -¿Qué?- volvió a preguntar Sofía pero esta vez con genuina duda. La abogada volvió a pasar sus dedos entre su cabello apuñando sus ojos.

-creo que perdí mi móvil…-miro hacia la salida del estacionamiento, tendría que volver para buscar a Íngrid -no puedo manejar así-

-yo puedo manejar- cuando la morena dijo esto, mar la miro como si tuviera dos cabezas y no había notado la segunda hasta ese momento –no puedo dejar que te vayas así- lo medito ¿Qué opciones tenia? Estaba en un estado del que no estaba orgullosa y tal vez Íngrid estaba en el mismo, para que mentirse.

-tú puedes manejar-

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Cuando aparcaron en la casa de mar, había un silencio incomodo entre las dos. Bajaron del coche con el mismo silencio, la morena se limitó a seguir a la castaña clara que la guio por una puerta de la cochera que llevaba a un pasillo, miro algunos cuadros que había en él y finalmente las llevo a la sala, en cuanto toco el primer sofá ese dejo caer sobre el suspirando. Miro a la chica de piel canela, esperaba que comentara algo de su hogar, las personas que iban solían adular su buen gusto. En cambio ella estaba en un silencio imperturbable.

-¿necesitas algo más?- pregunto rompiendo su silencio

-¿quieres irte tan rápido?- pregunto levantándose del sofá tambaleándose hacia un lado, la morena suspiro y se acercó para hacerla sentarse de nuevo ahora agachándose a su nivel.

-es tu casa…- susurraba como si fuera un secreto inconfesable –tu esposo puede llegar…- la castaña clara rio y se acercó al punto de juntar sus frentes. Sofía no se alejó pero la miro entrecerrando sus ojos, sintiendo su aliento caer sobre sus labios –no me voy a detener… ¿lo sabes no?-

Fue mar quien dio el primer beso, un beso hambriento y dulzón por el alcohol. Sintió las manos de la morena recoger su vestido por encima de sus muslos, sus uñas arrastrarse por ellos subiendo y bajando, haciéndola jadear en medio del beso.

-Sofía…Sofía espera…-

-hasta hoy…- la miro profundamente –nunca me habías llamado por mi nombre- por un momento estaba segura que la había sentido temblar –no me pidas que me detenga- termino por arrodillarse entre sus piernas, subió aún más su vestido dejando a la vista su tanga. Paso sus dedos sobre la pequeña pieza de tela haciendo suspirar a su portadora. Acerco sus labios y como si fuera la primera vez que estaba entre sus piernas esparció delicados besos sobre la tela que empezaba a humedecerse. Mar metió sus dedos entre el cabello oscuro que caía en hondas sobre sus muslos y con esta última imagen de la chica entre sus piernas en su mente cerro sus ojos.

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Para cuando volvió abrirlos, los rayos calientes del sol los molestaban. Parpadeo un par de veces tratando de acostumbrarse, intento moverse y sintió un par de brazos rodeándola, pensó en Alfonso y todo lo acontecido en la noche anterior choco en su cabeza. Miro por encima de su hombro y se encontró con Sofía, dormida apaciblemente. Noto que ambas llevaban la ropa de la noche anterior, exceptuando que al removerse un poco sintió que no llevaba ropa interior.

-buenos días…-empezó a desperezarse la morena lentamente, mar vio su oportunidad para moverse rápidamente del abrazo y sentarse, se lamentó de ello. Sintió su cabeza explotar –hey despacio- las manos de la morena fueron a sus hombros para darle un cálido apretón que agradeció. Volvió a parpadear un par de veces. Se percató que estaba en su habitación, en su cama.

-“¿realmente llegue tan lejos? Esto debe ser el dolor del karma”- miro la cama desordenada y sintió un par de manos tomar suavemente su cara. Sofía la hizo mirarla directamente.

-no pasó nada- hablo muy seria –te moriste en la mejor parte y no me va la necrofilia- sonrió y mar la miro perpleja para luego reír.

-ouu- se quejó del dolor de su cabeza aun riendo –te ves terrible- el maquillaje de la morena estaba totalmente corrido dejando algunos manchones oscuros bajos sus ojos –necesito una aspirina- llevo sus manos a su sienes para masajearlas.

-lo sé y tú no estás mejor- dijo peinando un mechón de cabello de la castaña clara –vayamos por esa aspirina-

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Estando en la cocina ambas se quedaron en silencio en la mesa tomando un café que Margot hizo improvisadamente. Cada una tomo de su tasa en absoluto silencio, para cuando terminaron la chica de piel canela hizo en ademan de levantarse y limpiar su tasa, la castaña se impidió, con un movimiento de su mano le indico que ella se encargaría, aunque fuera una situación poco usual, seguía siendo tu visita.

Estaba secando sus manos cuando escucho la melodía de un móvil, miro sobre su hombro a la morena atenderlo, miro como se levantó de la silla dándole la espalda y quedando muy pegada al borde de la mesa-

-hola…si lo sé- hablaba casi en un susurro lo que genero la curiosidad de Margot – ¿te preocupaste?- Sofía rio provocándole una punzada en el pecho; pensó en la chica con quien la había visto conversar en su universidad –surgió algo en casa eso es todo- se secó las manos y despacio camino de regreso a la mesa la rodeo hasta quedar frente a ella, tomándola por sorpresa y por sus muslos subiéndola a la mesa –ahora…estoy algo ocupada- continuo hablando viéndola extrañada, no se esperaba esta reacción.

La abogada metió una mano entre sus piernas, aparto sin nada de delicadeza hacían un lado el tanga que llevaba puesto, con la misma poca dulzura metió un dedo dentro del sexo de la morena sin lubricar, haciéndola gruñir al teléfono.

-no…me he tropezado con algo…estoy limpiando un…poco- respondía como podía en los intervalos del saca y mete que la castaña clara comenzaba, poco le importaba su cara de dolor, tampoco nada pues empezó acariciar con el pulgar su clítoris en lentos círculos –te llamare luego- finalizo la llamada la morena dejando el móvil a un lado. Mar pensó que tal vez le pediría parar, en cambio paso brazos alrededor de su cuello, recargando su cabeza en uno de sus hombros. Por la posición no podía ver como se estaba mordiendo la yema de sus dedos. Acelero los círculos sobre el pequeño botón y el silencio doloroso dio paso a suaves gemidos.

-¿Por qué mentiste?- susurro la castaña junto a su oído.

-querías que…dijera ¿que estaba contigo?- los gemidos se hicieron más fuertes y mar introdujo un segundo dedo haciendo que se corrieran sobre la mesa. Se quedaron unos minutos en esa posición, solo escuchaba la respiración acelerada de la morena.

-debo irme- interrumpió Sofía finalmente, se levantó de la mesa acomodando su vestido, mar siguió su movimiento haciendo algo de ruido. La guio hasta la puerta, ambas se quedaron delante de ella. la castaña no tenía muy claro cómo debía despedirse, abrió la puerta y la morena se fue sin decir nada. Cerró la puerta con llave y paso por el comedor viendo la mesa de reojo, noto que estaba algo húmeda. Cuando termino de limpiarla subió su habitación para darse una de las duchas más largas de su vida.