Me corro mientras me comen el culo y me masturban

Habían quedado para charlar y tomar un café y acabaron en la finca de un amigo de Jose bajo unos cerezos.

Eran totalmente diferentes, ella joven y guapa, él maduro y feo, (eso pensaba él) ella dulce, el serio, ella con pareja y el casado, en lo que coincidían era en que ella era una sentimental y él un romántico, de allí que surgiera entre Diana y Jose un enamoramiento, cómo poco, eran sombras enamoradas.

La hierba estaba cubierta con pétalos blancos, Un mirlo, dos verderones y un jilguero trinaban en un cerezo.

Apoyado con la espalda a uno de los cerezos, le dijo Jose a Diana:

-Tenemos música. ¿Quieres bailar?

Diana, sonriendo, le dijo:

-No se me da muy bien bailar, y con trinos…. ¿Cómo se baila eso?

-El primer paso se da así -Jose le acarició una mejilla y la besó en los labios

Diana le sonrió y le devolvió el beso, – a Jose le entraron ganas de pellizcarse para ver si estaba soñando- después le dijo:

-Ese baile lo sé bailar, -le dio otro beso en los labios- pero a la música hay que ponerle letra.

-¿Un te quiero estaría bien?

-Mejor un poema de los que me escribiste.

-¿Y qué tal uno que te escribí y aún no te leí?

-Mejor aún.

-Échate boca arriba sobre la hierba y cierra los ojos.

Jose, viendo como pétalos blancos de los cerezos caían sobre Diana, le recitó:

Dormida.

Quiero ver tus labios entreabiertos,

labios que serán el punto de partida

para llegar a maravillosos puertos

donde la gloria se haya escondida.

Dormida.

Quiero reptar como serpiente,

cómo cariñosa serpiente, atrevida,

sensual, dulce, traviesa, silente,

hasta que sientas la llamada perdida.

Dormida.

Quisiera hacerte viajar por derroteros

que te hicieran perder tres veces la vida,

y que después abrieras tus luceros

sonrieras y me dijeras: «Sigo dormida».

Diana abrió los ojos sonrió, los cerró, y le dijo:

-Sigo dormida.

Jose, se inclinó y la besó, Diana entreabrió los labios. Se fundieron en un beso largo, que fue humedeciendo a los dos.

Diana llevaba puesta unos jeans, un blusa blanca y calzaba unos zapatos marrones.

Jose fue desabotonando la blusa hasta que cayó por ambos lados del cuerpo de Diana. Le desabrochó el sujetador, -sin dejar de besarla- le bajó los pantalones y las bragas blancas hasta las rodillas. Le levantó las copas del sujetador, le cogió sus grandes tetas con las dos manos y masajeándolas, le lamió, chupó y mordió sutilmente los pezones, luego se las devoró.

Diana seguía con los ojos cerrados. Jose no bajó besando su vientre. La calentura lo cegaba. Fue directamente al clítoris, un clítoris grande y gordo. Lo besó -Diana comenzó a gemir- Lo lamió de abajo arriba, hacia los lados y en círculos. Cuando los gemidos de Diana anunciaron que se iba a correr. Subió encima de ella. Sacó la polla. Con un dedo le retiró el glande del capuchón y comenzó a rozar con su meato el glande del clítoris, la aguadilla que salía de la polla hizo la fricción con el glande tan agradable que, al ratito, Diana, comenzó a venirse, diciendo:

-¡¡¡Oh!!!! ¡¡¡Oiiiiiiiiiiii!!!! ¡¡¡Me cooooooooorro!!!

Diana, voló hacia el cielo subida al caballo alado del placer.

Al acabar de correrse, Diana, abrió los ojos, y le dijo:

-Ya estoy despierta.

Jose le quitó los zapatos, los pantalones, las bragas, la blusa y el sujetador, se desnudó él, y le dijo:

-Te voy a romper el coñito.

-Antes deja que le de unos besitos a tú cíclope.

Jose le puso la polla en los labios, Diana le dio un beso en el glande y lamió la aguadilla, después se metió la polla en la boca.Deslizando su mano de arriba abajo y de abajo a arriba, se la masturbó con la mano, y con la boca le hizo una deliciosa mamada.

Cuando dejó de mamar la polla, le dijo:

-Hazme gozar otra vez.

Jose, acarició los pezones y las areolas con el glande un par de minutos, después puso su polla a la entrada del coñito de Diana. Estaba mojado, se lo frotó de abajo a arriba una docena de veces, y luego lo volvió a poner en la entrada y se la metió de una sola vez. De la garganta de Diana salió un sensual gemido de placer. Le agarró las nalgas a Jose, y le dijo:

-Deja que haga yo.

Jose sacó la polla hasta la corona, Diana lo atrajo hacia ella con fuerz.

-¡¡¡Zaaaaaaaaas!!!

A Jose le encantó.

-¡Ooooooh!

Diana, con la polla dentro del coñito, polla que le había entrado apretada. Lo hizo prisionero cogiéndole las manos con las suyas, le dio un beso apasionado, y le dijo:

-¡Te voy romper la polla, vida mía!

Mirándolo a los ojos comenzó a empujar el redondo culo de Jose hacia ella… cada vez con más violencia y dándole unas nalgadas antes de meterla hasta el fondo.

-¡Zaaaaaaas, zaaaaaaas, zaaaaaaaaas… ¡ ¡¡Zaaaaaaaas, zaaaaaaaas, zaaaaaaas…!! ¡¡¡Zaaaaaaaaas, zaaaaaaas, zaaaaaaas…!!!

Diana se fue encendió tanto queriendo que Jose se corriese que se iba correr ella.

-¡Ay qué me corro! ¡No te corras dentro de mí, por favor! ¡Ay qué me corro, ay que me corro! !!!Me coooooorro!!! ¡¡Aiiiiiiiiiiii…!!

La polla de Jose latía dentro de aquel joven coñito, que la estaba bañando. Si a esto añadimos sus sensuales gemidos y el gozo que se reflejaba en su carita angelical, fue casi un milagro que Jose aguantase, pero aguantó.

Tan pronto como Diana acabó, Jose, la sacó mojada, la puso entre sus tetas, Diana, la apretó con ellas, y se corrió. De su polla salió leche en grandes cantidades.

Tiraba Jose del aliento, cuando le dijo Diana:

-Lame tu leche y bésame, quiero probarla.

Jose lamió su propia leche y besó a Diana. Se excitó de nuevo, y más cuando le dijo:

-Está rica. La próxima vez córrete en mi boca.

Habían empezado tomando un café, en una cita que habían concertado para conocerse personalmente, (se habían escrito miles de correos electrónicos) y charlar y de la charla pasaran a hacer el amor, y ahora lo que querían era follar, y cómo a Jose le gustaba el rumbo que tomaran las cosa, le dijo:

-Yo también Soy un poco…

Diana, le dijo la palabra que andaba buscando.

-¿Guarro?

-Sí.

-Lo sé, por eso lo del beso, quiero que me hagas cosas sucias.

-¿Te corriste alguna vez al comerte el culo mientras te masturbaban? ¿Sentiste la sensación que produce la punta de la lengua en el ojete al tener un orgasmo cuando se cierra y la quiere meter dentro y la lengua se le escapa, y se abre y vuelve a entrar la punta de la lengua, y se cierra…?

-No, pero tiene mucho morbo, y como para todo hay una primera vez… ¿También me la vas a meter en el culo?

-Si me dejas, sí.

Lo miró con picardía, lo besó, y le dijo:

-No sé que decir.

Diana se puso a cuatro. Jose, abrió con dos dedos su coñito. Lo tenía lleno de babitas. Se lo lamió y llevó las babitas al ojete pasando por el periné. La nalgueó. Después le metió dos dedos en la vagina y comenzó a masturbarla presionando hacia abajo para estimular el punto G. Hizo círculos con la punta de la lengua en la entrada del ojete y después se lo folló con ella. Estaba disfrutando.

-¡Qué rico se siente, qué rico, qué rico, qué rico!

Jose supo que era el momento de dar el siguiente paso.

Esta vez no iba a sentir la lengua dentro de su culo al correrse. (lo haría una hora más tarde) Le acercó la polla al ojete, Jugó con ella en la entrada, y luego le metió la punta de la polla. A Diana le quedaba grande.

-¡Me vas a romper el culo, cariño!

Le metió el glande entero.

-¡¡Uffffffffff!!

Las manos de Diana arrancaban la hierba. Jose, le dijo:

-Parece que tu culo es virgen. ¿Te duele? ¿Quieres que pare?

La respuesta de Diana fue ir echando el culo hacia atrás y empujar hasta que la polla llegó al fondo.

Jose, se quedo quieto, ya que sus manos comenzaron a azotar las nalgas de Diana. Fue ella quien le folló la polla con su culo. Al principio lentamente, después iría acelerando los movimientos.

Tiempo después, Diana, con dos dedos acarició su clítoris y moviendo el culo a toda pastilla de delante hacia atrás y de atrás hacia delante, le dijo a Jose:

-¡Lléname el culo de leche, lléname el culo de leche, lléname el culo de leche…!

Jose, arqueando su cuerpo hacia atrás y pellizcándole las nalgas, le dijo:

-¡Tooooooooma, princesa!

Diana, al sentir la leche calentita dentro de su culo, comenzó a correrse.

-Tooooooooooma tú la mía!

Una melodía de gemidos se perdió bajo los cerezos, cerezos que habían cubierto de pétalos blancos sus cabellos y parte de sus cuerpos. Entre besos y caricias sorprendió la luna a dos sombras enamoradas, a dos amores que ya no eran platónicos… que sólo fueran a hablar y a tomar un café.

Quique.