En la boda de mi amiga pude tener placeres que nunca en la vida me hubiera imaginado y fue lo mejor que me paso

El técnico se afana por cambiar el cable que recorre las paredes de mi piso, debería ser uno de los últimos pasos para conseguir cambiar de compañía de teléfono/internet.

Después de más de una semana de llamadas, aplazamientos, visitas incumplidas, etc… por fin voy a reconectarme a la red.

El técnico que parecía un borde por teléfono ha adoptado una actitud casi encantadora cuando le he abierto la puerta. Sonrisa máxima y ojitos simpáticos al enfrentarme.

Ahora mientras le oigo trajinar en el salón, me he refugiado en mi cuarto nerviosa, porque llevo toda la semana con la cabeza llena de imágenes y locuras sin desahogo.

Perdona, el técnico me llama para casi todo y paro cada dos por tres.

Imagino que querrás saber que ha sido de mi vida durante estos días de desconexión. Lo cierto es que he estado ajetreada, como si el hecho de tener red me anclara en casa y el no tenerla fuera una invitación a aprovechar el tiempo fuera.

He tenido un par de entrevistas, ninguna prometedora, me temo. He renovado el carnet de identidad. En cada sitio la misma charla de fondo “que si Cataluña esto que si los catalanes lo otro…” y por supuesto ha estado la boda.

El pasado finde se casó mi amiga, una boda de copete porque muchos de los chicos tenían que ir de chaqué. Al final otra fiesta de disfraces.

Me hacía mucha ilusión volver a usar mi vestido preferido, que por ser de ceremonia no suelo usar muy a menudo.

Una breve descripción:

Color salmón, de tela mezcla de gasa y seda, sin mangas, largo por detrás y cortito por delante casi un palmo por encima de las rodilla. El escote cruzado y en pico. A mi chico, me consta, le vuelve loco.

Decidí no complicarme la vida con peinados y maquillaje extremo.

Un poco de colorete y la melena suelta, lisa, con apenas un prendido en forma de flor blanca en el lado derecho de mi cabeza, flequillo largo…

Alex también iba guapísimo. Sus ojos azules haciendo juego con la corbata celeste, el traje a medida que le sienta como un guante y esa barba cobriza suya, rompiendo la seriedad del conjunto.

Los días previos cardiaca perdida ayudando a llevar los cachivaches al local del banquete me sirvieron para conocer dos o tres sitios más o menos reservados del restaurante… y claro… la imaginación empezó a jugar por falta de actividad.

Te he dicho varias veces que Alex me trata como una princesa… es super dulce conmigo. Y aunque yo no diría que es un chico tirando a “clásico” conmigo es todo un caballero, desde lo romántico hasta lo íntimo.

Nuestras últimas charlas me han dado que pensar. Tal vez esa actitud suya sea consecuencia de mi modo de relacionarme con él. Así que juntando unas ideas (fantasiosas) con las otras teorías empezó a formarse en mi cabeza el borrador de una “maldad”  que ni yo misma sabía si iba a ser capaz de llevar a cabo.

El gran día llegó.

La mañana del domingo era extremadamente calurosa, la suma de la esencia de mi vestido y el calor hizo que me decantase por no llevar medias. Piernas al natural, al fin y al cabo aun conservan algo del leve moreno que cogí este verano.

Cuando acabé de prepararme en mi casa, a solas, un escalofrío de morbo me recorrió al mirarme al espejo. Entre unas cosas y otras, iba a la boda con solo 3 prendas… y una de ellas era el par de zapatos.

Lo de no usar sujetador en mí es un clásico, pero es que además dado lo fino de la tela del vestido… como que quedaba mal ponérmelo.

Alex me recogió en la puerta de mi casa. Un “¡que ganas tengo de que acabe el día!” resumió lo mucho que le gustaba como había quedado. En respuesta, no sé porque, le mordí un poco la boca al besarle.

La misa, como la mayoría aburrida, transcurrió con la gente abanicándose como podía. Los chicos de las familias de los novios estaban guapísimos de pingüinos pero sudaban los pobres cosa fina.

Al acabar la ceremonia, salimos al exterior, el sol pegaba de justicia. Alguien nos dio una bolsita llena de arroz a cada uno, mis amigas no paraban de cotorrear. Yo soy más reservada, no soy de comentarlo todo. Asentía y posaba con los inumerables selfies que nos hacíamos.

Los novios enfocaron la salida de la capilla, un señor mayor con una escoba en mano, nos pedía entre autoritario y suplicante que no tirásemos arroz al interior del templo. Nadie le escuchó…

Desde niña siempre me ha encantado ese momento de lanzar arroz a los novios, siempre que puedo lo hago como una niña chica… sin medirme.

Tal vez esa fuera la razón por la que una de mis amigas viniera corriendo en medio de la lluvia de arroz a advertirme que si lanzaba tan fuerte podría darle una alergria a algún invitado… Al parecer el escote de mi vestido y la ausencia de sostén eran una mezcla peligrosa junto con mi algarabía.

Un poco sonrojada y con el rollo cortado de diversión de niña, sacudí como pude el arroz de mi pelo y del cabello de mi chico. Ahuequé el vestido lo justo para que los granos de arroz sueltos que se habían colado cayeran al suelo, y me puse en la fila protocolaria para dar la enhorabuena a la feliz pareja.

Fotos de rigor, muacks muacks… selfies… y hora de meterse en el coche para ir al banquete.

Alex no paraba de decirme lo guapa que estaba y cuando lo hacía yo no paraba de pensar en la poca tela que cargaba mi cuerpo.

Al llegar al restaurante, llegamos de los primeros, a penas había invitados aun y buscamos un sitio a la sombra pues realmente hacía calor. De hecho yo estaba con la garganta seca, asi que cuando llegó el primer camarero con la típica bandeja de bebidas, no habiendo refrescos, agarré casi sin pensarlo una copita de fresquito vino blanco. Lo que sin duda sorprendió un poco a Alex que me dio un beso en el cuello y me advirtió que tuviera cuidado…  él sabe bien lo rápido que me sube

Poco a poco los invitados fueron llegando, para cuando lo hicieron los novios ya había conseguido hacerme con una fanta limón… y acabado con un par de copas de vino blanco.

El coctel se prolongó por las típicas fotos de grupos, familias, [email protected]… Y las tapas aunque muchas no eran muy abundantes, por lo que cuando tocó entrar a las mesas ya notaba cierto mareo

En la mesa con el resto de amigas y parejas “de” la comida trascurrió leeeenta y ruidosa. Se sucedían los vivas los novios, los brindis y demás algarabías de rigor, y aunque pudiera parecer algo entretenido, para mi estas situaciones lejos de divertirme me saturan, así que mi mente empezó a darle vueltas al germen de idea que días atrás empezó a formarse… Solo tenía que ceder y pasaría.

Me resistí, lo juro, en mi cabecita de niña buena, educada durante un tiempo por monjas puse todas las barreras posibles para evitar que las fantasias tomaran el control, pero me aburria tanto…

Me incliné sobre el hombro de mi chico, con la firme decisión de no ceder aun en mi cabeza, y le susurre que tenia que ir al baño entre plato y plato (nunca he sido de ir en manada al baño). Sin tiempo a que me respondiera cogí mi bolso y me levanté antes de que mis amigas se apuntaran. Me resultó raro que ninguna dijera “espera, espera, que voy contigo…”

Todo encajó cuando al salir del bullicioso salón oí los pasos detrás. Probablemente mis amigas no se habían apuntado porque mi chico se había levantado y me seguía.

–        ¿Dónde vas? – pregunté un poco sorprendida.

–        Pues al baño, mi niña – repuso el con su sonrisa de príncipe azul.

Me agarró de la mano y me deslizó un beso en los labios, fugaz, ligero pero dulce.

La sensación de hormigueo en mi boca aun duraba cuando después de entrar en el baño, cerré el compartimento y me dispuse a aliviarme…

El asalto de la tentación a mi mente vino de sorpresa, superando los muros de prudencia y refreno, justificándolo con el “es solo una travesura”… No pude oponerme. Al salir del baño,  llevaba mi pequeño tanga escondido en mi mano.

Él me esperaba cerca de la puerta, sonriendo, angelical, con esos ojazos azules y esa barbita cobriza… le sonreí, me acerqué a el (fue casi como si nos grabaran a cámara lenta) y sin necesidad de colgarme de su cuello como otras veces gracias a los zapatos, le besé…  no ligero, no fugaz, sino intensa y apasionadamente.

Al separarnos mi cuerpo seguía pegado al suyo. Al fondo el bullicio del salón de celebraciones, sus labios aun brillantes de nuestro encuentro… su mano apoyada en mis caderas… y mi mano deslizándose hasta su izquierda… y le deposito mi regalo.

Extrañado, mira su palma,  un segundo de más en darse cuenta de lo que sostenía, su cara de príncipe se trasforma en cara de completo estupor… estaba adorable… con los ojos de un niño que no cree lo que está viendo, me miraba a los ojos, luego a su mano… estaba tan tierno que era para comérselo…  y entonces la fantasia tomó el control definitivamente.

Ante su pasividad le agarré con ambas manos de su mano que aun sostenía mi prenda, y tirando de memoria y de él le arrastré hasta donde habíamos estado guardando las cosas del photocall, no estaba lejos. Era un cuarto auxiliar, prácticamente vacío, de unos 4 metros cuadrado.

Abrí la puerta le empuje dentro antes de que nadie nos viera y a oscuras le volví a besar.

–        ¿Qué haces Cris…? – y su pregunta censurada por mis labios.

–        Shhhhh…. – mi dedo sobre su boca mientras me froto contra él.

–        ¿Si nos ven aquí van a pensar que estamos haciendo algo…

El no me ve, pero sonrió…

Mientras mi boca se enreda en la estrecha franja de cuello entre su barbita y su camisa, mis manos operan apresuradas sobre su  pantalón,  para cuando consigo abrir el cinto, el pantalón y la bragueta me doy cuenta de que empieza a gustarle porque ya mana calor de entrepierna.

Me acuclillo…  es extrañamente cómodo acuclillarse sobre los tacones… y tirando de su ropa interior siento por su gemido que su pene ha sido liberado.

En la oscuridad palpo, con mis manitas hasta encontrar su miembro, esta semierecto… acerco mi boca, lo lamo….

-¡¡Mmmmmmm, Joder Cris, que te ha dado??!! –

Lo relamo, y lo beso… lo recorro con mi lengua, sintiendo como se retuerce y se apoya en la oscuridad…

Saboreo el néctar salado de su pene con la punta de mi lengua,  recorro con mis labios la curva de su capullo calido y suave.

–        ¡Te quiero mi niña!- Lo recuerdo perfectamente eso es lo que dijo… justo antes de que metiese su polla en mi boca.

Ensalivándola con pausa, deleitándome en cada pausa de su respiración, sintiendo como el aire se cuela entre mis muslos sobre mi sexo desnudo… como mis pechos se rozan contra la ahuecada tela de mi vestido….

Puedo sentir cada vena, cada pequeña protuberancia, la tensión de la base de su polla, el palpitar de sus vasos sanguíneos excitándose…

Deslizo mis manos de manicura perfecta por debajo de su camisa… y pellizco simultáneamente sus tiernos pezoncillos masculinos, y araño su abdomen de vuelta a sus caderas, donde busco sus nalgas para guiarle en el ritmo que tiene que poner para follarme la boca.

Durante esos minutos de placer prohibido, mi cabeza viajaba por la fantasia. Mentiría si te dijera que no me acordé de ti, al fin y al cabo parte de las culpas de porque me comportaba tan ligeramente te las sigo echando a ti.

También me perdía en las posibles situaciones que complicaran el taboo del momento… pero entre todas una empezó a taladrarme la mente, de manera perturbadora y obsesiva, tanto que aun hoy fantaseo con ella, pero disculpa si espero a hablar contigo para contártela…

También me toque… deslizando mi dedo por la rajita de mi sexo, mientras el jadeando me hacia el amor a mis labios… porque hasta en esos momentos es dulce y considerado.

No llegue a correrme antes de que él jadeando me anunciara que no podía mas… tratando de empujarme levemente por los hombros para que me apartase… pero no le dejé.

Explotó en mi boca, cerrada a conciencia para evitar desgracias en mi vestido de gala o sus pantalones de traje. El calor y el sabor de su esencia me invadió la boca.  Las pocas veces que lo he hecho así con el he tragado de inmediato, me da la sensación (para nada contrastada) de que le incomoda que su princesita saboree su semen. Pero esta vez, no sé porque, me demoré, tal vez porque mi mano aun seguía procurándome placer y dudé si continuar también hasta el desenlace, tal vez porque algo dentro de mí me obligó a ese ultimo gesto de fantasía… sea por lo que sea, saboree su excitación antes de tragármela.

–        ¡¡¿Pero que te ha dado?!! – Jadeaba acariciando mi cabeza dulcemente.

–        ¿No te ha gustado? – Le pregunté arreglándole los pantalones y cerrando su cinturón.

–        Si… si claro, pero…

–        Shhh…. – Mi dedo una vez más en su boca- considéralo un premio por ser el chico más guapo de la boda ¿Me devuelves mi tanga?

No pude ver su cara pero seguro que estaba monísimo con su carita de niño desvalido flipándolo en colores…

Me apoyé en su hombro y como pude volví a ponerme la pequeña prenda en su sitio… mi sexo aun sensible, pese a haber bajado las revoluciones, pareció emitir un mudo “oooohh”

Escuchamos unos minutos fuera, había gente en las cercanías, seguramente yendo y viniendo del baño. Al salir no vimos a nadie, yo volví al baño (tenía que enjuagarme la boca) con una palmadita en su culete de querubín mandé a mi chico de vuelta al banquete.

Gracias a su ternura no había un gran estropicio en mi leve maquillaje. Y a los pocos min me sentaba de nuevo en la mesa. Los postres estaban servidos, mis amigas ayudaban a la novia a repartir alfileres (ooohh que pena me había escaqueado) y mi chico se deleitaba con su tarta mientras me sonreía como un niño al verme llegar.

Esa noche le invité a dormir conmigo… llegamos cansados, pero no tanto como para no cabalgarle antes de quedarnos dormidos desnudos, uno al lado del otro.