El despecho la hizo ver lo que realmente le gusta

El día era maravilloso, uno de esos pocos días en lo que piensas que nada puede salir mal, el sol brillaba en el cielo, los pájaros cantaban en cada rincón de la ciudad, era el día perfecto para salir de día de campo. Los adorables señores Guillen habían decidido que era un estupendo día para divertirse en familia. Purificación charlaba con su esposo, recostada en su pecho, con los brazos de él rodeándola, charlando de cosas vánales mientras veía como Jacobo jugaba con un cachorro que no sabía de donde salió. Le gustaba ese sentimiento de tranquilidad, de seguridad, de verdadero amor hacia sus hombres (refiriéndose a Cesar y a Jacobo). Veía como las familias que estaban cerca se divertían igual que ellos, sin preocupaciones, y sin problemas. En eso su adorado hijito se acercó a ellos.

– Mami… Papi…mira, dijo Jacobo extendiendo sus manos para mostrarles el cachorro con el cual momentos antes jugaba.

– ¿Qué es eso amor? Preguntó Purificación sabiendo la respuesta, sin embargo le gustaba seguir el juego con su bebé.

– ¡Un perrito…! ¡Un perrito…! Decía Jacobo dando vueltas visiblemente emocionado. La madre extendió sus delicadas manos y cogía al cachorro, lo observó detenidamente, no sabía nada de animales y menos de perros, pero al parecer era de buena raza. Estaba solito… allí…, el niño señalo unas rocas que estaban a unos 15 metros… – ¿Podemos quedárnoslo? Jacobo quería con todas sus fuerzas tener aquel perrito como mascota.

– No lo sé amor… Tal vez sea de alguien, decía Purificación. – Pero no tiene collar… Por favor mami, suplicaba el chico.

Puri sabía que su resistencia ante el niño duraría poco, era tan dulce tan tierno, que le era difícil negarle algo, además que nunca lo había hecho. – Está bien… por mí no hay problema… pero también debes convencer al gruñón de tu padre…, dijo la rubia dirigiendo su hermosa mirada a Cesar quien hasta ese momento no había dicho palabra alguna, solo se había limitado a escuchar.

Purificación observó como la emoción del niño disminuyó, convencerla a ella era fácil, convencerlo a él era difícil. – No Jacobo… lo siento… pero no podemos hacernos cargo de él, la voz del hombre era seria, pero demostrando cierta pena por no poder cumplir el capricho de su hijo.

– Mami… por favor… el chico giró a ver a su madre. Cesar siempre había creído que Purificación consentía en demasía a Jacobo, prácticamente cualquier capricho se lo cumplía, pero si para Purificación era difícil decir que no a Jacobo, para Cesar era difícil negarle algo a ella. – Cesar…, dijo Purificación clavándole su mirada, con esa simple palabra se dio a entender.

– No… Lo siento querida… pero no podemos cuidarlo…, en la cara de Cesar se notaba claramente como este realizaba un gran esfuerzo para no ceder.

Purificación veía como su niño consentido estaba al borde de las lágrimas, quería hacerse el fuerte, demostrar que él era un niño grande pero no lo hacía muy bien. – Cesar… volvió a decir la rubia y acercándose al oído de él, y susurrándole… – Por favor deja que se quede con el perro… Y te prometo que te daré una sorpresita, dijo esto en el tono más sensual que pudo.

Entonces Cesar supo que no podría resistirse más a su amada, perdió. – Muy bien… muy bien… nos lo quedamos, dijo Cesar.

Purificación notó como se le iluminaba el rostro a su hijo – ¿De… de veras? preguntó el niño no creyendo lo que escuchaba. – Si… pero con una condición… Tú te harás cargo de la mascota… le darás de comer y todas esas cosas… si empiezas a fallar el perro simplemente se va… ¿me entiendes?

Purificación sabía que Jacobo no podría hacerse totalmente con el cargo del perro, pero también sabía que con que lo intentara era suficiente para Cesar. – Claro papi no te defraudaré… te lo prometo, dijo Jacobo quien rápidamente arrebató el cachorro a su madre y alejándose de allí gritaba nombres de perro.

Cuando ambos se quedaron solos siguieron hablando. – Creo que lo consentimos demasiado…, dijo Cesar quien aún abrazaba a Puri.

– No… yo creo que tú me consientes mucho a mi…, Purificación sonaba coqueta, dulce, provocadora, en definitiva como era ella por naturaleza.

– Claro… es que con esas proposiciones que me haces es imposible decirte que no…, la mirada de ella no denotaba lujuria, sino verdadero y profundo amor. – Puri… ¿sabes que te amo verdad?

– Sí lo sé… Yo también te amo. La rubia se separó de aquel abrazo y tiernamente se besaron.

En ese momento pensaba que así debían ser todos sus días, sin preocupaciones, sin miedos, sin temores, sin problemas. Cuando terminaron de besarse, se levantaron del césped con la intención de ir a servirse un refresco. Fue cuando la Rubia se dio cuenta que algo andaba mal, las risas y el barullo que hacían las demás personas en el parque había desaparecido, buscó con su mirada y no vio a nadie más en ese parque, salvo a su esposo quien iba frente a ella. El luminoso sol que hasta hacía momentos reinaba fue sustituido por nubes negras, el viento soplaba fuertemente con amenazantes aires de lluvia, por lo visto habría una gran tormenta.

– ¡Jacobo…! ¡¡Jacobo…!! Gritaba Purificación, el niño extrañamente había desaparecido junto con la demás gente. La rubia desesperada buscaba con su mirada, intentando dar con alguna pista del paradero de su bebé.

– ¡Cesar…! ¡Jacobo no está…! ¡¡Cesar…!!Por más que Puri llamaba a su esposo este no giraba a mirarla ¡Te estoy hablando…¡¡¡Contestaaa…!!

Las lágrimas brotaron de sus bellos ojos azules, pero por alguna razón no podía ir en busca del niño, sus músculos no le respondían. Cesar dio media vuelta quedando frente a ella. – Purificación… ¿eres feliz? Le preguntó Cesar a su esposa con una mirada sombría, carente de expresión.

La casada no entendía que sucedía, ¿Por qué no podía mover sus piernas?, ¿Por qué Cesar preguntaba eso cuando su niño había desaparecido? Y lo más importante… ¿Dónde había ido Jacobo? ¿Por qué me preguntas eso?… – Debemos buscar a Jacobo…! rapi…, la voz de la chica fue abruptamente interrumpida por la de él.

– Te pregunto eso porque sé que me engañaste… sé que te acostaste con otro hombre…, le dijo mirándola fijamente a sus ojos.

– ¿¡De que me hablas…!? Por favor déjate de tonterías y busquemos a Jacobo…, decía Purificación, sin saber exactamente a qué se refería su esposo.

Como si no la hubiera escuchado, Cesar continuó hablando con una expresión de seria pasividad que ponía los pelos de punta a la rubia. – No trates de negarlo Purificación, ¿Acaso no soy lo suficientemente hombre para ti?… ¿o puede ser que te guste más él que yo?… ¡¡RESPONDE…!! La voz del hombre tronó con autoridad.

– No se… no sé de qué me hablas… Te… te juro que no se dé que me hablas…, decía la chica, quien a su mente le llegaban unos lejanos y borrosos recuerdos de verse desnuda sobre una cama que no era la habitual en que ella dormía con su marido, aun así las imágenes eran muy difusas. – ¡¡RESPONDE…!! Le gritaba nuevamente Cesar totalmente enloquecido.

La lluvia iba en aumento, el viento no cesaba de soplar, los arboles parecían querer salir volando, la chica podía escuchar tenuemente el aullido de un perro, no había duda era el cachorro que acababan de adoptar, quería seguirlo, para dar con su bebé, sin embargo una vez más sus músculos no le respondían. Purificación cayó de rodillas frente a su esposo, desesperadamente se daba a pensar en lo que decía su marido, aun así creía no saber de qué hablaba su marido pero debía recordarlo o no podría encontrarse con Jacobo, su mente ya conectaba esas brumosas imágenes que débilmente se le graficaban con las acusaciones que su marido le estaba bramando, sus delicadas manos tomaron su cabeza “Piensa…. piensa… ¿De qué rayos habla?”Para Purificación parecía que las horas habían pasado muy rápidamente, pero ella seguía sin recordar.

– Te creo… pero no puedes negar que te gustó… te gustó más de lo que quieres aceptar…, Cesar retrocedió un poco evitando de esta manera que la infiel de su esposa lo siguiera tocando. – ¡No…! ¡Eso… eso no es cierto…! ¡Fue un grave error…! ¡Por favor perdóname! Me gustaría…

– Pero antes debes someterte a una prueba…Estas bien apretadita zorra…para la sorprendida rubia esa voz ronca y aguardentosa eran inconfundibles. ¡Fernando…! atinó a decir la rubia ante la sorpresa de estar nuevamente frente a él.

– Así es querida… el madurito que te folló… el madurito que te abrió de piernas y te hizo gritar como una perra en celo cuando yo estaba trabajando…, le decía Cesar a su mujer.

La confusión de Purificación era tal que no pudo articular palabra, solo se daba a mirarlos a ambos alternadamente, no entendía nada. – Aquí está tu prueba… escoge… ¿qué prefieres?, a tu familia, los seres que más te amamos en el mundo…, o la lujuria que te provoca el acostarte con este macho súper dotado.

Cesar hablaba sereno, como un sabio quien cree tener la situación controlada. – Tú sabes que me escogerás a mi reina… a mí y a mi soldadito claro…

El cincuentón junto con decir lo último se agarró su cipote con ambas manos bamboleándolo a menos de un metro del lugar en que la rubia estaba arrodillada. Hasta ese momento Purificación no se había dado cuenta que Fernando estaba completamente desnudo, lo veía claramente y no pudo evitar bajar su mirada hacia el pollón inabarcable del hombre, el cual estaba completamente erecto apuntando al cielo, lucía tan espectacular como aquella vez en que se acostaron en el hotel. – ¡Rápido…! ¡¡Elige…!!O no encontraras a Jacobo nunca más en tu vida…. La apresuraba Cesar con aires de que según como fuera su respuesta marcaría el destino de la rubia.

No importaba la situación que fuese, ella siempre elegiría a su familia, aquella era una prueba estúpida, pero algo raro ocurría, la rubia se sentía como mera espectadora en una película, no controlaba ni su cuerpo ni su mente. ¡LO… LO ELIJO A ÉL…! Dijo de pronto Purificación levantándose del césped y apuntando a Fernando, sin despegar su mirada de la impresionante verga que el gerente se gastaba “¡¡NO…!! ¡¡NO QUISE DECIR ESO…!!”Pensaba la rubia ante la sonrisa de satisfacción de Fernando y la mirada de derrota de su esposo. Acércate culona y mámamela, le ordenó Fernando a Purificación, el tono del maduro seductor era de mucha confianza, Cesar así lo escuchaba al menos.

La chica irreflexivamente caminó lentamente hacia él, quería parar pero no podía, cuando estuvo junto al hombre se agachó, quedando de esta forma su preciosa boquita a la altura de su verga, sus cuidadas manos se posaron en las contundentes piernas del exitoso empresario, y subieron hasta quedar a escasos centímetros de su tremendo badajo “equino”. Involuntariamente vio a su marido, quien con lágrimas en los ojos movía su cabeza de manera negativa, se veía tan triste, tan afligido, tan decepcionado. – ¡Abre tu boca puta…! Bufó al instante Fernando. La casada abrió lo más que pudo sus finos labios con la intención de guardar en el interior de su boca toda esa barra de carne caliente que como si fuera en cámara lenta se acercaba peligrosamente. ¡NOO…NO QUIERO ESTO…! ¡¡POR FAVOR NO ME MIRES CARIÑO…!! ¡¡POR FAVOR NO…!! Gritó con todas sus fuerzas mientras era ella misma quien se la iba introduciendo a través de sus labios enterrándola por completo.Y fue entonces cuando despertó…

Abruptamente abrió sus ojos, su corazón latía rápidamente, respiraba muy agitada, el diminuto camisón con el que acostumbraba dormir se repagaba totalmente a su cuerpo debido al sudor que lo recorría, se levantó un poco de la cama para comprobar lo que era obvio, todo había sido una terrible pesadilla. Sentía el calor que generaba el cuerpo de su marido, no necesitó girar a verlo, es más no quería hacerlo, se sentía tremendamente culpable, había caído en el juego de ese hombre, había caído en la tentación, y había engañado a su marido.

Hacía una semana de aquello, pero no podía olvidarlo ¿Cómo fue capaz de fallar de esa manera ante su familia?, se dio la tarea de contarle todo lo ocurrido a Cesar, y afrontar las consecuencias de sus estupideces, pero al verlo recapacitó las cosas, no solo podía echar a la basura su matrimonio, sino también podría perder a su hijo. Era un riesgo que no estaba dispuesta a tomar, por lo cual su última decisión fue guardar el secreto solo para sí misma. En su mente aun creía escuchar los ronquidos del maduro que se la trincó sembrando su vientre de una riada de semen espeso, esos ronquidos que la despertaron y la hicieron regresar a casa a altas horas de la madrugada, afortunadamente ese día Cesar estaba fuera de la ciudad. Lentamente se tranquilizaba, su respiración y su corazón se normalizaron, vio la hora en el reloj junto a su cama, eran las 3:47 am, mañana tenía trabajo, debía hacer lo posible por dormir o a la mañana seguiría reprochándoselo. Cerró sus ojos, cuando sintió algo extraño entre sus piernas descendió su mano y se quedó helada al descubrir que su vagina había segregado mucho flujo… ¡Se había excitado como una perra con la pesadilla…!

La mañana transcurrió relativamente normal en la oficina, con la diferencia que sus compañeros de trabajo (en especial hombres) se habían acercado a ella más de lo normal, argumentando que hacía semanas que no la veían y querían ser atentos. Esta era una vil excusa para estar cerca de su voluptuosa anatomía, cada hombre en esa oficina sentía como la lujuria los invadía al ver a la casada, y no era para menos verla allí sentada detrás de su escritorio con ese diminuto atuendo era de infarto. Ella al ser muy educada y atenta respondía a las atenciones de sus compañeros, además en verdad le gustaba socializar, era una persona muy extrovertida. A parte de eso no tuvo mayores complicaciones hasta que el señor Martínez, su jefe la llamó para que tomara algunos apuntes. La rubia entró en aquella oficina que conocía tan bien, era espaciosa, con una vista espectacular hacia el otro edificio, las estanterías llenas completamente de libros, muy lujosa, en medio se encontraba el escritorio del señor Martínez, todo esto adornado con masetas esparcidas cuidadosamente por la sala.

– Tome asiento señora Pagán…, dijo el señor Martínez quien estaba sentado en la silla detrás de su escritorio.

– Gracias señor…, dijo Purificación, a la vez que tomaba asiento, y cruzaba sus torneadas piernas, con su libreta en mano y lápiz en otro se disponía a anotar lo que su jefe le ordenara.

– Ya le he dicho que usted puede llamarme Enrique…, decía el jefe intentando que la rubia cogiera más confianza.

– Perdóname Enrique…la rubia había olvidado por completo su acuerdo.

Enrique Martínez era un hombre de alrededor de los 45 años, de estatura normal unos 176, no era gordo, pero tampoco era flaco, aparentaba perfectamente su edad con esas canas que a muchas mujeres les parecen interesantes, aunque siendo honestos con el dinero de ese hombre siempre parecería interesante. El prototipo de hombre que hacía unos días se la había ventilado en la habitación de un hotel… A Puri no le gustaba llamarlo Enrique, sabía de antemano que muchas personas en la empresa creían que ellos (Puri y el señor Martínez) eran algo más que Jefe y secretaria, cosa que era totalmente falsa. Solo lo veía como su jefe, al cual respetaba, pero notaba como la observaba con esa mirada lasciva que le lanzaba cada vez que entraba. Esa era la razón por la que no le gustaba llamarlo por su nombre, no quería acrecentar los rumores, pero en privado podía hacerlo, a fin de cuentas nadie se enteraba y si eso hacía feliz a su jefe pues estaba bien para ella.

– No hay problema Puri… solo recuerde soy Enrique… es más usted puede llamarme como quiera, se aventuró el señor Martínez.

– Como quiera suena muy feo… creo que le llamare Enrique…, rió Puri con su sonrisa coqueta, su jefe también lo hacía. El señor Martínez comenzó a dictarle una serie de órdenes que esperaba se cumplieran en brevedad. Eso es todo Puri… puedes retirarte…, ordenó el señor Martínez no separando su mirada ni un milímetro de la escultural figura de la rubia.

Bien Enrique…, la rubia se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta, cuando iba a abrirla su jefe volvió a llamarla. – Espera…, tengo algo más que decirte…. La voz del señor Martínez sonaba indecisa. Purificación regresó y tomó asiento nuevamente.

– Dígame…

– ¿Sabes acerca de los rumores que dicen que tú y yo somos algo más…? Preguntó el jefe.

Esto tomó por sorpresa a la rubia, hasta ahora nunca había sido necesario tratar ese tema, tratando de aparentar la mayor calma que pudo respondió, – Si… los he escuchado… El señor Martínez se alejó de su escritorio y lentamente se ubicó por detrás de la rubia, rodeándola.

– No sé cómo decir esto…, claramente se notaba el nerviosismo en el señor Martínez, sudaba en demasía e incluso tartamudeaba. La rubia intuía que nada bueno podía salir de esta conversación, sus instintos femeninos se lo advertían. – ¿Qué te parece si hacemos realidad los chismes? Dijo el jefe a la vez que colocaba sus manos en los hombros de Puri

– ¿A… que se refiere? Preguntó la inocente rubia quien no le quedaba muy claro de que hablaba.

– Mira… te lo pondré así… tu eres una mujer muy hermosa y yo soy un hombre muy solitario…, las manos del jefe comenzaron a masajear sus hombros. Esta actitud asusto a la casada, quien como un rayo se levantó y tomó su distancia. – Tranquila… tranquila… tomate tú tiempo ¿Qué dices si nos divertimos juntos…?

Purificación no tuvo ni que pensarlo, la respuesta brotó sola de sus labios. – ¡¡Noo…!! Su respuesta fue tajante y contundente, al parecer al señor Martínez no esperaba eso, su rostro que hasta el momento consistía en una sonrisa maliciosa cambió drásticamente, sus facciones se tensaron, su cuerpo se irguió, estaba indignado. Puri no estaba dispuesta a ponerle los cuernos de nuevo a su marido, por nada del mundo, ni siquiera por conservar el puesto de trabajo que tanta necesidad tenía de mantener…

– Creo que no sabes lo que estás diciendo preciosa… tómalo por este lado… Soy un hombre con posibles, gano mucho más en un mes de lo que tú ganas en varios años… Si aceptas te compraría lo que tú quisieras… pero si no…. El señor Martínez no terminó la oración.

– ¡¡No… ya le dije que No…!! Puri estaba completamente segura, no volvería a repetir lo que pasó con Fernando, una y no más. Ese momento por alguna razón se imaginó que el hombre que estaba frente al dueño de la polla más impresionante que había visto en su vida…

– Si esa es tu respuesta final agarra tus cosas y vete… estas despedida, le dijo el señor Martínez muy molesto pero guardando la compostura para evitar que alguien lo escuchase, además creyendo que al temer por su trabajo terminaría aceptando.

Puri por su parte también estaba molesta e indignada, muy indignada. Los últimos días habían sido los peores de su vida, quería desquitarse con alguien y que mejor que esa oportunidad. – Es un cerdo… aléjese de mi…, decía Purificación en voz alta sin importarle que alguien pudiera escucharla.

– ¡¡Shhhhttt…!! Baja la voz…, el miedo al escándalo invadió al hombre.

– ¡¡ No me callo…!! A poco creía que soy de esas mujeres que se acuestan con quien sea por dinero…, su voz iba en aumento.

– ¡Cállate por favor…! ¡¡Has cuenta que esto nunca pasó…!! Vuelve a tu trabajo…, dijo esto intentando que guardara silencio.

– ¿Qué?… claro que no… ¡sabe que…!? ¡¡Renuncio…!! La rubia abrió la puerta, salió por ella y la cerró dando un portazo que temblaron las paredes. El señor Martínez se quedó allí petrificado, todo le salió mal, tanto tiempo que le costó conseguir el valor para proponerle aquello y no sirvió para nada, jamás se imaginó que su secretaria reaccionaría así.

Le dolía su orgullo de hombre, sabía incluso que se pudieron escuchar los gritos de Puri fuera de la oficina, estaba seguro de que sería un gran chisme, pero lo que más le dolía era que no se follaría nunca a tan apetecible casada. Purificación caminaba hacia su escritorio con los ojos inyectado en sangre y vidriosos. Escuchaba el alboroto que había causado, los empleados no dejaban de hablar entre ellos, comenzó a recoger sus pertenencias para no volver nunca a esa oficina. Ahora estaba desempleada, debería sentirse mal pero no era así, en el fondo sintió eso como una gran victoria moral contra todos esos viejos verdes que acosaban a las mujeres jóvenes, además había puesto en su lugar a su horrible jefe. Sonrió como enmendado el error cometido con follarse a Fernando…

Hace mucho tiempo que no se sentía así, segura, querida, en familia, de hecho hasta había olvidado sus preocupaciones. Sentada a la mesa con su marido y su mejor amiga, charlaban acerca de tonterías, escuchaba las risas de los niños quienes jugaban en su cuarto de matrimonio, se sentía triunfante nunca más le sería infiel a su esposo y la negativa hacia su jefe era prueba de ello.

– ¿Ya sabes lo que le vas a regalar al cabezón de tu esposo? preguntó Lidia a la rubia.

Purificación vio a su amiga recordando como era antes. Lidia tenía la misma edad que Puri, unos 26 años, se conocieron en primero de secundaria, pero no fue sino hasta segundo que se hicieron amigas, todo gracias a que en clase de química durante todo el año debían trabajar en parejas. Hasta ese momento Purificación no había contado lo sucedido en el día con su jefe, llegó a la conclusión que era hora de hacerlo. Narró cada detalle de lo sucedido como cuando le contaba cuentos a Jacobo solo que esto era más pues su jefe se había convertido en su ex jefe. Cuando terminó, notó lo molesto que estaba Cesar el cual se paró de la silla y con los puños cerrados dijo… – Ese maldito desgraciado… mañana mismo le parto la cara, nunca en la vida Purificación lo vio tan molesto, pensó que si lo tenía en frente era capaz de matarlo.

– Cálmate amor… No vale la pena ponerse así…, dijo Puri…

– Puri tiene razón… a fin de cuentas no aceptó y no pasó a mayores. Si lo hieres puedes salir perdiendo tú, Lidia apoyó a su amiga. – Pero es que… Cesar no continuó, estaba muy enojado con ese hombre, pero a la vez estaba orgulloso de su esposa.

Cesar se acercó a su Puri e incitándola a que se levantara de su asiento la abrazó, el apretón de cuerpos fue largo, muy cariñoso. – Discúlpame Puri… debiste estar muy asustada, los musculosos brazos de Cesar rodeaban fuertemente a la chica.

Purificación devolvió el abrazo, estaba muy feliz, le rememoró la felicidad de la adolescencia cuando hizo amistad con su mejor amiga… Lidia. Quizá fue el destino quien las unió pues ese día Purificación no acudió a las clases. Por lo tanto no pudo hacer equipo con nadie, de haber acudido no hubiese tenido problemas para que alguna de sus amigas la eligiese. Fue por eso que su maestra había decidido colocarla con la única niña que no tenía pareja (ni amigas) Lidia. Al principio les costó congeniar, eran muy diferentes, Lidia era la típica niña nerd, con gafas, de frenos correctores, con acné, pero también estudiosa y muy callada, que contrastaba enormemente con la belleza de la rubia, quien a esa temprana edad ya tenía un cuerpo que envidiaban muchas alumnas e incluso maestras, además era alegre, extrovertida y no muy estudiosa. De repente el pequeño Jacobo agarró la pequeña blusa de Purificación.

– Mami… dijo el niño intentando que su madre le hiciese caso. Purificación posó su mirada en su bebé y con esa sonrisa que solo ella es capaz de hacer dijo… – ¿Qué pasa mi amor? Decía la rubia aun acurrucada en los brazos de su esposo.

– Ten mami…, el joven Jacobo extendió sus manos donde llevaba el móvil de su mamita, en este se anunciaba una llamada entrante. – Gracia mi amor ¿Quién es? – Me dijo que se llama “Frenado”…, el chico no pudo pronunciar el nombre de quien semanas atrás había tenido a su preciosa mami desnuda, con sus piernas completamente abiertas y recogidas en los momentos en que se la ensartaban, mientras él estaba en la casa de su abuelita y con su papi trabajando lejos de casa. El cuerpo de Purificación se tensó, sintió un escalofrió recorrer su voluptuoso cuerpo al comprobar que el niño no solo se había limitado a leer el nombre en la pantalla sino que contestó. Podía observar como el tiempo de la llamada iba en aumento, abruptamente se separó de Cesar y prácticamente le arrebató el móvil al niño. Ni Cesar ni Lidia notaron lo desesperada que estaba Purificación, quien hacía esfuerzos sobre humanos para que no lo notaran ¿Qué hacer? Era lo que se preguntaba la casada.

¿Debía contestar?, ¿Debía colgar? Su mente su nubló, la respuesta no estaba muy clara, el tiempo pasaba, le pareció eterno aunque solo fuesen unos segundos. – ¿No vas a contestar amor? Preguntó Cesar sacándola de sus pensamientos.

– Si… claro…, Purificación como si aquello fuese lo más normal del mundo comenzó a caminar con dirección al cuarto de su hijo, estaba decidida a contestar, a terminar con esa locura, a decirle que la dejara en paz, se sentía apoyada por el cariño de su familia, sentía que podía con él. – Si… Dígame…, respondió la rubia tomando asiento en la pequeña cama individual de Jacobo.

– Al fin te escucho preciosa… la seductora voz del madurito retumbó en sus oídos.

– ¿Qué quieres? Le preguntó la casada con sus sentidos completamente agudizados, cuidando que nadie fuera a escuchar su conversación.

– No he dejado de pensar en ti y desde aquella vez… Quiero verte… eso…Rápidamente la memoria de Purificación se vio invadida por los recuerdos de esa lujuriosa noche, por la forma en que intentó desquitarse y por como nada le salió como esperaba y terminó siendo fornicada por una desconocida verga descomunal.

– No… lo de aquella vez fue una equivocación… por favor ya deja de buscarme, la nerviosa rubia hacía uso de toda su fuerza para no demostrar lo asustada que estaba.

– ¡¿Equivocación?!… ¡No niña, tu coñito no mentía… me la apretabas bien fuerte, ni mencionar lo sensacional que besas y te mueves cuando estas follando.

El cincuentón ya había perdido toda la decencia que alguna vez pudo llegar a mostrar frente a ella, se creía con derechos, así que según él podía decir todas esas majaderías.

– ¡Cállate…! Eso no es cierto…, le decía Puri en voz baja tratando de negar la verdad, y cuidando visualmente que nadie se acercara a la puerta de la habitación de su hijo, la había dejado entre abierta para poder notar si alguna sombra se acercaba dónde estaba ella, si eso pasaba tendría para solo cortar la llamada y fingir una normal conversación de trabajo con alguien.

– ¡Claro que es cierto cariño…! Y estoy que me muero por volver a saborearte entera…

Purificación no sabía que estaba mal con ella, al inicio de esa conversación lo único que deseaba era poner en su lugar a ese hombre desgraciado que osaba a llamarla en momentos tan familiares, pero sin saberlo porque, como tampoco explicárselo a sí misma esa iniciativa que la endiosaba, sumadas a los recuerdos de lo que había sucedido en aquella habitación de hotel, en el fondo le gustaban. Algo en su mente había cambiado, debía ser honesta con ella misma. Aquella noche con el maduro seductor de Fernando fue el sexo más intenso que tuvo en su puta vida. Pero eso no bastaba, en la vida había más que solo placer instintivo y carnal, existía el amor, el verdadero amor y ella lo sabía, lo sabía a tal punto que esto le ayudó a tranquilizarse un poco.

– Señor… le pido de la manera más atenta y distante… No me vuelva a llamar… no importa lo que usted diga… Amo a mi esposo y a mi familia… y no la pondré en peligro por usted.

– Ps… no te creo mami, además que no tienes que porque ponerlos en riesgo a ellos, yo solo quiero follar contigo a espaldas de tu marido… lo que sientas por debajo de tus tetas me vale un pijo… así que dime… cuando nos juntamos para tener uno de esos polvazos de antología….

– Oye… no seas cabrón… y no hables de mi familia, además que ya te dije que yo no quiero nada contigo. Cu… cuando lo hicimos yo no sentí nada, solo fingí para que todo terminara rápido… ¡¡Así que por favor te pido que ya no me molestes más…!!

Terminó por decirle la casada al capullo empresario, aun así ella no podía dejar de sentir una extraña sensación, tanto mental como física, al estar manteniendo aquel tipo de conversación con tantos tintes íntimos con el mismo hombre en que había caído en la infidelidad, sabiendo además que su marido estaba muy cerca de donde ella hablaba con el tipo que había sido muy en su contra su amante ocasional.

Sin embargo esas últimas palabras dichas por la rubia perforaron al madurito, esta era la primera vez que la notaba tan segura de sí misma y temiendo que cumpliera con su palabra y nunca más se la pudiera follar comenzó a gritar. – ¡Cómo te dije… la que me prueba repite y tú no serás la excepción nena…! ¡¡Ese culo tan redondo, tus tetas y la raja de tu coño ya son míos…!! ¡¡Recuérdalo!!

– Voy a colgar señor… esta es la última vez que le contesto.

Fue lo último que dijo la rubia, sin más colgó el teléfono. Su corazón a mil comenzó a tranquilizarse, al igual que su respiración y su nerviosismo fueron relajándose, sonrió para sí misma, sentía que había triunfado, que su vida podía volver a la normalidad que todo había terminado, de muy buen humor se levantó y se dirigió al comedor para encontrarse con Cesar y Lidia. Llegó y no estaban, le pareció extraño pues en la casa solo se escuchaba el ruido de los niños al jugar, siguió buscando hasta que llego a su sala, fue entonces que los encontró. Cesar y Lidia estaba sentada en el sillón, Purificación notó como su amiga le decía algo al oído a Cesar y como este se reía, estaban muy juntos…, tal vez demasiado. Al percatarse de su presencia Cesar se hizo el desentendido y se separó un poco de Lidia, ella hizo lo mismo, a pesar que intentaron hacerlo disimuladamente, Purificación igual notó la reacción rápida de separación que toda pareja hace al verse sorprendidos en algo malo.

– ¿Quién era amor? Preguntó Cesar algo nervioso. – Era un cliente del señor Martínez…, mintió la rubia aun pensando en la extraña escena de antes. Le dije que ya no trabajo para él. Ambos le creyeron, y sin más siguieron hablando, esa noche no ocurrió nada más notable.

Ya era entrada la noche, y Cesar no llegaba, la rubia estaba preocupada, él no era así. Por lo general pasaba toda la tarde en casa y cuando no lo hacía siempre llamaba. El nuevo trabajo de Cesar solo lo hacía el fin de semana, lo cual le permitía pasar mucho tiempo con su familia, y ahora que Purificación había perdido el suyo quería aprovecharlo para pasar todo el tiempo con su marido, sentía que de esta forma lo compensaba por lo estúpida que había sido. Seguía pasando el tiempo y Cesar no aparecía… ¿Dónde estás amor? Se preguntaba la sensual rubia, recostada en su cama solo vestía la bata que usaba para dormir sin nada debajo, era un día caluroso. Escuchó unos ruidos que provenían de la entrada, rápidamente se levantó imaginando que se trataba de Cesar, cogió sus pantuflas y se dirigió a su encuentro. Estuvo en lo correcto, se trataba de Cesar quien abría el refrigerador en busca de algún bocadillo.

– Mi amor…, la voz de Puri sonó tierna pero a la vez preocupada. Abruptamente Cesar posó su mirada en ella.

– Ho… la cariño… deberías estar dormida, era bastante obvio el nerviosismo con el cual hablaba Cesar, incluso para Puri que nunca había sido buena para leer el lenguaje corporal.

– Debería… pero estuve preocupada por ti… ¿Dónde estabas? Esa pregunta lo tomó por sorpresa, no esperaba encontrar a Puri despierta.

– Buscando trabajo…, Cesar continuaba buscando comida.

– ¿Trabajo?… ¿A estas horas?

– Si Puri… tú sabes que no me gusta dejarlos solos los fines de semana… si puedo encontrar un trabajo aquí mejor. La sensual rubia era ingenua, pero no estúpida, sabía que no le decía la verdad, que ocultaba algo, pero también era consciente que su esposo nunca le mentiría por tonterías, así que lo dejo pasar, ya se enteraría a su debido tiempo.

– Tengo hambre…, dijo Cesar, tomando una manzana y dándole un mordisco. La sexi casada, lentamente se acercó a él , moviendo sus caderas de la forma más sensual que pudo, ese movimiento que volvía loco a cuantos hombres conocía, cuando estuvo muy cerca de él dijo…

– ¿No preferirías comerme a mí? La voz de la rubia sonaba tan sexi, tan provocativa, tan coqueta, tan llena de lujuria que ni un santo se hubiera resistido.

Purificación deshizo el nudo de su bata y de un tirón se desprendió de ella, ante Cesar se encontraba en total esplendor su perfecto cuerpo desnudo, el marido veía esos enormes cantaros de miel que auguraban quitar la sed a cualquiera que tuviese la fortuna de probarlos.

– Aquí no Puri… nos puede encontrar Jacobo, decía Cesar.

Este cogió la bata del suelo y tapó a su esposa. – Tranquilo… ya se ha dormido… y sabes que duerme como una roca.

Purificación intentaba besar su cuello, lo cual Cesar impedía, alejándola un poco. – No… no…, su respuesta fue rotunda, a lo que Puri lo cogió de la mano e incitó a que lo siguiera.

– Está bien señor enojón… vamos a nuestra habitación, la rubia tenía tantas ganas de sentir dentro de ella a su esposo, lo amaba tanto, lo deseaba tanto….

– La verdad cariño es que hoy no tengo ganas… estoy muy cansado.

Esto fue un jarrón de agua fría para Purificación, en los años que llevaban de casados jamás se había negado a cumplir con los deberes de esposo, ni una vez, hasta hoy. Frustrada y algo molesta la rubia volvió a ponerse su bata, y sin dirigir palabra a su marido siguió su camino hacia su habitación, era hora de dormir. Pasaron veinte minutos y Cesar aun no entraba en la habitación, la casada entonces sintió el antojo de un bocadillo, se levantó nuevamente. Escuchó, el sonido del agua de la ducha, señal que Cesar aún seguía bajo el agua, entonces la escultural y joven madre de familia vio la camisa de su marido tirada en el suelo de la sala, ese era una de las actitudes que menos le gustaban de Cesar, acostumbraba a dejar todo desorganizado. La rubia cogió la camisa con la intención de llevarla al cesto de la ropa sucia cuando se percató de un olor extraño, instintivamente acercó su nariz para percibirlo mejor, era perfume, pero no del que usaba Cesar. Era perfume de mujer y no era del que usaba ella precisamente, la esencia era inconfundible.

Los pensamientos inundaron rápidamente la mente de nuestra protagonista, comenzó a atar cabos ¿Por qué Cesar no quiso hacer el amor?, ¿Por qué llego tan tarde? ¿Por qué dio una excusa tan tonta? ¿Estaba cansado? Él siempre había sido un tipo muy activo, no era común en el usar esa excusa. Y como todos sabemos 1 + 1 son 2, y Puri llegó a la conclusión que cualquier mujer enamorada hubiese llegado, Cesar estaba viendo a otra. Inmediatamente desechó esto, no estaba hablando de cualquier hombre, estaba hablando de Cesar Guillen el hombre que más la amaba en el mundo, seguramente eran coincidencias, su marido no podía engañarla. ¡¡Por Dios Puri…!! ¿Qué tonterías estás pensando? Se dijo así misma y con su sensual andar de caderas fue a dejar la camisa en el cesto de la ropa sucia para posteriormente ir a la cocina y prepararse un refrigerio.

Al siguiente día, muy apresurada comenzó buscando en su ropa, pantalón por pantalón, camisa por camisa, nada, después siguieron los cajones, revisó absolutamente todos desde los de su cuarto a lo de la habitación de Jacobo, igualmente nada. Por una parte eso la tranquilizaba, al no hallar prueba de sus sospechas, pero por otro lado era más inquietante sabía que algo escondía, y el no saber que la ponía de nervios. Pensó en revisar su móvil (el de Cesar), pero claro lo había llevado consigo, se le agotaban las ideas a la despampanante rubia, y como caída del cielo le llegó un pensamiento… su correo electrónico. Purificación nunca contó a Cesar que sabía su contraseña, a fin de cuentas quien pondría el nombre de su madre como tal, alguien como Cesar. Incluso algo tan insignificante como eso la molestaba, ¿Por qué no uso su nombre?, ¿Por qué no el de Jacobo?, ¿Porque idolatraba tanto a su madre? Afortunadamente no había tenido muchas noticias de ella en los últimos días. Se sentó frente al ordenador… por suerte era relativamente nuevo, por lo que no tardó mucho, abrió la página web, introdujo la dirección para posteriormente poner la contraseña, Romina Pérez, tecleo con cuidado cada letra para así evitar equivocarse. La página web tardó un momento en cargar, el corazón de la rubia latía fuertemente temiendo lo peor.

Muy despacio observó los pocos correos que Cesar tenía, no veía nada raro, la mayoría eran de personas queriéndolo agregarlo al Facebook, lentamente se iba tranquilizando, quizás todas las tonterías que le inventó todas las noches que llegó tarde eran ciertas, quizás en verdad la rechazaba porque estaba cansado y solo era una etapa pasajera. Fue entonces cuando se percató de algo que no había hecho hasta entonces, hasta arriba de la página vio un correo que ya había sido abierto, de alguien muy conocido por ella… Lidia. Sin pensarlo dos veces lo abrió, decía así… – “Sé que mañana te vas a trabajar por la tarde, pero tienes que venir a mi casa para aprovechar y hacerlo de nuevo ya que serán muchos días… la última vez estuviste genial” Purificación estaba en shock, su mejor amiga, ¿A qué se refería?, entonces recordó el olor a perfume en las ropas de Cesar, ahora sabía porque el olor le parecía tan familiar. “Tranquilízate… tranquilízate”, se decía a si misma Purificación mientras se golpeaba ligeramente la cabeza con sus manos “quizá se equivocó… si eso es…. Quizá se lo mandó a Cesar sin querer… a fin de cuentas no tiene nombre”, trataba de negarlo, no quería pensar que esos dos…Sin embargo de algún lugar debía sacar fuerzas, no supo de donde, pero debía averiguar si lo que sospechaba era cierto, inmediatamente tomó las llaves de la furgoneta, y sin importarle llevar solo puesto un diminuto short que apenas contenía su espectacular trasero, y que dejaba a la vista de todos sus muy torneadas piernas, además de una pequeña blusa blanca de esas que usan para los campeonatos de camisetas mojadas salió en busca de la verdad, si su marido había ido a casa de Lidia, quizás aún podría alcanzarlo.

La espectacular rubia inmediatamente se escondió detrás de un árbol, pudo escuchar como decían algunas palabras, que no pudo escuchar con claridad, hasta que vio a Cesar tomar su camino en dirección contraria de donde estaba ella escondida. Lidia retrocedió hacia las mamparas de su edificio y se perdió entre ellas. Purificación no pudo más, poco a poco fue quebrándose emocionalmente hasta que cayó al suelo y lloró. Recordó aquella conversación en la que hablaron sobre lo que les gustaba al hacer el amor, la manera en que Lidia le contó que desde que la había abandonado su ex prefería tener sexo ocasional y sin compromisos de vez en cuando. Ya no tenía ninguna duda, los rechazos, las excusas, el distanciamiento y ahora esto, definitivamente la estaba engañando, y con su mejor amiga. Se quedó unos minutos pensando, reflexionando sobre la situación ¿Qué debía hacer?, ¿Cómo reaccionar?, pensó en ir y enfrentarse a Lidia, a encararla pero no pudo, no era cualquier mujer, se trataba de su mejor amiga, casi su hermana de hecho la quería más que a estas. La chica se levantó, sacudió la tierra de su ropa, regresó a su furgoneta y condujo hacia su apartamento. Por el camino recordó que debía recoger a Jacobo de la escuela, secó muy bien sus lágrimas, no quería que su angelito la viera así, por el niño sería capaz de perdonarlo… al fin y al cabo ella también le había puesto los cuernos.

Por fin llegó el lunes, el día de su aniversario, tiempo atrás decidieron que tendrían una cena romántica en casa, ella tenía pensado seguir con eso. Trató con todas sus fuerzas de mostrarse lo más fuerte posible, por la mañana llevó a su hijo con su suegra, (lo acordaron previamente) no intercambiaron más palabras que un simple hola y un adiós. Se bañó, perfumó, se maquilló, y se alisó el pelo, para después enfundarse en el vestido rojo que compro días antes, después se puso unas botas negras hasta las rodillas que le quedaban perfectas. Pasó algún tiempo hasta que ya entrada la tarde escuchó que la puerta se abría, rápidamente fue a recibir a su esposo.

– Hola mi amor…, dijo la rubia, intentando parecer lo más normal posible. – Hola cariño…, respondió Cesar agotado por el viaje, inmediatamente dejó su equipaje en la sala y tomó asiento, junto a su bella esposa. Ella tenía muchas ganas de que todo fuera lo mejor posible, a fin de cuentas era el día de su aniversario, y no solo eso, era un nuevo comienzo para la que antes fue una feliz pareja. Purificación lo cogió del cuello y de forma muy cariñosa lo besó, primero en la mejilla, para después hacerlo en los labios, él la recibió gustoso, Purificación se sintió feliz de que esta vez no la rechazó por lo que continuó haciéndole arrumacos.

– Por favor… prométeme que de ahora en adelante… nada ni nadie nos separará…, la rubia no era clara respecto a lo que se refería, no deseaba serlo, no quería pronunciar en voz alta que ella le había sido infiel, ni que sabe que él también lo había sido, se conformaba con que Cesar supiera que ella estaba con él.

– ¿A… que te refieres…? Le preguntó Cesar muy extrañado mientras se separa de su exuberante mujer.

– A nada… a nada en especial… pero prométemelo…, esa era la manera que Puri tenía para decir… “Cesar, se lo que has estado haciendo con Lidia, te perdono, pero que no vuelva a ocurrir”.

Cesar la veía en ese momento tan preciosa, tan bella, tan amorosa, tan sensible que a pesar de no entender le contestó afirmativamente, a lo que ambos se fundieron en un tierno y largo beso, que fue interrumpido por Cesar argumentando tener que ir al baño, Purificación notó la sinceridad en las palabras de su esposo. Estaba tremendamente feliz, hoy era el día en que todo volvería a la normalidad, estaba segura, se lo decía su corazón. De repente de la mochila de viaje de Cesar escuchó un ligero sonido, como si algo vibrara, rápidamente la hermosa casada comenzó a buscar (creyendo que se trataba del móvil de Cesar), estaba en lo correcto, observó un momento de quien se trataba. Para su total consternación se trataba de un mensaje de Lidia. “Así que esta zorra, no deja en paz a mi marido”, pensaba bastante molesta. La curiosidad la venció y abrió. – “Tengo la tarde disponible. Si quieres podemos vernos ahora mismo aquí en mi apartamento, sé que estás nervioso y que hoy es tu aniversario, pero si te apuras alcanzaremos a echar un polvo al menos…”.

“Maldita seas Lidia” la rubia no entendía porque entre todos los hombres del mundo, su ex mejor amiga decidió acostarse con su esposo, si siempre le había dicho que no era su tipo, procedió a cerrar el mensaje y marcarlo como no leído, nuevamente lo guardo donde se encontraba. Y entonces se le ocurrió la prueba final, la prueba que definiría probablemente su futuro, ¿Qué haría Cesar cuando leyera el mensaje?, ¿Se quedaría con ella en su aniversario? O ¿saldría corriendo con Lidia?, no tardó mucho en averiguarlo, escuchó como Cesar se acercaba, tomó asiento, cruzó sus piernas de manera muy sensual.

– Estuvo sonando tu teléfono…, la rubia seguía en la misma postura, intentando parecer serena, dando a entender que no lo había leído. Inmediatamente Cesar, busco su móvil, lo abrió y no tardó más de unos instantes en leerlo.

– Lo siento querida… tengo que irme… vuelvo en unas horas…, dijo Cesar haciendo ademán de retirarse. Purificación quedó atónita, había estado completamente segura que la elegiría a ella. ¿Dónde había quedado la promesa que hizo hace solo algunos momentos? Al parecer no le importaba o eso creyó Purificación.

– ¿¡Qué…!? ¿A dónde vas?… recuerda que es nuestro aniversario, hizo un último intento por hacerlo recapacitar, no lo logró.

– Lo siento… me dicen que un amigo está en el hospital… pero no te preocupes… cuando vuelva celebraremos… te lo prometo.

La casada estaba harta, harta de mentira, tras mentira, tras mentira, si quería ir a revolcarse con Lidia no lo iba a detener, era demasiado buena como para rogarle. – Está bien…. Purificación estaba muy molesta, Cesar lo notó e intento abrazarla, ella se negó y caminó cabizbaja hacia su habitación. Sin más que decir, Cesar cruzó la puerta de salida y la cerró tras de sí.

Pasaron alrededor de 30 minutos desde el incidente con su esposo, estaba allí tumbada boca abajo en la cama, pensando en un aniversario que no celebraría, aunque su marido regresara no lo haría, ella no era segundo plato de nadie. Pensó que fue inútil todo el esmero que puso en verse bonita, a fin de cuentas su marido la había cambiado. Aun así necesitaba hablar con alguien, desahogar sus sentimientos, lamentablemente no pudo comunicarse con su madre, ni con sus hermanas. ¿A quién acudir? En esos momentos detestaba no tener amigas, amigas verdaderas, conocía mucha gente, pero eran de esas de cuando todo va bien están contigo…

Su única amiga, seguramente en ese instante estaría teniendo sexo con su esposo, y ¿Si llamaba a su suegra?, se dio un golpe en la cabeza, fue una idea de lo más estúpida, estaba segura que apoyaría incondicionalmente a su hijo, y por alguna razón sospecho que agradecería que saliera con otra mujer. Cogió el teléfono y marcó rápidamente, ya sabía a quién llamar, cruzo los dedos.

– Dímelo…, escuchó decir a una voz del otro lado del teléfono.

– Hola… ¿¡María…!? ¡Si…soy yo…!

– ¿Quién habla? Era difícil escuchar, había mucho ruido.

– Soy Puri… ¿Quizás ya no te acuerdas de mí?

– ¡¡Claro que si…!! ¡Llevas días desaparecida…!! Cuéntame ¿¡Qué has hecho!?

Purificación no tenía tiempo para eso, ni siquiera quería hablar por teléfono, deseaba hacerlo cara a cara, quería desahogarse con alguien. – Me… me…, su voz se quebró. – Me encuentro mal… necesito a una amiga… ¿Podrías venir a mi casa…? ¡Por favor…! Rogaba Puri entre sollozos y con su dulce voz.

– Tú sabes que yo te quiero muchísimo Puri, pero en este momento… si me voy de aquí mi madre y mi tía me matan. A María en verdad le dolía no poder ayudarla.

– Está bien María… no hay problema. Purificación estuvo a punto de despedirse y colgar, cuando al parecer sus sollozos conmovieron más a María.

– Discúlpame… Puri soy una egoísta… Si mi mamá con mi tía Leonor se enojan no me importa, dime donde es y allí te veo…

– No… no tengo nada de que disculparte… A veces creo que todo el mundo gira a mi alrededor, y olvido que otras personas también tienen responsabilidades…, si quieres yo voy para allí… solo será un momento y no te quito de tus obligaciones. María terminó aceptando, mataba dos pájaros de un tiro, ayudaba a su amiga y quedaba bien con su tía y su madre, así que le dio la dirección de su casa.

No fue muy difícil para la casada dar con el lugar, era unas manzanas más allá de donde estaba el concesionario de coches de Fernando, aun así ya se notaba que era una colonia obrera, las calles estaban mal pavimentadas, algunas casas no estaban pintadas y otras pintadas con grafitis, en fin era una colonia de noches peligrosas como se suele decir. Agradeció que María la esperara fuera de su casa, y al ver el lugar supo porque de principio no había querido irse, mucha gente entraba y salía del lugar, hombres, mujeres, niños, ancianos todo parecía indicar que había una fiesta. Lo primero que hicieron al verse fue darse un gran abrazo, a simple vista se notaba que la rubia estaba bastante afligida, ni siquiera esperó a que María la invitara a pasar cuando comenzó a contar sus desventuras. – ¡Pues que estúpido es tu marido…! Dijo María quien tomaba de los hombros a la rubia en señal de afecto.

– Muchísimas gracias… en serio no tienes idea lo mucho que agradezco que estés aquí escuchándome…. Las palabras de Puri rebosaban sinceridad. Sin darse cuenta la noche cayó, habían estado charlando durante un largo tiempo. – Y discúlpame… por no haberte llamado antes, ahora sé quiénes son mis verdaderos amigos.

– No tienes por qué hacerlo… lo que te hicimos el mono y yo no tiene nombre… comprendo porque no me llamaste antes.

Las mejillas de María enrojecieron, señal inequívoca de la vergüenza que sentía al recordar el incidente con su tío. Ambas terminaron con una gran sonrisa, dando a entender que se perdonaban, que todo quedaba en el pasado.

– Bueno… me voy María… dijo Puri sin mucho convencimiento.

– ¿Y a dónde iras? La sexy rubia en verdad no lo sabía, no tenía ganas de regresar a casa y esperar a Cesar, mucho menos le importaba en ese momento celebrar su aniversario.

– Si te soy sincera… No lo sé… Te propongo que te la pases aquí… a fin de cuentas esto es una fiesta y tú necesitas despejarte un poco, olvidarte del desgraciado de tu marido.

Cada vez que la rubia escuchaba que María hablaba de su esposo, su enojo crecía más y más, por lo que terminó aceptando la invitación. Ambas chicas tomaron dirección rumbo a la casa de María, donde entraban y salían niños comiendo algodones y agarrándose a patadas, al parecer al interior de la casa había mucho alboroto, la música sonaba muy fuerte y las risas de los asistentes no se hacían esperar. El lugar era bastante amplio, más de lo que la rubia creyó antes de entrar, María la hizo pasar por la casa para después dirigirse al patio, que era donde la gente se encontraba reunida, unas doce mesas perfectamente alineadas hacían parecer que había más gente de la que en verdad era, y en una esquina un pequeño espacio donde la gente bailaba alegremente, se percató que también había una entrada trasera, y de unos cuantos globos pegados a la pared. Sentía que todo mundo la observaba, no estaba muy lejos de ser verdad, pero ella ya estaba acostumbrada, por lo cual trató de no darle más importancia. María estaba junto a ella, presentándole a mucha gente, la mayoría familiares, tíos, primos, incluso conoció a sus padres, unos señores mayores bastante agradables, no esperaba menos de quienes criaron a tan buena chica como María. Ambas pasaron a sentarse en una de las mesas del final, las cuales estaban pegadas a la pared. Por momentos María debía dejarla sola, pues era hasta cierto que era coanfitriona y no podía dejar sola a su madre con la responsabilidad.

Si volvemos al momento en que Fernando vio aparecer en esa fiesta a la mujer que protagonizaba sus fantasías más perversas, no se lo creía, se restregaba los ojos pensando que tal vez debido al deseo de volver a poseerla comenzaba a imaginar, pero su compañero corroboraba lo que veía. Lo primero que debía hacer era averiguar que hacia allí, se imaginó que se quedaría por algún tiempo, pues iba muy arreglada, aun así debía estar seguro. Su estrategia era hacer como que llegaba tarde al recinto. Al salir de la fiesta, regresó, solo que esta vez lo hizo por la puerta de enfrente, creía que si Puri lo veía, podría asustarse y a la mierda con sus planes. Se quedó por un momento expectante, tenía que hablar primero con María, y averiguar todo lo que pudiera, así que sacó su teléfono y le marcó indicándole que la esperaba en la entrada. Purificación llevaba bailando con un sujeto alrededor de un cuarto de hora, sin darse cuenta ya había tomado algunas cervezas, no se podía decir que estuviese ebria, sin embargo eso contribuía a que se sintiera más relajada, más divertida, e incluso más atrevida. Aquel tipo por momentos como no queriendo la tomaba del trasero, ella podía sentir que esto no era accidental, sin embargo no lo detenía, en parte porque así se bailaba la Lambada, y en parte porque ese tipo era un buen bailarín y se estaba divirtiendo. Veía como su amiga María, quien se supone debía estar cuidándola se besaba apasionadamente con un tipo que no era su novio, aunque esto era claramente debido a la cantidad exagerada de alcohol que ingirió, parecía una muchacha tan frágil, tanto que no imaginó lo buena que era para beber.

– Hola ricura…, dijo Fernando quien confiando en que tal vez el alcohol ya hubiese hecho efecto se dio valor y se encontró con la rubia.

Fue una sorpresa encontrarse con ese hombre, aunque María ya le había dicho que estaba en la fiesta al no verlo durante toda la noche pensó que quizás se había ido, sin embargo a pesar de la sorpresa su sobresalto fue mínimo, en verdad no tenía motivos para temerle. Además, con unas cervezas de más todo se ve diferente. Hola…, respondió a secas la rubia, intentando no dar importancia a aquel seductor sin despegar la mirada de su amiga. ¿Quién se imaginaba así a mi sobrinita…?

– Parece que se lo va a comer…, Fernando apuntó hacia donde estaban los dos besándose, y era verdad, María lamía con desesperación la boca de aquel individuo.

Purificación pensó lo mismo, y sin poder evitarlo soltó una ligera risa, que el madurito tomó como una aprobación para él seguir allí. – ¿Cerveza? el empresario estiró su mano donde llevaba una botella. La mareada rubia de reojo puso atención a la botella que le ofrecía…, Fernando en la otra mano otra botella obviamente para él, o sea, aquel encuentro no era fortuito, pensaba la rubia para sus adentros. El cincuentón con toda seguridad la había estado siguiendo un buen rato hasta decidirse ir a hablarle llevando cervezas para ambos. Extrañamente ese detalle le gustó, de igual manera que esa noche Fernando tenía un presencia mucho más seductora que otras ocasiones… elegante y muy bien arreglado. Sin decir palabra alguna Purificación la tomó y comenzó a beber.

– Te veo más bonita que la última vez que te vi…. Se aventuró a decir al oído de la rubia, valiéndole un pijo que su esposa estuviese por allí, y de hecho la señora Leonor no perdía detalle de como su marido le hablaba al oído a aquella mujer que vestía como una puta por aquellos barrios… – ¿En serio? Preguntó coquetamente la rubia, después de lo pasado ese día con su esposo se sentía con derecho a jugar, a dejarse llevar un poco, o quizás hablaban por ella el alcohol que injirió. En verdad todo lo ocurrido influía en ver al madurito seductor con otros ojos, otras apetencias hacia él. La habilidosa mano de Fernando se posó en la rodilla de la chica, tomando valor gracias a que su mesa estaba pegada a la pared, y al tener manteles lagos nadie podía ver lo que hacía.

– Ya vas a empezar con la mano larga…, rió nerviosa la chica, retirándole la mano. El simple contacto había hecho que su piel se pusiera de gallina recordando la noche que pasaron juntos, además que después de todo ello ya habían intimado ¡¿Qué más daba una simple tocada en sus piernas que le reforzara su ego?! Se decía.

– Es que no puedo evitarlo… eres una diosa… Daría todo mi dinero por hacer el amor contigo…

– Querrás decir follarme otra vez.

Nuevamente la mano de Fernando se posó en la rodilla de la chica, solo que esta vez la masajeaba fuertemente y subiéndola al inicio de su suave muslo, evitando así que se la pudiera retirar, cosa que esta vez la rubia no pensó en hacerlo, solo lo dejaría un rato. – Ay si… A ver dámelo todo, dijo Puri incrédulamente.

– Por supuesto… vámonos a lo oscuro del jardín…, echamos uno rapidito…, dijo Fernando sin mandobles, a lo que la casada no pudo más que reír, le sorprendía el atrevimiento que manejaba.

– ¡Eres un descarado desconsiderado!, ¡¿Cómo se te ocurre en una fiesta familiar…?! dijo Puri tratando de reprenderlo, pero su sonrisa no le permitió sonar intimidante.

Cada vez sintiéndose más confiado la mano de Fernando subió un poco, ahora abiertamente masajeaba su muslo, sentía su tersa piel, y lo fuerte que tenía la pierna debido al ejercicio. La chica ahora si intentaba retirarla, pero sus esfuerzos eran en vano, quizás debió levantarse pero no quería hacer un escándalo, o quizás era que se la estaba pasando bien, de cualquier forma seguía allí, coqueteando con el hombre que la tuvo ensartada semanas atrás con el falo más majestuoso que nunca conoció. En verdad, si no fuera por la extrema diferencia de edad, sería un apuesto macho del que tarde o temprano se enamoraría… lo tenía casi todo lo que le gustaba… encanto, seducción, extroversión, simpatía y un estado físico para su edad muy bien mantenido, naturalmente sin contar con miembro viril de escándalo que la ponía cachonda solo de pensar en él.

– ¿Dónde está tu marido? Preguntó Fernando, quien ya sabía la respuesta, María le contó lo que sucedió con Cesar y el hombre tenía planeado usarlo a su favor, sabía de lo que era capaz de hacer una mujer despechada.

– Probablemente teniendo relaciones con mí ex mejor amiga.

Al parecer el alcohol también estaba haciendo que Puri se sincerara, ese dato era bastante íntimo y lo contó demasiado a la ligera, le dio otro trago a la botella, sin inmutarse.

– ¡Qué hijo de puta…! Teniendo a semejante bellezón en casa. Eres una tremenda hembra Reina, de verdad que no entiendo a ese tipo de idiotas.

La mirada del empresario reflejaba lujuria, una lujuria que inundaba su ser. Por otro lado el morbo ya recorría el sensual cuerpo de la casada, era bastante evidente que estaba caliente por el solo hecho de que la mano del semental que se la había follado a pelo ya en una ocasión, cada vez subía más buscando una segunda vez. En ese momento jugaba con su pequeña ropa interior, pensaba que solo era cuestión de tiempo para que avanzara hacia su intimidad, no intentó detenerlo, por el contrario abrió un poco sus piernas para facilitarle el acceso a su chumino. – Así me gusta princesa, dijo él al notar como la chica no ponía resistencia. – ¡Ahhh…! Fue el ligero sonido que Puri dejo escapar, al momento de sentir los gruesos dedos del cincuentón que jugaban con sus labios vaginales apretándolos ligeramente. Puri no podía resistirse, la escena le parecía de lo más morbosa y ardiente. Por momentos miraba hacia donde estaba María, cada vez estaba más cariñosa con aquel sujeto, y esos dedos que la estaban volviendo loca, en esa fiesta llena de gente, ¿Dónde estaba esa Puri que jamás permitiría que alguien que no fuera su marido la tocara en su intimidad, y menos en un lugar público? Probablemente se fue cuando descubrió que su marido y mejor amiga la engañaban y todo el amor carnal se desplazó a otro lugar…, Sintiendo que otra vez la tenía en sus manos, el madurito le propuso que se fueran…

– Vámonos a otro lugar… a charlar, dijo Fernando intentando convencerla. A lo que Puri no respondió, se lo estaba pasando bien allí.

Él no cesaba en los jugueteos con el coño mojado de Purificación, ahora los metía y sacaba rápidamente, queriendo excitarla más sin ver resistencia en ella. En eso una voz femenina los sacó del trance en el que estaban.

– Fernando ¿qué estás haciendo? Dijo la vieja Leonor molesta, desde el otro lado de la mesa, en ese lugar no era capaz de ver que su marido masturbaba a la rubia, sin embargo se percató que estaban muy juntos. Inmediatamente el vividor detuvo su labor y retiró su mano de la intimidad de Puri.

Ella se dividía entre el alivio de que ya no la tocara y la frustración de querer seguir experimentando esas sensaciones. – Cariño… ¿Cómo estás?… mira ella es Puri… Es la antigua administrativa del concesionario… y me pasé a saludarla.

Quién hubiese imaginado que ese hombre extraordinario, tan macho, y tan varonil sería un calzonazos de primera, a leguas se veía lo nervioso que estaba. La rubia, aun con su respiración agitada vio a aquella señora del montón con la que tuvo unas palabras gruesa antes del baile con ese tipo que se pagaba bien a su cuerpo, recordó lo mal que la trató sin siquiera conocerla. En su actitud, vio el tremendo parecido con su suegra y entonces su subconsciente habló por ella… “Me voy a follar a tu marido”, ¿Sería tan malo volver esas palabras realidad? Pensaba en Cesar, cuando volviera a verlo quería poder decirle a la cara, si tú me engañaste en nuestro aniversario yo también, pensaba en esa vieja frígida de su suegra reflejada en la persona de Leonor, y quería darle una lección. Sin olvidar lo más importante… pensaba en ella misma, desde la vez que probó a ese hombre supo que le encantó hacerle el amor, y ahora sí que tenía una buena excusa para repetir e iba a aprovecharla.

– Aja… si claro, decía incrédula la señora… vámonos a casa, ya es tarde…, ordenó tajantemente.

¿Qué hacer?…, Se preguntaba Fernando, por un lado no quería desobedecer a su esposa, ella era la verdadera dueña del negocio, y sabía que era capaz de divorciarse si algo no le parecía, en ese caso se quedaría en la calle con una mano delante y otra detrás, pero por el otro veía a la espectacular rubia allí. La notaba receptiva, con ganas de repetir, de probar otra vez su formidable cipote madurito, en ese momento un pequeño incentivo le ayudo a decidir. La delicada mano de la rubia se colocó en la pierna del indeciso hombre, y comenzó a darle ligeros apretones…, le masajeaba dándole a entender que no se fuera porque lo mejor vendría pronto. El seductor incrédulo ante esto la miró de reojo, mientras ella le devolvía la mirada con una sonrisa pícara, coqueta provocativa.

– No… tengo unos asuntos pendientes de discusión con esta chica…, respondió secamente Fernando, disfrutando de las caricias.

– Mira mamón… Vámonos o ya sabes de lo que soy capaz. Le amenazó la señora, imaginando a que se refería con lo de “asuntos pendientes”.

– ¡No me jodas estúpida…! ¡Vete para la casa sola, o tú te vas a enterar de lo que yo soy capaz…!

Esta era la primera vez en toda su vida que Fernando amenazaba a su mujer, ella se asustó, el hombre fue tan convincente que a ella solo le quedó bajar la cabeza y obedecer… Probablemente porque también la tenía viciada a los placeres de su verga… los tres hijos que le hizo, y ser el único que sabía llevar el negocio con mano firme. También podría ser que No quería armar un escándalo, se sentía humillada, odió que le hablara así, pero lo que más detestó fue ver la cara de esa mujer rubia quien esbozaba una sonrisa burlona como diciendo “¡Te dije que me voy a acostar con tu marido!”, sin más se retiró de la fiesta, dejándolos solos a ambos. Apenas el infiel esposo perdió de vista a su mujer volvió al ataque de la escultural casada…

– Ya no aguanto… vámonos de aquí, susurró el gerente al oído de Purificación.

– ¿Para qué? Reía la casada masajeando la pierna del madurito, viéndose ganadora de la primera batalla.

– Para charlar claro…

– ¿Y de que hablaríamos? Preguntaba Puri, con ese acento que a veces usaba de niña ingenua.

– Pues no sé… quizás de lo bien que nos lo pasamos la otra vez… o no sé… quizás de tu próximo empleo… pero qué tal si lo averiguamos cuando estemos solos.

A la rubia le calentaba escuchar ese tipo de insinuaciones, y lo del empleo no sonaba mal…. Fernando ya se había dado cuenta y pensaba aprovecharlo. Por un momento se quedó pensativa mientras se preguntaba si en verdad estaba dispuesta a volver a acostarse con ese cincuentón interesante y que la hiciera suya.

– ¡Ummm…!¡Está bien…! Pero solo vamos a hablar….

Decir eso reconfortaba a la inquieta casada, aunque en el fondo ambos sabían que solo eran patrañas y que de cualquier forma, había muchas posibilidades de que la noche terminara abierta de piernas con el coño repleto de leche masculina. Fernando no creía lo sencillo que fue convencerla, pensó que sería más difícil, agradeció enormemente que el cornudo de su marido la engañara eso facilitó las cosas. Purificación se levantó de su asiento, y tomando de la mano al maduro arrogante insistió que la siguiera. Él lo hizo sin protestar, a la vez que tenía su mirada clavada en el espectacular culo que tenía frente a él, no pudo evitarlo y con la mano que tenía libre le propinó una cachetada ligera que solo resonó para ambos. Los pocos asistentes que quedaban vieron estupefactos como se marchaban juntos…, nunca pensaron que un hombre de su edad pudiera ligar con semejante ejemplar femenino…, sin embargo su sorpresa fue mayor cuando ella simplemente rió de una manera muy sensual cuando la asió de la cintura, y siguió caminando.

De repente al percatarse que María seguía agasajando al mismo tipo, le pidió a Fernando si podía meterla al interior de la casa para que durmiera, María estaba muy ebria. Era su amiga no quería que alguien se aprovechara de ella. No quería que engañara a su pobre novio, que a pesar que no le agradaba mucho por lo que le hizo, pues sabía que María se sentiría mal por una estúpida borrachera. En ese momento el tío haría cualquier cosa que la rubia le pidiese. Así que fue, se la arrebató a aquel sujeto, no sin que este no se molestara, la metió a la casa. Una vez que salió se reencontró con la casada, y ahora si salir por la puerta trasera.

El maduro Fernando abrió la puerta de la oficina del concesionario…, había logrado convencer a Puri que fueran allí. Era la primera vez que la casada entraba en esa oficina, durante el tiempo que trabajo allí nunca lo hizo. Todo se iluminó con una luz interior débil amarillenta, y por primera vez Puri se dio cuenta del coqueto lugar que era con aquel ambiente. No es demasiado extraño que en una oficina hubiese un sofá-cama, además del escritorio. Estaba pegado en la pared, y estas se encontraban totalmente cubiertas con muchos posters de mujeres semidesnudas y otras completamente desnudas y abiertas de piernas mostrándolo todo. El suelo estaba limpio y olía a perfume de lilas, sin duda un toque femenino de María.

– Ponte cómoda nena, dijo el madurito separándose de la chica para ir a una esquina donde estaba un pequeño refrigerador, lo abrió e inspeccionó. La rubia procedió a sentarse en el sofá, el cual rechinó un poco debido a algún resorte gastado de esta.

– Un lugar acogedor… dijo Purificación mientras sus manitas alisaban su rubio cabello, una costumbre que tenía cuando ella estaba nerviosa.

– A “cogedor” es la palabra…, dijo el madurito sonriendo, a la vez que sacaba lo que parecía ser la última cerveza, para después sentarse junto a la casada. – Tú siempre con sus albures…, dijo coquetamente Puri. El madurito no respondió a eso, en su lugar cayó a la chica dándole a beber de su cerveza, ella dio un gran trago.

– Ahhhh… creooo… que me quieres emborrachar. Sus manos limpiaron las gotas que se le escurrieron de sus labios.

– No mi reina… Lo que quiero es tener una noche de pasión follando como locos…, la excitación que sentía el madurito estaba por los aires, y ese pequeño juego que se traían lo volvía loco. – Mira lo que provocas en mí…, Fernando posó su mirada en su pantalón, mientras la chica seguía la mirada. Era verdad, debajo de su pantalón de pinzas, se notaba el gran bulto que cruzaba hasta su muslo cargando a la izquierda., producido por la fastuosa polla del susodicho macho. – ¿Yo he ocasionado eso? Decía coquetamente Puri, dándole una ligera palmada en la rodilla, y mirándolo provocativamente.

– Claro que si… con ese vestidito… la manera en que te mueves… me sorprende que tu maridito te deje salir así por la calle.

Nuevamente sus manos comenzaron a masajear las piernas de Puri. Purificación no quería que la conversación girara hacia Cesar, en ese instante era lo último que deseaba, lo último que quería… Se levantó del sofá, paseo por la habitación, mientras el seductor bebía su cerveza, disfrutando del sensual meneo de caderas y bamboleo del culo de la rubia.

– Bonitas imágenes…, dijo la casada refiriéndose a los posters en la pared de mujeres en pelotas.

En otras ocasiones le parecerían vulgares, pero no ahora, ahora tenía ganas de divertirse y le daban ambiente al lugar. Puso especial atención en una imagen de una mujer que estaba sostenida de cabeza totalmente desnuda en una mesa, mientras hombres parecían aplaudir tras de ella. El madurito notó ese interés, por lo que muy seguro dijo…

– Es una strippers… de esas chicas que menean el culo por dinero… me parece que tú también eres buena para eso, te encaja bien ese tipo de trabajo.

– ¿Tú crees…? La rubia posó sus manos en su gran trasero, se veía alegre, juguetona, traviesa.

– Por supuesto… es más… ¿Qué tal si bailas un poquito para mí, reina?

Por un momento Puri no respondió, mordía su doblado dedo índice con su boquita de rojos labios sensuales lo cual la hacía verse tremendamente deseable, pensando si hacer o no lo que le pedía el madurito.

– Ay no como crees… nunca he bailado así… Además que para eso se necesita música.

Purificación no estaba muy convencida, una parte de ella se negaba, pensando que podía hacer el ridículo, pero la otra quería hacerlo, quería sentirse sexi, deseada, no importándole que solo la viera Fernando. Por eso no te preocupes cariño…, él se levantó del sillón, y de debajo de esta sacó una vieja radio con lector de CD’s bastante gastada, pero que aún funcionaba para sus propósitos.

– ¿Entonces qué nena… te animas? Preguntó el madurito sacando un billete de 20 €, mostrándoselo…, esto provocó una risa en Puri.

– Está bien machote… ¿Pero no le parece que me merezco más que 20 €? Preguntó la rubia con esa sonrisa que invitaba al pecado.

– Te mereces esto y más princesa… Pero primero debo ver el show… La estruendosa risa del maduro resonó en todo el cuarto. – Además a mí deberías cobrarme más barato ¿no crees? Le seguía diciendo a la misma vez que le mostraba el arrugado billete.

En verdad a Puri le valía un capullo el dinero, lo que en realidad quería era jugar, divertirse, pasárselo bien sin recordar nada de lo vivido ese día y hasta el momento lo estaba logrando. – ¿De verdad quieres que te baile solo por 20 €…? A la rubia le daba morbo jugar a ser la puta del maduro vividor, ya que así ella lo sentía en aquel momento, jamás en su vida había pasado por su mente bailar por dinero, y menos por tan poco, tan barato, pero ese al ser solo un juego la estaba calentando de sobremanera.

– Sí… nena… si bailas y te portas bien te daré más… el madurito estaba que enloquecía de calentura. En ese momento comenzó a sonar la música, reggaetón.

Fernando siempre lo odió, le parecía estúpida y sin sentido, pero en ese momento lo agradeció, pues Purificación lentamente comenzó a menear sus caderas. El cincuentón entonces se acomodó en la orilla del cojín del sofá, disfrutando del espectáculo. Purificación se movía como una profesional, por momentos sus movimientos eran lentos, sexis, y por otros aceleraba el ritmo frenéticamente, mientras sin quererlo su vestidito se le subía un poco dejando a la vista del él, esa zona donde las piernas continúan con las nalgas. Gira, y gira, levanta sus brazos, toca su cuerpo de manera muy sensual, se siente, sexi, provocativa, deseada y quiere que el madurito también se caliente, lo logra pues se da cuenta como Fernando frota su miembro por encima de su pantalón, El bulto es inmenso. La casada camina lentamente hacia él, se da media vuelta, agacha la mitad de su cuerpo, de esta manera su culo queda a escasos centímetros del rostro del machito. Él no aguanta, y con cada mano toma cada nalga de la chica, para después intentar besarlo como tanto lo ha deseado. Lo hubiese logrado de no ser porque Puri fue más rápida, se separa unos metros, y sonriendo mientras con su dedo índice lo menea de forma negativa.

– ¡No… no… no…! Recuerde que nada más se mira… no se toca. Purificación seguía sin perder el ritmo.

Esto no agradó mucho al empresario, pero lo dejo pasar, la dejó llevar la situación por el momento, a fin de cuentas sabía que si estaba allí con él era porque ya había ganado. En tanto Puri cada vez se volvía más atrevida, si hasta ya se agarraba sus pechos con ambas manos y se los masajeaba, por instantes arrastraba su vestido para arriba, para después volver a bajarlo dejando su trasero a la vista del recalentado Fernando. No importando que ya lo ha visto antes es imposible no maravillarse ante esa visión, a pesar de su tamaño, está completamente limpio, sin rastro alguno de imperfecciones, y no solo eso también ve las grandes tetas, que suben y bajan debido a lo bien que baila su dueña. La sonrisa de Purificación no se hace esperar, sabe que ese hombre la desea con todo su ser, y ella ya no puede ni quiere negarlo. Ella también lo desea. Por momentos su hermoso cabello dorado le impide la visión, a lo que muy sensualmente se lo retira de sus ojos. Nuevamente la rubia se acerca, coloca una de sus espectaculares piernas al lado de Fernando quien no puede creer lo que está pasando. Sin perder su coqueta sonrisa ni el ritmo de la música, toma el cierre de su bota y lo desliza hacia abajo…El madurito toma su mano y le dice… – No te las quites… te ves muy sexi así… en un ratito te las quitaré yo mismo…

La rubia sonríe y vuelve a subir el cierre, si al seductor le gustan y quiere ser él quien se las quite en un rato, por ella no hay problema. Entonces vuelve a separarse de él y continúa bailando, dándole la espalda tocándose sensualmente. – ¡¡Mucha ropa…! ¡¡Mucha ropa…!! Gritaba el madurito sin dejar de masajear su verga por sobre la tela. La casada sabe que el madurito tiene razón, ha llegado el momento de despojarse de su vestido, ese vestido que compró especialmente para tener una cena romántica con su marido. Comienza a sacárselo, eso sí muy despacio para que el macho se caliente más, y claro que lo logró. Fernando al notar que el vestido ya había pasado de la cintura para arriba estiró sus dos manos encajándole el arrugado billete de 20 € contra el elástico de su diminuta ropa interior y sus suaves carnes de la cadera.

Purificación a sabiendas que de alguna forma y con juego y todo el seductor vividor follador, ya le había pagado lo pactado por aquel erótico baile estuvo a punto de quitarse el vestido, sin embargo cuando ya lo llevaba a la altura de sus pechos la música dejo de sonar. Lo siento machote… pero ya te dije que sin música yo no bailo…. Para posteriormente regresar su vestido a su posición y acercarse un poco al hombre, el billete se mantenía atrapado en su baja ropa interior. El aguante de Fernando había llegado al límite, la cogió de la mano y forzándola la acercó ubicándola frente a él. Poniendo más fuerza, la obligó a que se sentara en sus piernas, quedando ella encima de él con sus piernas abiertas sintiendo el cipote erguido del hombre en su vientre plano, su vestido en forma automática se le subió a la altura de su cintura, ambos estaban con sus rostros a escasos centímetros.

– Muy bien preciosa… Si no quieres bailar ¿Qué quieres hacer? Las manos se habían metido por debajo de la tela del vestido y jugaban con la espalda de la chica, le encantaba la curva que ahí existía cuando las pasaba por sus caderas y bajaban a su trasero.

– No se… Me dijiste que veníamos a hablar…, fingiendo ingenuidad, intentando que ahora fuera él quien tomara la iniciativa. Y así lo hizo, cuando tomándola con una mano, la besó larga y duramente.

Purificación sentía la mojada y cálida lengua del hombre que buscaba los lugares profundos de su dulce boquita otra vez profanada, y los encontraba. La excitada hembra cerró sus ojos para abandonarse a aquel macho. Sus lenguas se mezclaron nuevamente, solo que esta vez lo hacían de manera más frenética, la rubia distinguía el olor a alcohol que emanaba de él, o quizás aquella emanación era de su boca, no lo sabía, lo interesante era que no le desagrada encajando en aquel contexto de lujuria y excitación. Sus manos que hasta ahora se encuentran en el colchón suben y toman la cabeza de Fernando con la sola intención de hacer más efusivo aquel adultero beso con lengua. Tras un rato es el mismo Fernando quien toma las manos de la chica y las lleva hacia su masculinidad endurecida, obligándola a que se la masajee por encima del pantalón. Incluso al sentir esa verga por encima del pantalón, su corazón se acelera al recordar lo que la hizo gozar la vez en que se la había follado, y sobre todo lo que la haría gozar ahora. En el cuarto se respira sexo, está en llamas y aún faltaba lo mejor.

Purificación de un momento a otro se despegó de aquel salvaje beso, necesitaba respirar, sus tetas subían y bajaban aplastándose con el pecho del madurito. Pero Fernando no estaba satisfecho, por lo que otra vez la asalta besándola en forma apasionada y caliente esta vez por el cuello de la casada, por momentos dejaba de hacer esto para darle pequeños mordiscos en la oreja. La chica pensó que podría estar en estas mismas circunstancias con el Señor Martínez y haber conservado el puesto que tanto necesitaba… ¡¿Pero su ex jefe tenía la misma verga que este macho al que estaba punto de follar?! No se lo plateó más, ella estaba allí y con un hombre llamado “caballo” o al menos la tenía como tal…

– ¿¡Tie… tiene condones…!? Pregunta Puri sin dejar de masajear el miembro del madurito, ella ya quería acción.

– No…! no necesitamos condones reina… ¿¡¡Así al ras…!!? ¡Me encanta follarte a pelo! La rubia en ese mismo momento dejo de masajearlo.

– ¡O lo hacemos con preservativo, o me voy…! Sonó muy convincente, tanto que él se lo pensó.

Purificación por su parte a pesar de las ganas que tenía que la verga del macho estuviera nuevamente entre sus piernas horadando su coño, no quería que todo eso se le fuera de las manos, no quería la Preñaran…. No estaba la cosa para bromas. Era verdad que el madurito podría obligarla a tener relaciones sin condón, pues era más fuerte que ella, este mismo dudaba que la rubia pudiera acusarlo de violación, mucha gente los había visto muy cariñosos en la fiesta, y estaba en su oficina prácticamente por voluntad propia, pero por otro lado quería tenerla por las buenas, quería ver de lo que era capaz de hacer esa mujer casada ahora que la tenía completamente a su merced.

– Está bien, pero con una condición…

– ¿Cuál? Purificación estaba expectante, sintiendo como el cincuentón le acariciaba la espalda.

– Quiero que me hagas una mamada antes…

– ¿Qué….? Preguntó Puri no por no haber entendido, sino que la petición la tomó por sorpresa.

– Como lo oyes… quiero que tu boquita se coma mi enorme y dura verga…

No tuvo que pensarlo demasiado, a decir verdad ella lo deseaba desde hacía mucho…, deseaba probar y chupar el grueso y largo cipote nervado de ese macho, y qué mejor trato que ese.

– Muy bien… Recuéstese…, ordenó Puri separándose del gerente tomando sensualmente su cabello con ambas manos, de la misma forma en que lo hacen las mujeres antes de chupar una verga y esta no era fácil de tragar.

Este inmediatamente obedeció, no sin antes deshacerse de su camisa, de su pantalón, y con dificultad de sus botas, quedando de esta forma semidesnudo, solo vestido con un bóxer a cuadros. La chica veía a un hombre bien formado cuyas carnes un día fueron mucho más firmes, estando aún en un estado armonioso y atractivo… Este estaba recostado boca arriba habiendo desaparecido la pequeña pancita que se notaba al estar de pie, sin apenas vello espeso, era un hombre muy agraciado físicamente, pero su belleza se multiplicaba con su musculoso miembro viril erguido como ahora, el cual Purificación observaba con total deseo. El enorme bulto que se formaba debajo del bóxer estaba completamente a su disposición.

La rubia nuevamente subió a una cama ajena para serle infiel a su marido, y como una gata buscando a su presa gateó por el pequeño sofá-cama que rechinaba por cada movimiento que la hembra hacía quedando su bello rostro a pocos centímetros de la virilidad de Fernando. Sus manos cogieron los extremos del bóxer, y muy decidida se lo bajó con la ayuda del él que levantó apoyando fuertes piernas. De nuevo sintió la sorpresa de verse ante un fenómeno que se mostraba totalmente erguido y fuerte. Aquel varonil mástil masculino mostraba su dureza con esas hinchadas venas que a cualquier persona le parecerían asquerosas por deformar en parte una estilizada polla suave, pero que a ella le fascinaban…. Eran todo un estímulo en las terminaciones nerviosas de en sus paredes vaginales y para su boca. A escasos centímetros la rubia percibía el fuerte olor a macho pese estar aseado… esa barra de carne olía a testosterona por todo sus poros, lo cual provocó una ligero rechazo, pero no lo suficiente como para retirarse, dado que al impregnarse sus papilas el resultado era una mayor atracción.

Su experiencia en esos trabajos manuales era muy poca, alguna que otra vez lo había hecho con Cesar, pero no duraban mucho, debido a esto Purificación no sentía mucha confianza de hacerlo bien por lo que se limitaba a masajearle las piernas muy cerca del gran rabo. – ¡Vamos nena…!no me hagas esperar… ¡¡chúpamela!! Bramaba Fernando.

– ¡Espera un poco! Sus dedos comenzaron a jugar con esos testículos que la chica notaba duro por lo llenos de leche, la cual se desbordaría dentro de ella en breve. De manera muy tímida los masajeaba, les daba ligeras caricias, mientras su azulada mirada seguía sin apartarse de la verga. Fernando sentía una extraña mezcla de dolor y placer pues las cuidadas uñas de la chica por momentos lo arañaban, pero no le importaba, el caliente empresario estaba dispuesto a soportar eso y mucho más. En eso la tímida boquita de la casada comenzó a darle ligeras lamidas a la hinchada cabeza, esta le sabía un tanto salada por el líquido pre-seminal, sus dedos gradualmente iban cobrando velocidad y confianza masajeándole las majestuosas bolas proporcionales al tamaño del pollón al que debía servir. Al tiempo que introducía un poco esa verga en su cavidad oral, inmediatamente la saca, le era un poco difícil hacerlo, era muy grande. Pero el madurito la agarró de la coronilla metiendo sus dedos entre sus dorados cabellos y la obligó a hacerlo, primero unos centímetros, después unos pocos más, dejándosela por momentos así obligada por su manaza. La cara de la rubia tiembla por la presión de su cabeza, y la verga en su boca, en esta posición le es difícil respirar y aún faltaba una cantidad considerable de tronco.

– Cariño… Usa más tu lengua…, le propone entre alaridos Fernando completamente excitado.

Ella obedeció, y era capaz de percibir que ese mazo, al igual que su rostro vibraba en su cavidad bucal, por lo que avanzó un poco más, pero aun así no se la puede meter entera como era natural… – ¡¡Ahhhhahah…!! Se escuchaban los rugidos del enardecido madurito. “Dios mío… ¿Cuánto falta por meter? Me es imposible albergarla entera…” Pensaba desorientada, excitada y algo temerosa, pues el capullo ya le atoraba la laringe.

– ¡Vamos nena… ya te falta poco para que este toda dentro… ¡¡Ohhh…!! Pero Puri no le hizo caso, estaba totalmente convencida que ya no entraría más, poniendo resistencia ante la fuerza del enloquecido macho ejercía sobre su cabeza intentando metérsela toda, mas sus esfuerzos no daban frutos, pues en un momento las piernas del madurito rodearon su cabeza y aplicando mucha fuerza ahora si la hacen avanzar más. – ¡¡Mnnnnffffffff…!! Es lo único que se escuchó de la voz de la suculenta casada, sus manos estaban apoyadas y empuñadas sobre el colchón, estas trataban de oponer resistencia ante la violenta acción del hombre de follarle la boca.

Por un momento permanece inmóvil, intentando adaptarse al rabo que la penetra oralmente, intentando adaptarse para poder respirar. El madurito se sentía genial, estar allí, con su enorme verga cubierta y apretada por la dulce boquita de la sensual rubia, es una sensación inigualable, la presión ejercida por sus piernas disminuye, con esto intentó que por fin la casada comience a moverse, desde su posición podía ver como Purificación abría enormemente su boca, se veía tremendamente caliente y sensual, digna de ser inmortalizada en un cuadro del mejor pintor. Por su parte la rubia pensaba que gracias a Dios ya sentía que la presión sobre su cabeza disminuía, y en estas condiciones sus labios comenzaron con el mete y saca que el madurito tanto deseaba, sus preciosos ojos se clavan en el rostro de Fernando, el cual con cara de gozo total miraba al techo completamente satisfecho, mientras resoplaba como bestia con toda su boca abierta. En ese momento sus piernas la liberan completamente, cayendo en la cama. El cuerpo de la chica siente sensaciones nunca antes experimentadas, por primera vez está excitada por hacer una mamada, las veces que lo hacía con Cesar su esposo era más bien por compromiso, por querer que el sintiera bien, pero en ese momento en verdad disfrutaba todo eso porque ella deseaba esa verga para sí sola, había deseado mamársela desde el día que se la vio por primera vez en la habitación del hotel.

Por momentos la casada necesitaba respirar y se la sacaba completamente, en esos momentos eran sus manos son las que lo masturbaban, pasaban de esos balsudos testículos llenos de esperma, para casi en el acto asir el robusto y grueso tronco, y seguir hasta casi llegar al glande, y así después volver a bajarlas y subirlas rápidamente frotando aceleradamente el miembro deslizando el prepucio. Lo estaba masturbando muy bien con ambas manos, pues una no daba de sí… Solo cuando se metía un tercio del tronco en su boca para mamarlo a velocidad rápida, su mano derecha pajeaba el resto hasta llegar a sus ciclópeos huevos, los cuales eran masajeados por la mano izquierda intentando cubrir todo el gran escroto, algo casi imposible. – ¿Te gusta como lo hago cabrón? Le preguntó con ese insulto que da confianza en tal situación hincada en la cama masturbándolo rápidamente con sus dos manos…

El madurito no estaba para responder nada, pero sigue jadeando muy excitado. – Lo voy a tomar como un sí…, ríe coqueta y sensual, tan excitada como el mismo semental fornicador que tiene delante, e incluso tal vez más que él. Así continuaron por varios minutos más, ambos cada vez estaban más calientes. Purificación estaba sorprendida por el aguante de ese hombre, a pesar de no querer pensar en su marido era imposible no caer en la comparación, si estuviese haciendo eso con Cesar hacía mucho rato que ya se hubiera terminado…, pero Fernando, no solo tenía la dotación genital más alucinante que había visto en su vida, sino que denotaba una capacidad fornicadora digna del semental más potente. En tanto Fernando sentía la amenaza de derramar todo su ardiente semen en esa boquita de ensueño, aunque le sonaba realmente tentadora aquella tarea no quería hacerlo, el desea penetrarla, meterle su verga firmemente por el coño como a ella le correspondía, y no estaba seguro que si se corría una vez, podría volver a levantársele la verga, así que ya no aguantándose más en el punto de casi no retorno, con sus dos manazas la agarró de sus cabellos haciéndole un poco de daño, obligándola a retirarse de su tranca mientras se apretaba la base del cipote para no expulsar toda su leche.

– Espera golfilla… ya déjala, me vas a dejar seco…, el madurito le decía esto con su respiración muy agitada, su rostro estaba rojo. Purificación también estaba con su respiración agitada, de su boquita colgaban deliciosamente pequeños hilillos de saliva mezclados con semen que el madurito no pudo evitar finalmente que le salieran directamente de sus testículos. A la rubia le resultaba difícil creer todo lo que estaba pasando, semanas atrás no se hubiese planteado estar allí nuevamente, con el hombre que prácticamente arruinó su vida, increíblemente estaba disfrutando de darle una mamada, una mamada que con su esposo no disfrutaba. Fernando evitó en el último momento que se tragase toda la corrida, pero no pudo salvar el aldabonazo de aviso, no siendo copioso se lo tragó ricamente. El sabor de su semen no estaba mal, aunque prefería el sabor del de su marido, y en ello influía la alimentación… de haberse dejado correr por completo la descarga de leche espesa y caliente hubiera sido demencial.

Subiendo más en el colchón y apoyando su espalda en el respaldo el madurito se dio a decirle lo que ahora quería que hicieran… – Sí… ven, ensártate tu solita…

La mirada de la rubia se posó en la virilidad del macho, sorprendida al notar que a pesar de lo que ya había pasado, seguía allí, estoica, orgullosa, y erecta. – Espera… recuerda… sin condón no hay acción…, rió mientras se acomodaba de rodillas en el colchón, limpiando con su mano los hilillos de semen que le escurrían por los labios, los sentía deliciosamente salados.

Tomó su vestidito, y haciendo como que iba a quitárselo, pero no lo hacía, dando a entender que debía obedecer o de lo contrario no sería capaz de seguir jugando. Fernando intento oponerse, negarse, sabía que las sensaciones disminuían con el preservativo, sin embargo algo en esa mirada azul le advertía que debía hacerlo, le indicaba lo decidida que estaba la rubia a retirarse si no cumplía su promesa. No le quedó de otra más que estirar su mano y sin girar a ver sacó del cajón cercano a la cama una pequeña caja que decía DUREX extra grandes con retardante. Tiempo atrás el empresario agradecía a los dioses la existencia de los condones, habían evitado que tuviera cientos de hijos, por la cantidad de coños regados por doquier. Unos de los últimos había sido el de su sobrina María, así es de vez en cuando se la follaba en aquella oficina después del trabajo… a la niña le gustaba disfrutar del pollón de su tío a escondidas de todos, ella lo buscaba y él se dejaba llevar por un coñito adolescente… Al menos hasta donde él sabía, estaba consciente de que no eran 100% efectivos, pero en ese instante los maldecía, los odiaba hubiese dado cualquier cosa por que la rubia se retractara. “¿Sabes que papito…? A la mierda con esas porquerías, quiero sentir toda tu verga al natural frotando tus hinchadas venas por todo mi conejo hambriento”. Imaginaba que decía Puri, lamentablemente no ocurrió así. No perdió el tiempo en pedir a la rubia que lo ayudara, estaba demasiado excitado como para perder más tiempo, rápidamente se lo puso.

Al ser testigo de esto la despampanante rubia lentamente se deshizo de su vestido, intentando ser lo más sensual posible, como en aquella película antigua que había visto de Demy Moore, con Cesar, recordó como su pobre maridito se había sonrojado al verla, no por la escena en sí, sino porque no le agradaba que Puri notase que se sentía atraído por otras mujeres, quien se hubiera imaginado que tiempo después estarían ambos teniendo relaciones sexuales con otras personas en el mismo día del aniversario de bodas… La prenda fue a dar a una esquina, aquel vestido rojo que con tanta dedicación había ido a comprar para sorprender a su marido en su aniversario de matrimonio, terminó por caer encima de la mesa de trabajo de aquel emprendedor que la iba a follar dándole lo suyo. Que monumento de mujer era la casada, semidesnuda, con sus pezones visiblemente duros a través del sostén que hacía esfuerzos sobre naturales para mantener esos pechos dentro, ese diminuto tanga algo empapado, aun adornado con el arrugado billete de 20 € que parecía estar olvidado por ambos participantes, todo eso coronado con esas sensuales botas negras.

En esa oportuna habitación, a los pies de un hombre que en unos momentos se la follaría sin el más mínimo miramiento, y probablemente la hubiera inseminado sin la exigencia del condón por parte de ella…, la visión era morbosa… muy morbosa. El madurito levantándose un poco de su lugar la atrajo hacia él haciéndola gemir, el sofá- cama rechinaba lascivamente cada vez que los amantes hacían cualquier movimiento, la chica no lo sabía pero eso la excitaba más. Fernando otra vez buscó su boca consiguiéndolo con mucha facilidad, sus callosas manos apretaban fuertemente las tetas de Puri…. – ¡¡Ouuuooooo…!! Es el sonido que salió de entre los rojos labios femeninos ante el placentero dolor que experimentaba la rubia, mientras acariciaba tierna y apasionadamente ese incipiente músculo calvo de 25 cm palpitantes, sintiendo en su estómago el miembro que muere por penetrarla, sin separarse del apasionado beso.

– No me jodas… ¡¡qué buena estas nena…!! Le dijo el seductor separándose de sus exquisitos labios, ambas bocas quedaron unidas por tres puentes colgantes hechos de la mezcla de la saliva de ambos. La rubia apresuradamente llevó sus manitas a su espalda y destrabó el broche de su sostén, casi con desesperación, deshaciéndose de él y arrojándolo adonde fuera para quedar con sus tetas al aire. Deseaba sobremanera sentir las grandes manos del maduro masajeándolas sin tela de por medio. Ni tonto ni perezoso el madurito entendió el mensaje, frente a él completamente desnudas aparecen las dos ubres más grandes y suaves que haya visto y sentido en su vida, se sorprendió de cómo incluso siendo tan grandes no les afectaba la gravedad, estas brillaban y se mecían deliciosamente por cada movimiento que la casada hacia solo a centímetros de su ardiente mirada, como un verdadero poseso se las agarró para comenzar a masajearlas contundentemente.

Antes de casarse su madre solía hacer burla sobre el exagerado tamaño de las mamas de su hija, diciendo que su futuro nieto sería un afortunado, seguramente estaban llenas de abundante leche, en ese momento no escurría una sola gota de ese líquido, pero el madurito se sentía el más afortunado del mundo cuando su golosa lengua las llenó con saliva, sintiéndolas, y saboreando ese sabor un tanto extraño pues las gotitas de sudor le resbalaban hasta los rosados pezones.

– ¡¡Aaaaggghhh!!Exclamó de calentura la rubia, al tomar el miembro de Fernando, colocarlo en la entrada de su vagina y comenzar a ensartarse lentamente, había hecho a un lado su pequeño tanga, y sentía como ese portentoso ariete masculino pleno de virilidad se abría paso entre su húmeda intimidad, disfrutando con cada centímetro en su avance.

– Así princesa… métetela tu solita…, le decía el viril cincuentón sin dejar de mamarle esos pezones que le encantaban.

Las caderas de Puri comenzaron a moverse, primero muy despacio, para después ir adquiriendo velocidad, conforme su placer aumentaba, atraía desenfrenadamente con sus manos al atractivo macho, con tal de que este no deje de chuparle las tetas, como a un niño que no se quiere despegar de su mamá, y él lo hacía gustoso. La rubia al cabo de unos segundos, ya totalmente encajada en la verga del seductor empresario haciendo firmes círculos con su vagina intentando exprimirlo completamente buscando profundidad. Era impresionante el ¡Plock! ¡Plock! Que sonaba cuando sus cuerpos chocaban, pero algo no andaba bien, al menos eso pensaba la rubia, por alguna razón no estaba siendo tan satisfactorio como la última vez.

– ¡¡Como se mata al gusanillo nena…!! ¡¡Como se mata al gusanillo…!! Le decía él sin esperar respuesta aludiendo a una canción que escuchó hace tiempo, a la vez que al ser testigo que mientras la rubia lo estaba cabalgando efusivamente.

En el elástico de su braguita apartada hacia un lado se mantenía agarrado el billete de 20 €, que él le había cancelado, esto extrañamente lo calienta hasta la estratosfera. La casada se limita a seguir gimiendo y moviéndose, a la vez que el macho la nalguea con rudeza prácticamente loco de excitación. No… no seas tan salvaje cabrón…, pide Puri sin dejar ni un segundo de menearse, tras esta petición Fernando armándose de valor la cachea incluso más fuerte haciéndole vibrar las carnes de las nalgas dejando el rubio culo marcado de un color rojo. ¡¡Cállate zorra… aquí soy yo quien manda…!! En ese momento mordió ligeramente esos pezones rosados, causando un dolor en Puri, que no pudo contener.

Que rápido cambiaban los papeles, hacía algunos momentos la casada presentía tener el control absoluto de la situación, estaba segura que si el madurito no la obedecía y no se ponía el condón se podría ir sin ningún problema, pero ahora no, ahora era él quien podía hacer con ella cualquier cosa que quisiera y de una manera desconcertante eso le agradaba más todavía. ¡¡Qué gran macho es Fernando!! Se decía con los ojos cerrados, apoyándose con sus manitas en el pecho de él y galopándolo con energías. La cama ardía de deseos carnales, ardía al ritmo de los gimoteos, de los jadeos, de las palabras obscenas, del calor que sentían sus protagonistas, los resortes parecían querer ceder ante las embestidas del macho en celo. Del madurito, quien pasados unos buenos minutos de cabalgata femenina había tomado a la casada y colocándola en la típica posición del misionero, seguía penetrándola como un desquiciado. Ella desde su posición hacía esfuerzos tremendos por aguantar los empujones que la atravesaban sin compasión. El hombre se apiadó se ella no sometiéndola a cargar con su peso, apoyándose de sus rodillas y brazos que posicionó a cada lado del cuerpo trémulo de la dama.

Ella sufre con cada mete y saca, siente que se le va la respiración cuando la atraviesa hasta el estómago. No está segura si eso vale la pena, a pesar de lo bien que está sintiendo, mucho mejor que cualquier vez con Cesar. No se asemeja en nada a la última vez, y eso de cierta forma la molesta y se pregunta ¿por qué?, la respuesta no le llega inmediatamente aunque sea muy obvio (el condón). Los siguientes minutos continuaron de forma similar, con la diferencia que la chica ahora era como una muñeca, había dejado de moverse, de gemir, de disfrutar, ahora era el maduro fornicador quien en ese momento llevaba la batuta del coito, un acto sexual tajante. Él iba penetrándola, y agasajándosela hacia adelante con su verga cuando se la embutía, impidiéndole que ella pudiera pensar con claridad, con la luminosidad que se necesita para levantarse, tomar sus cosas y retirarse, orgullosa como la mujer casada que se supone que es.

– Acaba ya CABRÓN…, me las estás empalando entera…, dijo en un momento la casada intentando terminar con aquello.

Era una estúpida si creía que el macho en ese estado terminaría así como así, este estaba frente a la mejor experiencia de su vida, y aun tenía suficiente cuerda como para seguir horas debido al retraso con la corrida interrumpida y la disminución de sensibilidad por el condón. Cada vez que su verga se abría paso sobre esos labios vaginales se sentía en el cielo, pero sabía que las sensaciones se multiplicarían a mil si se quitaba la goma. En eso una mejor idea atraviesa su mente, como una pluma levanta a la sexy casada quien aún vestía su pequeño tanga con el billete adornando sus caderas y sus botas a las rodillas, por lo que rápidamente la recuesta boca abajo. El madurito como pudo estiró su mano para tomar el bolso de la rubia correr el cierre de este y ponerlo al lado de su cara…

– Toma tu dinero y guárdalo en tu bolso que con lo que te voy a hacer ahora te lo has ganado con creces…

Purificación más por salir del paso que por darle la razón al madurito llevó una de sus manos hacia su estilizada y brillante cadera deslizando el billete de 20 €, hasta sacarlo y guardarlo dentro de su bolso, como si ese fuera su estipendio económico por todo lo que le estaban haciendo, su corazón se aceleró al pensar de lo barato que estaría cobrando si todo aquello fuera real y no un juego entre ella y el ordinario gerente.

– Ahora si chiquita… prepárate que te voy a abrir el culo…, rió Fernando sin imaginarse el horror que esas palabras le causaron a Purificación, quien al escuchar esto hizo por separarse, claro que sin éxito pues el hombre se ha subido encima de ella con su gran verga entre el canal que separa sus nalgas.

– ¡No…! por favor… ¡¡Noooooo…!!Suplicaba Puri intentando patalear con el mismo éxito que un jugador de futbol cuando acaban de sacarle tarjeta roja. Solo dos cosas evitaban la inminente porculada de la casada, una era la diminuta prenda negra que aun llevaba puesta y la otra la excitación que sentía el madurito teniéndola así, rogándole que no lo hiciera.

Tenía pensado apiadarse un poco de ella, pues los dedos de él fueron primero a su boca, y los humedece para después empezara a lubricar un poco el ano. – ¡Ahhh… ¡Ahh…!Gritó la rubia al sentir esos dedos intrusos que ya jugueteaban en el interior de su conducto anal, la casada era capaz de sentir lo húmedo de esos dedos, sentía miedo y dolor, recordó vagamente como hace un tiempo hizo sexo anal con su esposo, lo mucho que le había dolido, tanto que empujó a Cesar hasta que este se cayó de la cama, pensó que si el tamaño del miembro iba en relación directa con el dolor ese madurito podía matarla.

– ¡Aléjate Cabrón…! ¡¡No… Por favor…!!

– Tienes un culazo espectacular yegua… así que no me jodas… de seguro el estúpido de tu marido jamás te ha tocado aquí.

En ese momento sus dedos pellizcaron fuertemente las paredes del culo de Puri, a lo que nuevamente ella reaccionó con un grito de dolor. Como excitaba al madurito tenerla a su completa merced, rogando, temerosa, pero en el fondo sabía que también excitada, igual o quizá incluso más que él. Fernando estaba convencido de que Purificación había nacido para ser una puta en celo y él se encargaría de despertarla. Por ahora solo disfrutaba de la vista, y de las sensaciones pensando cuantos hombres podían decir que se habían follado a una mujer tan buena como ella, y no solo una vez, sino dos veces. “Aléjate de mí capullo asqueroso”. Recordaba a todas esas mujeres que lo habían rechazado, sintiéndose superiores a él, por lo que llegó a la conclusión que ninguna de ellas no le llegaba ni a los talones a Puri, a su Puri. A pesar de su oposición la rubia no podía negar que el seductor era hábil, la hacía sentir sensaciones que nunca pensó experimentar, sin embargo sabe que el ancho de dos dedos no se comparaba con el de su miembro, ese descomunal rabo de caballo que la había hecho gemir.

– Te… te… propongo algo Fernando…! Dijo la rubia rápidamente intentando no demostrar sus gemidos.

El madurito ni siquiera respondió, por lo que Puri continúo. S… si… si no me la metes por el culo… le dejo quitarse el c… co… con… condónnn…!! No pudo evitar gritar esta última palabra la sensación era muy placentera.

El madurito como no creyendo lo que sus oídos escuchaban paró de pronto, esto alegró un poco a Puri pues lo tomó como una señal de que el empresario se lo estaba pensando, aunque el tiempo que transcurrió así fue poco porque le bramó al oído de Puri. – ¡Trato hechooo…! Y entonces tomó el preservativo y lo sacó del gran pollón…, salió con dificultad bañado de líquido. Lo arrojó al suelo, y fue a dar a un lado de la cara de Puri, quien estaba recostada boca abajo, eso la hizo sentir un poco mal, al ver ese condón pensó que tal vez no debía estar allí, que el pavimento… que su marido la engañara no era motivo para dejarse follar y mucho menos inseminar por ningún otro sujeto, sin embargo sabía que ya no había vuelta atrás.

Ya mucho más tranquila la casada esperaba que se quitara de ella, para nuevamente poder acomodarse de tal forma que pudiesen tener un sexo más “normal”, pero algo iba mal, el madurito no se quitó y cuando lo hizo rápidamente se recostó sobre ella, quedando su trabuco a escasos centímetros del ano. – ¡¡Noooo…!! Gritó de dolor la casada cuando no importándole el trato realizado con la chica, el madurito le metió una pequeña parte de su descomunal falo por el pequeño orificio anal, no sin antes desplazar un poco hacia un lado el tanga, la cual estaba tan estirada que una vez terminado aquello ya no se usaría más. Él tenía una cara de triunfo total, estaba dándole por el culo a la diosa Purificación sin condón. Estaba muy apretada como siempre se imaginó, sentía un extraño dolor, le era difícil avanzar, esas paredes ofrecían dura resistencia, eso sería por poco tiempo.

El sudor nublaba su visión, pero no le importaba, las sensaciones en su tiesa y gruesa verga eran mejores, la chica gritaba como loca, a la vez que recordaba los gritos de la primera vez que se la clavó por el coño…, esos ni siquiera se le acercaban. – Tranquilícese señora Pagán…, en un rato se acostumbrará y hasta aullará de placer…, le dijo con cierto tono de sarcasmo.

Ya tenía la mitad de su estaca clavada, pero pensó que ya no se podía más, era todo lo que entraba, tal vez solo era cuestión de aflojarlo un poco. Purificación no podía creer lo doloroso que era eso, alguna vez había escuchado que el peor dolor era el de dar a luz, el que dijo eso debió ser hombre pues que se la metan por el ano era mil veces peor pensaría Puri, días después de terminado aquello, pues no se pudo sentar cómodamente en tres días. Fue entonces cuando comenzó a sacarla y a meterla, muy lentamente pues no quería dañarse, poco le importaba la integridad física de la casada, en ese momento no era más que unas enormes nalgas que le proporcionarían un enorme placer.

– ¡¡Quitateee…!! Volvió a gritar Puri entre alaridos de dolor, y al igual que antes no tuvo efecto. Tres cosas iban en aumento, el doloroso mete y saca, cada vez más rápido, el pavor de la enculada casada totalmente ensartada y el placer del gerente que había logrado meter toda su verga hasta los huevos.

– Te voy a hacer adicta a mi verga putaa…¡¡ Si tienes cara de que te encanta que te la metan por el culo…!!

Bramaba el cincuentón totalmente fuera de sí mientras todo traspirado no dejaba de meter y sacar su verga en el dilatado pero aún apretado agujerito. Purificación hacía esfuerzos sobrehumanos para no desmayarse, sus manos perfectamente cuidadas estaban sujetas con todas sus fuerzas al colchón, al igual que su boca que en un afán de aminorar el dolor, lo muerde. Se ve espectacular con su bella melena rubia cubriendo en su totalidad su rostro, con sus enormes tetas aplastadas en una grisácea sabana casi trasparente, y con sus enormes nalgas retumbando ante el peso del madurito en sus empujones, su piel se encontraba con un bello color rojizo debido al esfuerzo hecho. En fin se ve hermosa, a diferencia de él, su maduro cuerpo retumba, su cara de placer contrasta enormemente con el bonito rostro de Puri, este lleno de dolor.

Pasó un largo tiempo para ella así, hasta que el hombre sin retirar su verga se separó de ella obligándola a seguirlo para terminar poniéndola en cuatro patas. Con mucho cuidado la despojó de sus botas, para arrancarle bruscamente el diminuto tanga y tomarla de los brazos. Agarrándola de la cintura y su hermoso culo, sin dar tregua o descanso continuó penetrándola, ahora completamente desnuda, más fuerte y más brutal que antes. El horrible dolor que la rubia había experimentado hace un rato había disminuido considerablemente, ahora solo sentía una molestia menor, pero molestia al fin y al cabo. ¡¡Se sorprendía lo que daba de sí su cerrado esfínter!! Por suerte para ella.

– ¡¡Termina por favor…!! Dice Purificación muy exhausta, rogando a dios que el fornicador se apiade de ella, pero eso no sucede.

En esa posición el macho puede nalguearla las veces que quiera, y lo hizo muchas veces, y cada vez que vuelve a clavársela follándose a su yegua, la agarra por el cuello o por los cabellos de su frente, esa impresión le da por la manera en la que la está “cabalgando”, domando. – ¡¡Muge mi yeguaa…!! Le ordenó Fernando sin saber que un mugido es un sonido que hacen las vacas, no las yeguas. – ¡¡MUUUU…!! ¡MUUUU…!!

Gritó la rubia intentando que con esto el madurito termine, que la deje de martirizar, pero sin darse cuenta esto le agradó, le gustó sentirse meramente un animal, una bestia, hecha exclusivamente para su amo y si a esto le sumamos que el dolor había desaparecido por completo, ahora empezaba a asomarse lentamente el placer. A Fernando no le importó que ella haya hecho como una vaca y no como una yegua, lo importante es que le obedeció, como debía de ser, a fin de cuentas era suya, hasta que él lo logró, logró domar a la yegua.

– ¡¡Ahhhhha…!! Ya no son gritos lo que sale de la dulce boca de la casada, ya son gemidos, y no de dolor, sino gemidos de auténtico placer. Placer que va en aumento. – ¡¡ Así chiquita…!! Demuéstrame que eres una hembra…!!

– ¡Más bien seré una puta barata! Me acabas de dar por el culo por solo 20€.

La chica afloja su cuerpo y se mueve al compás del empresario, como si estuvieran en un baile de enamorados, como si se conocieran de toda la vida, así al menos lo siente ahora ella. Fernando otra vez la tomó con una mano de su sedoso cabello rubio y con fuerzas desmedidas la jaló hacia atrás haciendo que la rubia quedara enderezada a medias y con su espalda arqueada, solo para decirle… – Eres mía… nena… me oyes… mía, le dijo en el oído, para luego empujarla como si ella fuese cualquier cosa quedando a duras penas otra vez puesta en cuatro patas recibiendo la verga por el culo.

“No puede ser… esto se siente muy… pero muy bien”…, piensa Puri entregándose totalmente, ahora entendía porque las personas hacían ese tipo de cosas asquerosas, la sensación era increíble. Además el riesgo de quedar preñada es nulo… – ¡¡Así…!! ¡¡Así…!!¡No pares cabrón…!!¡¡No paresss…!! Gritaba Puri fuera de sí, sus jadeos de caderas en retroceso eran los que ahora se comían la robusta y larga polla de Fernando. A ella le encantaba estar comiéndosela por el culo, sus tetas se movían circularmente al ritmo de los meneos de forma hipnotizantes, también de atrás y hacia adelante ambas perladas de sudor, era impresionante. La vagina segregaba mucho fluido, esta era la vez que más lo había hecho e irónicamente se la estaban metiendo en medio de las nalgas.

El maduro seductor Fernando otra vez la levanta, sin salirse de ella y nuevamente se recuesta en la cama boca arriba, quedando de esta forma con Purificación arriba de espaldas a él. La hermosa rubia algo sorprendida gira la cara hacia él, con ese rostro de macho atractivo que ofrecía una sonrisa limpia de dientes blancos, es como si estuviese diciéndole, “estoy exhausto… pero quiero seguir follando… te toca hacer el trabajo a ti cabrona” Esa voz sonó tan clara en su cabeza que no le quedó más que obedecerla. Ahora era ella quien se penetraba por sí sola, le resultaba difícil, nunca lo había hecho en esa posición y mucho menos por el culo. Fernando con una mano masajea y la sostiene por una de sus suaves nalgas y con la otra detiene su tranca para que la rubia se ensarte con mayor facilidad.

– ¿Te gusta ahora recibir por el culo…? ¿Te gusta? Le preguntó Fernando.

– ¡Siiiiiii…!! Gritó la señora de Guillen, tomando sus enormes tetas con sus manos, al ella vérselas todos los días no es consciente de lo grandes que son. Para cualquier otro esa visión era impactante. – ¡¡Dios mío…!! ¡¡No pares…!! ¡¡POR FAVOR NO PARES…!!

El rostro de Purificación estaba irreconocible, era de una vulgaridad absoluta, sin poder evitarlo hilillos de saliva le resbalan de su boca, sus perdidos ojos azules se clavaron en el techo, su mente estaba en blanco, parecía que no estuviera allí, solo se daba a disfrutar del placer anal que Fernando le otorgaba con su verga fastuosa. Ahora Purificación por cada minuto que pasaba se movía más rápido que antes, más fuerte, más rico, realmente lo estaba haciendo mejor, se está volviendo realmente buena para hacer el coito anal, hasta el punto de ser como hacer el amor con amor, ese madurito la está instruyendo de maravilla. “Es tan bueno… se siente tan bien”, es en lo único que es capaz de pensar la hasta hace poco pura casada, en ese momento no es más que un simple objeto sexual, ni las putas se comportan como lo estaba haciendo ella. El tiempo pasaba y pasaba, y ninguno de los dos sabe cuánto tiempo había transcurrido desde que comenzaron a darse por el culo, y ni les importaba tampoco, son uno solo unidos por el placer que los baña, los inunda, los enamora. El cincuentón sabe que está en sus límites, Purificación sabe que está en sus límites, sus líquidos se juntan, escurren, se alean y se vuelven uno solo.

– Eres mía Purita… dilo en voz altaaa…! Le ordenó el macho alfa.

– ¡¡SIiii…!!¡¡Soy…!!¡¡Soy…!! ¡¡TUYAAAA…!!

GritaPurificación, en ese momento hubiese dicho cualquier cosa, justo en ese momento tiene el mejor orgasmo de su vida y como si estuvieran sincronizados el semental eyacula, lo hace de manera abundante y por primera vez en su vida la rubia siente ese líquido viscoso llenar su esfínter, aunque esta vez no sería la última. Los chorros de lefa se concatenan uno tras otro hasta siete convulsiones. El placer del maduro seductor es inmenso recibiendo por su parte los fluidos que emanan de la vagina de la casada, le encantan, a la vez que besa su espalda. “Que ricoooooo…”, fue el último pensamiento que tuvo antes de caer hacia adelante, completamente traspirada y exhausta, pero a la vez plena y feliz. Ya no podía sentir un mal desagrado cuando alguien la mandase a tomar por el culo, en verdad sería todo un placer.

– ¿Cuándo volvemos a echar otro polvo muñeca…?Le consultaba Fernando, justo en el momento en que la rubia totalmente desnuda, y por ahora sin ninguna gota de pudor recogía sus prendas para volver a vestirse, obviamente sus braguitas al igual que la primera vez quedaron destrozados e inutilizables. El empresario también estaba desnudo y recostado en la cama masajeando su ya flácido espigón con una pequeña gota de semen en la puna de su capullo, observándola con ese masculino rostro.

A Purificación no le gustaba la manera en que le llamaba señora, le hacía sentir la mala de la película cuando la culpa de todo la tenía Cesar por engañarla. Aun así y estando todavía en estado de desnudo completo le respondió… – No te preocupes… yo te llamo….

Y era verdad ella tenía pensado llamarlo, después de esa noche no le quedaba duda que le encantaría regresar a acostarse con él en cierto modo se sentía atraída por el cincuentón de buen atractivo masculino e increíble polla…

– Oye culona que tal si te acompaño a casa, no me gustaría que anduvieras por ahí sola a estas horas, ya casi son las 2:30 de la madrugada. A esta hora anda mucho cabrón suelto que se paran en los semáforos en rojo para ver si pueden asaltar los vehículos que se paran.

La rubia que ya estaba con su sexy vestido rojo puesto y terminado de ponerse sus botas lo miraba sonriente, si bien ella no tenía miedo de irse sola a esas horas sabía que era verdad lo que decía el hombre, eran muchos los casos en las noticias de asaltos de ese tipo, pero más le agradaba que a pesar de solo querer sexo con ella, él siempre la sorprendía con detalles halagadores.

– Ay no… puedo irme sola, no vaya a ser que por ir a dejarme a ti te pase algo malo, le dijo cuando ya se daba a ordenar sus cabellos y mirar el aspecto de su cara en un pequeño espejo que sacó de su bolso.

– No te preocupes por mi preciosa, yo estoy acostumbrado a andar de noche…Fernando ya estaba casi vestido, la respuesta negativa de la rubia era más un “Sí Fernando ve a dejarme en casa” que “No mamón… No se preocupes”, su sonrisa así se lo había demostrado.

Purificación conducía serenamente hacia su casa, a un lado de ella iba el cincuentón que la acaba de dar por el culo en una fascinante follada, con él se había acostado ahora por propia voluntad, pensaba seguir acostándose con él, o al menos lo haría el tiempo en que Cesar lo hiciera con Lidia, “lo que es justo… es justo”, pensaba en cada semáforo en rojo que debía detenerse, donde el empresario con sus rudas manos se daba a sobarle esos torneados muslos que solo hacían minutos habían estado completamente abiertos solo para él. Cuando la furgoneta ya llegaba a la esquina del edificio donde vivía la rubia, fue Fernando quien le indicó donde detenerse… – Estaciona bajo esos árboles princesa…

La casada creyó saber porque le pedía que estacionara en ese lugar, a pesar de que este se encontraba prácticamente ubicado solo a unos metros de la entrada principal. La oscuridad reinante era casi total para quien observara desde el edificio, lógicamente era para poder bajarse sin que nadie del edificio lo viera descender de su vehículo, ya que si eso ocurría la gente rápidamente empezaría a inventar cosas.

– Ok Fernando, ya llegamos…

– Si, que tal un besito de despedida reina, ya te dije que besas muy bien…

– No tonto, ¿Cómo se le ocurre? Estamos prácticamente enfrente de mi apartamento, y al parecer Cesar ya está en casa… hay luz encendida en la sala principal.

– Solo un beso mi Diosa… para irme tranquilito para mi casa…

– ¡Ay no! Una cosa es que lo hayamos hecho en tu oficina, pero ahora estamos donde yo vivo con mi marido…

– Eso no te tiene que porque importar rubia, él también te engaña, no…Ya se había reclinado hacia el cuerpo de la casada buscando su boca, y si bien Purificación ya no lo rechazaba tanto por lo bien que la había hecho sentir hace menos de una hora, le daba pánico besarse con otro hombre casi enfrente de su hogar, por muy quebrantada que estuviera su relación en aquellos momentos.

– Fernando, de verdad que no puedo besarme aquí contigo, si quieres otro día nos juntamos…

– Solo un beso nena… anda… ¿Qué te cuesta?, si aquí en lo oscuro nadie nos ve…

Y la rubia sabía que nadie los vería ya que desde su ventana era imposible ver hacia el sector en donde estaban, pero aun así estaba indecisa, solo se daba a intentar esquivar los avances del hombre en su insistencia para poder besarla, fue en eso que sintió los dedos del cincuentón deslizándose por la raja de su chocho entreabierto, claro que sobre su vestido. La rubia sin más le abrió su boca y sus labios para besarse con él, más por intentar calmarlo que por otra cosa. En el interior de la furgoneta a los pocos minutos Fernando, ya no se conformaba solamente con un simple besuqueo ahora la sobaba en forma enardecida, el macho de verdad quería aprovechar esos últimos minutos con aquella Diosa que él había logrado hacerla debutar por el ano aquella misma noche por todo lo grande. Por su parte Purificación solo deseaba que el macho quedara satisfecho con sus besos para que lo más pronto posible se bajara de su furgoneta y se fuera, y no porque lo quisiera, sino por el horror que sentía al imaginar que algún conocido se acercara a su vehículo y la viera en tan comprometedora instancia con aquel sujeto. En el barrio todos sabían que ella estaba casada, y que Cesar era su celoso marido. Fue cuando la rubia abrió sus ojos para decirle que ya con eso bastaba, o que quizás el próximo fin de semana lo podrían hacer de nuevo cuando su esposo no estuviera.

Pero entre besos y sobadas sus ojos dieron con los iluminados ventanales de su apartamento en donde claramente una figura masculina estaba de pie mirando hacia el exterior. Lógicamente esa silueta era la de Cesar, ella la conocía muy bien. Esa sola situación hizo que su corazón empezará a latir fuertemente como si de verdad ella viniera de correr los 100 metros lisos, y recordando como en aquella misma tarde ella lo había visto salir del apartamento de Lidia, se dijo que también era justo se besara con su maduro amante, justo enfrente de su apartamento. El empresario por su parte también se percató de ello, separándose por unos breves minutos y tras mirar hacia los ventanales le dijo… – Parece que te están esperando ricura…

– Que siga esperando… él ya tuvo lo suyo esta tarde y antes que nosotros nos encontráramos… bésame Tonto…

Ahora el cincuentón prácticamente se la estaba devorando, mientras no paraba de meterle mano por donde más pudiera. El saber estar corrompiendo a la casada casi en las mismas narices de su esposo, lo calentaron de sobremanera. Creía saber que su rubia también estaba caliente como una cafetera, ¡¡Se la iba a follar en la misma furgoneta!! Purificación por su parte seguía con lo suyo, mientras los dedos de la mano del macho jugueteaban con su desnudo coñito, ella entre gemidos y movimientos de acomodo en el asiento del conductor ya estaba reaccionando a los impulsos de las hormonas. Fernando jugándoselas todas a una, empezó a subir muy pero muy lentamente su vestido rojo ya arrugado y un tanto desliñado. Cuando se lo tuvo subido hasta la altura de su ombligo metió dos dedos en su chocho con Puri dejándose, y ambos mirando de reojo hacia los ventanales donde el hombre que ahí se veía a veces desaparecía para luego estar de pie en forma estática. Todos los nervios y músculos de la rubia ya empezaban a participar del aquel morboso ritual de dura infidelidad a la que estaba entregada. Su vestido estaba más arriba de su ombligo con una de sus potentes piernas estiradas hacia el pedal del embrague, y con su otro muslo abierto y flexionado hacia el asiento en donde estaba el gerente del concesionario. Éste abiertamente la masturbaba ahora, en tanto varios vehículos pasaron por el lado de ellos… esa situación excitaba más a la casada, ahora el hecho de saber que alguien podía observarla y darse cuenta de cómo le sobaban el conejo, ya casi la tenían de vuelta, loca de emoción, calenturienta. Aun así algunas de sus neuronas le hacían de a momentos entrar en razón…

– Noo… Fernando…Detenteee… debo i..ir… meeee…, le decía mirándolo con sus ojos entrecerrados.

– ¿¡Acaso no te gusta reina…!? O quieres otros 20 € para que te dejes hacer, quiso poner un poco de ironía…

Purificación tras pasear su lengua por todo el contorno de sus delineados labios se dio a responderle… – E… es… est… esto… esto no está bien.

Aun así y a pesar de sus palabras la casada seguía meneando su coño mojado con los incrustados dedos del cincuentón muy adentro de ella. Después de unos minutos, y cuando Fernando estimó que la rubia otra vez no le iba a negar nada de lo que él quisiera en esa larga noche metió su mano por el costado del asiento de Puri bajando su respaldo hasta el tope quedando el cuerpo de la rubia completamente estirado y en horizontal…

– Nooo… q… que haces d… por favor… a… aquí Noooo…!

– Tranquila criatura solo te voy a echar el último polvo en las mismas narices de tu maridito… si mira hacia aquí. El muy cornudo está de pie en la ventana esperándote… solo recuerda que él hace lo mismo. Esto está muy oscuro… descuida que no podrá vernos, pero nosotros sí podemos verlo a él… ¡No te da morbo!

La rubia sin moverse de cómo la había dejado el cincuentón vio que este ya se estaba bajando los pantalones hasta sacar su descomunal cipote que otra vez se manifestaba erecto y robusto con la curvatura impresionante que le proporcionaba la extrema rigidez del aquel falo ante sus incrédulos ojos. Ella ahora solo se daba a mirar esa verga que tanto la enloquecía alternando con tímidas miradas hacia su edificio, con la figura de su marido estampada en los ventanales. Si otras fueran las circunstancias la rubia jamás se hubiera comportado en forma tan desvergonzada, ni aunque hubiese estado acompañada del príncipe de Asturias. Pero el atractivo cincuentón había causado estragos en su sensualidad, si bien la rubia tenía las intenciones de no dejarse follar en su furgoneta con la figura de su marido esperándola, el magnetismo recién aflorado de sus deseos hacia la verga del hombre eran superiores a cualquier cosa, ella deseaba negarse pero el imán de Neodimio que representaba el GRAN FALO de Fernando, la atraía sin remedio… simplemente no le podía decir no a esa verga, ni siquiera era a él, sino hacia el masculinidad que este se gastaba… fuerte, emprendedor, adinerado, potente, macho, atractivo y con la polla que toda mujer sueña alguna vez en un hombre que sabe manejarla a las mil maravillas dentro de un hembra.

El cincuentón, sin un único defecto para aquella obnubilada hembra, viendo que no existía el menor signo de reclamo opositor por parte de la rubia se fue cambiando de asiento, claro que con la rubia abajo y el montándose sobre ella en los mismos asientos delanteros reclinados. La furgoneta de Puri se movía para ambos lados con una amortiguación nueva pronto equilibraba los movimiento del hombre acomodándose para follarse a su diosa, al menos así se veía desde afuera del vehículo.

Cuando ya estuvo sobre su estilizado cuerpo fue el mismo Fernando que ante la pasividad de la chica destrabó su sostén sacándoselo y tirándolo en los asientos traseros, liberando esas hermosas tetazas que el tanto había estado chupando esa noche. Por su parte la casada a modo de demostrarle que ella estaba dispuesta para él otra vez, poco a poco fue subiendo la pierna que había estado estirada hacia los pedales, la fue flexionando y abriendo hasta dejarla tan abierta como la otra que se abría hacia el asiento del copiloto, pero esta quedó apoyada en el mismo vidrio del conductor, quedando así totalmente expuesta y ofrecida para que el madurito fornicador la poseyera otra vez, ahora al interior de su propia furgoneta.

– Ahora si Gabrielita… mira hacia las ventanas de tu apartamento donde está el cornudo de tu marido… ¡¡Esta follada nos la pegaremos en su honor!!

La rubia con su respiración a mil por hora sentía como Fernando le acomodaba su gruesa verga en la entrada de su ajustada vagina, esta vez ni se acordó del uso del condón tal vez porque necesitaba sentir la orografía deforme de aquella musculosa polla… extrañamente deseaba ser penetrada, atravesada, hundida y empalada mirando al desleal de su marido, y cuando el madurito pegó su lasciva cara al lado de su atractivo rostro de Diosa nórdica, se la metió de un solo empujón. ¡Los 25 centímetros de carne entraron en ella de forma impecable!, por lo que las firmes embestidas no tardaron en llegar…, estas eran rápidas y continuas, la gruesa y larga polla del cincuentón entraba y salía libremente por la rendija íntima del angosto estuche de la casada, quien al rato de esto ya no prestaba atención a la figura de su marido. Ahora estaba moviéndose rítmicamente atenazando con piernas y brazos al maduro adonis de su amante Fernando.

Ni siquiera le importaba cuando a veces pasaban vehículos que claramente reducían la velocidad para poder mirar lo que sucedía en aquel oscuro estacionamiento al borde de la calle. Por como subían y bajaban la carrocería los amortiguadores de la furgoneta, estos daban clara señal de lo que estaban haciendo en su interior, pero a la rubia no le importaba, solo quería follar y ser bien follada de nuevo por el Gran Falo de un macho alfa. Por su parte Fernando estaba jodiéndola encantado, el solo saber que estaba poseyendo a una joven hembra casada frente a su esposo, la misma que el ya daba casi por perdida y que por esos extraños designios del destino esta había ido a caer esa tarde a la casa de su sobrina, lo tenían en un desquiciante estado de calentura que se negaba a abandonarlo al estar tan cerca de la mujer que tanto había soñado esas dos últimas semanas…

Deseaba estar follándosela hasta morir en el intento clavado a ella. Para nada le importaba ir al otro mundo tras el último orgasmo descargando toda su leche en el interior del mejor coño de la ciudad. Ahora la penetraba casi con bestialidad, entraba y salía de ella con violencia, mientras Purificación lo aguantaba con una extraña sonrisa en su rostro. Dentro de la furgoneta el olor a sexo se cortaba con un cuchillo, de ambos emanaba una cantidad de traspiración tal que los cristales al estar completamente cerrados, se habían empañado. En el vidrio del conductor desde afuera solo se lograba ver como una desnuda rodilla femenina, se movía por dentro de un lado a otro rítmicamente desempañándolo con aquella desquiciante fricción, por el sometimiento de cada empuje al fondo de su útero. Fue en el momento en que el parachoques del vehículo amenazaba con tocar la acera debido a lo firme que se movían en su interior. Purificación solo se concentrada en las sensaciones que le procuraba dentro de su vagina el largo y gordo tronco que entraba y salía deliciosamente de su conejeo hambriento, al tiempo que cuando la percibía enteramente enterrada, perforando su vientre el duro capullo de esa verga, los portentosos testículos del macho la golpeaban en su perineo dándole un gozo extra a la tremenda follada….

Sintió que su coño se le derretía a la vez que un avasallador orgasmo le hacían explotar fenomenalmente, todo su cuerpo se erizó. Sus piernas otra vez se atenazaron a la altura de las musculadas nalgas del cincuentón, quedándose estática…, disfrutando abrazada a las espaldas del macho que la tenía perturbada, ida. Sintiendo las contorsiones de sus músculos, y percibió además como el maduro Adonis con un verdadero bufido animalesco descargaba en su interior un torrente de semen caliente.

La rubia con su mirada hacia los ventanales de donde otra vez estaba Cesar de pie según veía a su esposo, sentía al semental eyacular dentro de ella con potentes eyecciones de espesa simiente. Al sentir el caldo en lo profundo de su vagina comenzó a darle largas lamidas en su sudado cuello mientras observaba a César asomado, después se terció estampándole una serie de besos urgentes por todo sus rostro y labios, siempre mirando hacia su apartamento. En cada chorro de leche que le descargaban quemando su fondo uterino, pensaba en las veces que César se vaciaba en el chumino de Lidia, multiplicando por dos la calentura y el morbo de percibir los borbotones de lefa espesa y no menos cuantiosa del atractivo semental que se la estaba tirando…. Notó al seductor cincuentón durante medio minuto, o algo más, convulsionando hasta dejar secos esos majestuosos huevos que producían esperma a raudales…, después se quedó clavado a tope otro rato más, asegurando la inseminación… que todo el semen quedara bien dentro atorando la entrada de la matriz de la señora…, a la vez que recuperaba su ritmo cardiaco normal.

El maduro a los dos o tres minutos de haberse corrido en el interior de ella, simplemente se salió dejándose caer en el asiento del acompañante. La rubia quedó tal como la habían dejado, solo su agitada respiración daba a demostrar que seguía viva. Desde el interior de su vagina escurría una cuantiosa cantidad de blanco semen, seguramente menor que la entró en tu culo, pero muy superior a la que solía recibir de su marido… no cupo tanta lefa, la cual se desparramo en el asiento del vehículo en un grueso hilo espeso, filtrándose por la tela del tapiz. Aquella viscosa mancha quedaría por mucho tiempo estampada en el asiento del vehículo y demostrando la infidelidad de la casada, y la gran follada que recibió por su boca, culo y finalmente coño de un portento de la naturaleza.

– Bien culona ahora si me voy tranquilo… te deje bien follada y espero que satisfecha para un tiempo. Recuerda… tu prometiste llamarme, así que apenas tengas tiempo deberíamos rememorar esta noche…me avisas.

La rubia aun con su vestido subido, con las tetas al descubierto y totalmente abierta de piernas tal como la habían dejado despatarrada, vio cuando el madurito cincuentón descendió de su furgoneta y se largaba tras un sonoro portazo, dejándola sola y en tan lamentables condiciones físicas con el útero lleno. Ella lentamente fue cerrando y bajando sus piernas de cómo las había tenido, a la misma vez que volvía su asiento a su posición normal de conducción, tras ponerse su sostén, y recomponer su vestido se apoyó en el volante para tal maniobra. Toda sudada y con su cuerpo pegajoso…comenzaba a caer en la cuenta de lo descabellado que había sido todo ese desmadre. Aparte de que le habían jodido como nunca por el culo, en una ordinaria oficina de un concesionario de coches…, también un maduro cincuentón de apetecible verga, se la acababa de follar por el coño frente a su edificio en su misma furgoneta, sin poner resistencia por parte de ella. No había sido la primera vez que se la follaban en el asiento de un vehículo, pero Sí que se había dejado vaciar los huevos del macho en su más íntima posesión con un regusto de placer procedente de su esfínter por la enculada antes recibida, completamente sumisa… su único consuelo era que todo lo ocurrido era por culpa de su marido y no de ella.

Cuando ya estuvo estacionada en el interior de la zona de aparcamiento del edificio donde residía, por primera vez se le ocurrió revisar su móvil que tenía en modo avión…, 14 llamadas perdidas, todas y cada una de Cesar, quien probablemente debía estar preocupadísimo. Poco le importó en ese momento, más le interesó dejar bien guardado el número de Fernando, que el estado en que debía estar su marido ante su ausencia. Observo su reloj, faltaban 8 minutos para las 5 de la mañana, en otro momento de su vida estaría preocupadísima por lo que Cesar pudiese decirle, hoy no era uno de esos días. Antes de entrar a su piso se acicaló lo mejor que pudo y dejó pasar al menos veinte minutos para afrontar la situación de enfrentarse a su esposo lo más dignamente posible.

– ¿Dónde estuviste Puri… mi amor? Cesar era un tipo extraño, algo inestable y un poco impredecible, capaz de gritar a su esposa por tonterías como verla con otro hombre y achantarse en días como ese cuando su mujer llegaba a tempranas horas de la madrugada, visiblemente alcoholizada en vez de enojarse se notaba sinceramente afligido. Puri entró sin decir nada y se metió en su cuarto… en su aseo y se cambió de ropa…, ahora lucía un elegante camisón color negro.

– Una amiga mía está en el hospital,responde Puri repitiendo las mismas palabras que él uso antes de salir de casa en su aniversario, sugiriendo que sabía lo de su mentira.

– Ya entiendo…Cesar la miró detenidamente al entrar, vio como ese vestido rojo que hacía unas horas estuvo espectacular lucía poco lustroso e incluso algo húmedo en el talle inferior…, le llegó el olor a cerveza. Eso lo preocupo, Purificación no tomaba alcohol asiduamente y con poco se veía afectada. Creía tener claro lo que pasaba, se sentía sola, y no la culpaba. Habían estado muy desunidos las últimas semanas, él sabía que era por su culpa. En su mente hacía conjeturas acerca de lo ocurrido, imaginando lo que pasó. Según Cesar cuando por la tarde tuvo que marcharse, ella se había sentido terriblemente mal, se sentía abandonada, así que llamó a alguna amiga y habían salido de fiesta, no estaba lejos de la realidad, pero nunca en su mente, nunca se asomó la idea de que venía de un lugar donde un hombre que le doblaba la edad y triplicaba la virilidad a su esposo, la enculó como él no pudo nunca hacerlo, y que para rematarla se la había estado follando a pelo por el coño, frente de su edificio durante casi media hora.

– Puri… Mi amor… te voy a dar mi regalo de aniversario un poco retrasado, rió sin que esto tuviese efecto en Puri, decidió pasar por alto la actitud de su mujer, a fin de cuentas era su culpa (la de Cesar) y no volvería a pasar. Cesar caminó hacia la esquina del piso y encendió el reproductor de música, ante los oídos de ambos sonó “Once upon a december”, canción que encantaba a Purificación, ambos solían decir que era su canción, pues con ella se conocieron.

Purificación estaba desconcertada, sobre todo cuando vio que su esposo se acercaba a ella inclinándose en una rodilla extendió su mano y dijo… – ¿Me permite esta pieza señorita…? “¿Qué sucedía?”, su mente daba vueltas, cuantas veces soñó con eso, con ese momento cuando Cesar se atreviera a bailar con ella. Incapacitada para pensar extendió su mano dejándose llevar hacia el rincón donde comenzaron. Cesar se movía muy bien pensaba Puri, demasiado para alguien que odiaba bailar más que nada en su vida.

– Discúlpame mi vida, hermosa mía…. Te he descuidado bastante estos últimos días, dijo Cesar.

Purificación no respondía, se limitaba seguir el ritmo, era un sueño, pero eso no quería decir que lo perdonaba, eso no. – ¿Lo hago bien…? Le preguntó Cesar, como respuesta solo obtiene una mirada fría, desafiante. – Dale las gracias a tu amiga Lidia… ella me enseño y ayudó a ensayar. Estas palabras pusieron los pelos de punta a la casada.

– ¿Qué….? ¿De qué hablas?…

– Hablo de que estuve yendo a escondidas a casa de Lidia, a que me diera lecciones de baile, no sabes lo humillante que fue… No sé si se burlaba de mí porque en verdad lo hacía tan mal o solo se divertía… Es más hoy mismo fui a su casa… me sentía tan nervioso que tuve que ir…, y ahora mírame no lo hago tan mal, dijo Cesar coquetamente, sonriendo como hacía años cuando conquistó a Purificación. – Discúlpame si te dejé sola estos días, quería que todo fuera perfecto, fue lo último que dijo Cesar.

Si en ese momento alguien hubiese preguntado por la peor mujer del mundo Purificación Pagán y de Guillen habría levantado su mano, y hasta se hubiese ofrecido de voluntaria si es que hubiese otra persona más tarada que ella. Cómo pudo pensar que su esposo Cesar pudiera engañarla, había sido una estúpida, había sida más que una estúpida. Cesar le regaló lo mejor que pudo haber pedido y como se lo pagó, revolcándose en esa seudo cama de una oficina en concesionario de coches del extrarradio. Sus ojos se llenaron de lágrimas, no pudo más y estalló en llanto, quizá ya no había vuelta atrás, mientras bailaba en su camisón negro casi transparente, sin ropa íntima. Estaban tan pegados que el olor corporal del cincuentón, el del alcohol los hubiera detectado César al instante. Ni que decir del vestido rojo, que en la parte de su trasero se notaba una gran macha de semen secándose que había quedado pegado en el asiento y se había fusionado con la tela del vestido. Acertó con ir directamente al aseo y cambiarse con una enjabonada de su cuerpo, ahora olía a jazmín de noche. Solo falló al no ponerse unas braguitas con una compresa, pues desde su vagina comenzó a escurrir un leve río de semen aun tibio. Recorrían sus muslos y ella lo sentía un poco nerviosa, esperaba que César no le pidiera tener sexo esa noche. “Once upon a December”, de fondo seguía sonando “Once upon a December…”.

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Esa noche no hubo sexo con César, él no se lo pidió y ella no se lo ofreció por motivos obvios. Los días se sucedieron tranquilamente, su cuerpo completamente recuperado de la sesión de sexo sin medida de su aniversario… De vuelta a casa pensando en su infidelidad angustiosa se dijo que tenía que hablar con Fernando para acabar con aquello, no sabía cómo hacerlo, pero sí sabía que debía de enfrentarse a él cara a cara. En ese momento dio un volantazo y se dirigió al barrio obrero… Aparcó en el parking de clientes, allí estaba todo cerrado. Se asomó y al fondo puedo vislumbrar una tenue luz que procedía de la oficina de gerencia. Iba a marcar para llamar a Fernando y le abriera. Le explicaría la nueva situación…, sí que era verdad que sentía una atracción desmedida por el mazo musculado que representaba la hombría viril de aquel hombre, que de tener veinte años menos se perdería por él dejando a su marido, pero el amor que sentía por César era muy superior a los instintos animales de aparearse…

Había recapacitado y denotó que les separaba mucho más de lo que un principio creía… la edad, la cultura y los gustos cotidianos eran muy dispares entre ambos, y mucho más cercanos con su esposo. La única minusvalía de César era su corta picha, pero era suficiente para tener una relación sexual aceptable. De pronto recordó la entrada falsa del trastero de piezas abandonadas, por allí entró sin necesidad de avisar al empresario… sería una grata sorpresa que le pillaría en fuera de juego, como así fue. Tras mirarse al espejo del aseo que aprovechó para echar una meada, y de verificar que sus cabellos rubios estuvieran ordenados, tomó la entrada al concesionario camino de la oficina superior. Ahora la luz era más clara, caminó cruzando toda la exposición subió las escaleras llamándole mucho la atención la imperante oscuridad en todo el recinto levemente iluminado por la luz que salía por el ventanal que daba a la escalera de acceso a la exposición.

Mientras tanto en el interior de aquella ordinaria oficina con sofá-cama adornada con chicas en pelotas, una desnuda María soportaba las demenciales aserruchadas que le imponía su tío Fernando justo encima de su cuerpo. La chica morena gozaba tanto como su familiar cincuentón, con la tremenda follada que éste le estaba poniendo mirando para Cuenca. La casada caminó despreocupadamente por el frío pasillo de cemento que daba hacia la bodega, oficina y al taller, y al ver que dentro estaba todo apagado supuso que el macho seductor debería estar al interior de su oficina bebiendo cervezas con alguien…, al ir acercándose a las viejas dependencias, se fijó que la puerta de la oficina con sofá-cama en donde a ella se la follaron no hacía mucho estaba entreabierta, con la luz encendida. El no sé qué le llevó a caminar con más cuidado que nunca, era su mismo fuero interno quien automáticamente le decía… “Fernando está follándose a una hembra”, y ahora ella misma al escuchar los fuertes resoplidos masculinos entremezclados con femeninos gemidos tanto de aguante como de placer, confirmó sus sospechas. Se dijo para sí la buena oportunidad de chantajear al cincuentón si la mujer que gemía como una puta no era su mujer, y las probabilidades eran casi del 100% que así fuera. Activó el modo de grabación del móvil y se asomó por el ventanal…

La bella Purificación que en un principio se dio fuerzas para afrontar de la mejor forma que pudiera, aquella demencial situación, se quedó paralizada ante la cruda realidad de haber dado con un fornicador sin escrúpulos. La joven mujer con quien se estaba revolcando el macho no era rubia como ella lo habría imaginado por los gustos de Fernando. Además de ser morena, lo más alucinante que uno se pueda imaginar le puso los pelos de punta. Inevitablemente se le formó un nudo en el estómago y en la garganta, al creer conocer esa bonita cara de marcados rasgos latinos que ahora estaba desfigurada por el placer. La imagen de ver a ese tremendo y gordo cipote clavándose de manera animal en el coñito de tan pequeña chavala era alucinante. Su tío le embutía los 25 cm de rabo en el coño desde atrás follándose como a una perra en celo.

El polvazo que le estaba dando con brutales acometidas a lo largo de toda la caña, eran absolutamente inhumanas para un cuerpecito tan pequeño, sin embargo el brutal cipote de Fernando se perdía dentro del menudo pero bien formado cuerpo de la hembrita de 17 años. Era de leyenda por los gritos de gozo que exhalaba la niña…y no tenía tintes de estar siendo violado, más bien ella siempre estaba predispuesta al cariño de su tío y tal vez celosa que a su pariente le perdiese las ganas de follarse a la rubia. Y la parte más épica de toda esa situación se la llevaba la jovencita., pues, siendo tan menuda incomprensiblemente podía con esa tremenda verga que tan ajustada entraba y salía de su íntima raja vaginal, mientras se lo expresaba a él con su cara llena de placentero gozo en aquellos ardientes momentos. Sencillamente su estrecho y apretado coño se estaba comiendo toda la polla de su portentoso tío, sin el más mínimo desaliento y total sumisión.

Purificación estaba asomada por aquel ventanal gravando las imágenes y sonidos que los incestuosos amantes emitían sin el menor prejuicio ni pudor. Fue en el momento en que la prohibida pareja de amantes secretos se comenzaban a dar más bestialmente al estar ambos al borde del orgasmo cuando una incrédula Purificación los observaba en forma atónita desde la oscuridad con la puerta entreabierta favoreciendo la grabación. Los espasmos que en ella se evidenciaban, daban a entender que se estaba corriendo con la polla de su tío atravesándola sin compasión. La cara de gozo de María era alucinante con los ojos cerrados soportando las embestidas cada vez más rápidas del semental que apuraba el esprín final agarrándola firmemente de las caderas para no estamparla contra el respaldo del sofá-cama. El mete saca salvaje hacía gritar a la niña, al tiempo que salpicaba todo el fluido expelido por el coño ajado de María… y uniéndose a ella los berridos animalescos de su tío…, claramente su amante cincuentón, en ese justo instante se estaba corriendo dentro de ella.

Los fuertes chorros de leche eran impulsados a toda presión hacia el fondo uterino de María, que soportaba el relleno de su vaginita de esperma familiar con la máxima convicción y deseo de ser inseminada por tal macho. La rubia se quedó inmóvil y sin saber qué hacer, ya que María una vez desclavada se había abrazado fervientemente al ancho pecho de su familiar quien también la abrazaba posándole su gran manaza en una nalga.

– ¿¡Te ha gustado sobrina!? Con este polvo tendrás para pagarte las primeras cuotas del carnet de conducir…

Le espetó el madurito con su mejor cara de recién deslechado. Lo habían hecho a pelo, lo que equivalía a haberle descargado una copiosa cantidad de semen en lo más profundo de su útero. Que ella recordara, María nunca le contó que tomase precauciones para no quedar Preñada. No le cabía la menor duda… Seguramente los hijos de María y de ella misma tendrían al mismo padre…. El adonis cincuentón de Fernando.

– Tú sabes que si tío, si por algo me he seguido acostando contigo en todo este tiempo, es porque me gusta la cantidad de verga que me metes en mi pequeño chochito y el gusto de satisfacer a mi querido tío cuando se corre dentro de mí… ¡Mira cómo rebosa la leche que me has vaciado dentro…! Pero me da pena por mi tía Leonor pero quiero tener mi carnet de conducir y el coche que me regalará mi tito favorito…

– No te preocupes es una vieja gruñona que nunca enterará lo nuestro. A mi ahijada siempre le daré lo mejor…

– Más nos vale tío, porque a mí me hace abortar con unas tenazas y a ti te mata a cuchilladas.

– ¡Vaya que sí! Tiene mucho carácter y no se acostumbra a tener cuerno…y mira que ya lleva unos cuantos. Si se enterara se divorcia de mí y me quedo en la calle sin un puto duro… Todo esto es de ella. Y vosotros no correríais mejor suerte.

– Eso no pasará ¡¿Verdad tío?!

– No tranquila lo tengo todo controlado… Ahora cuando llegue me la follaré pensando en ti y la dejaré calmada…

– ¡Vaya que sí! Tus inyecciones son muy relajantes y potencia en tu polla no te falta para ser tan viejo. Se rieron los dos mientras Purificación se deslizó sin hacer ruido con todo grabado…imágenes y sonido con la conversación final tan aclaradora.

Aquella grabación con la confesión de marido y sobrina era todo lo que necesitaba para abordar su finiquito frente a la amenaza de mostrarlo ante Leonor. Era el fin de un capítulo erróneo de su vida con aquel ignominioso individuo sin escrúpulos con tal de aventar su esperma en cualquier cándida mujer. Lo primero que iba a hacer es buscar un trabajo nuevo, con su sexapil y su currículum, no sería muy complicado. Así fue cuando un anuncio de infojob describía su perfil, en nada estaba trabajando para una compañía internacional como secretaria de postventa…. Fue al día siguiente de comenzar a trabajar en el puesto idealizado por tantos años, cuando llamó para quedar en un bar cercano al concesionario, el maduro seductor ya estaba en la mesa del fondo cuando la estilizada rubia cruzó el salón y tras unos quince minutos de charla le propuso se olvidara de ella, de su familia y de todo lo que en esas últimas semanas había ocurrido… Que se olvidara de su propio nombre, o Doña Leonor se enteraría de todo lo que mostraba aquel video robado en su oficina con María y él follando.

Aquello fue mano de santo, porque nunca más se supo del seductor cincuentón. Imaginó que éste más bien ya tenía bastante con follarse a su joven sobrinita y una amiga de esta que pasaba por dificultades económicas sustanciales… madre soltera, sin estudios suficientes y un cuerpecito de putilla poligonera que le hacía las delicias a su largo falo. Desde ese día que abandonó definitivamente al adorado cincuentón sentado en aquel apestoso bar, comenzó una nueva vida en una compañía en expansión que no dudaba en contratar a gente joven y dinámica como César, que también comenzó a formar parte de la plantilla. Por fin todas las piezas de su mundo se reubicaban en el puzle desbaratado por un error de apreciación.

No pasarían más de tres semanas, justo el decimo tercer día que hacía frente a su nuevo trabajo cuando se produjo la alarma en su cuerpo… se retrasaba unos días la regla y aquello comenzaba a pintar mal. Dejaría pasar unos días más hasta hacerse la prueba con un predictor… pero el ginecólogo le confirmó el embarazo. A ella no le cabía duda que Fernando la había preñado, pero César jamás se enteraría de ello. La rubia despampanante de Purificación, segura de sí misma como nunca lo estuvo, jamás le daría a conocer a Fernando su paternidad, para ella el único padre legítimo del hijo engendrado en su vientre era el marido más cariñoso, amante y fiel del mundo…César. Al fin y al cabo cuatro días después de la última gran follada en su furgoneta, una vez recuperada de la enculada, ambos esposos se había acostado repetidas veces. Días más, días menos la precisión de la fecundación no era relevante y en ningún momento se tuvo en cuenta, y por tanto… Él nunca sospecharía nada de la infidelidad. Nació una niña rubia como ella y la mirada de Fernando que trató de hacerla parecer a la de su abuela materna…

De vez en cuando pasaba a baja velocidad enfrente del concesionario con su nuevo coche híbrido de última generación, en verdad añoraba las buenas folladas que le proporcionó aquel cabrón de polla imponente, ella sabía que nunca más volvería de gozar como con aquellas CLAVADAS tremendas, así que se tenía que conformar con la rutinaria follada de César y sus menos de 15 cm de verga, que complementaba con un dildo de tamaño semejante al pollón de Fernando. Aquel falo de plástico chino le hacía rememorar como fue follada por un gran macho, quitándole la febril excitación con enajenación momentánea que solía sufrir… apagada la calentura su ufanaba de tener la mejor familia del mundo y al hombre que más amaba y quien más le amaba.

FIN