Cena de la empresa y termino follando con mi jefe y el contador

Hola, me llamo Paty y para saber más de mi, les recomiendo leer mis relatos anteriores, aunque aquí daré una breve reseña de mi y mi situación. Tengo 42 años, dos hijos (Patricio 21, Fer 18), soy divorciada, bajita, mido 1.65, no soy delgada, tengo muy buenas caderas, nalgas y sobre todo, al parecer, tetas, pues es lo que más me chulean los hombres; hace poco comencé a relatar algunas de mis experiencias pasadas y recientes. Estas comenzaron cuando estaba casada, porque mi esposo no me hacía caso, prefería irse de borracho los fines de semana, en lugar de atenderme como se debe. Eso me llevó a buscar lo que no tenía con él, así empecé mis infidelidades con un sobrino que vivía con nosotros, poco después algunos compañeros de trabajo y amigos o profesores de la universidad en la que estudié. Esas aventuras sexuales con mi sobrino, hicieron que cuando me divorciara, se me quedara el deseo de tener sexo con jóvenes, lo que además alimentaba mi ego al sentirme deseada por hombres mucho más jóvenes que yo. Pero, evidentemente, no me limito a tener sexo con jóvenes, sino también con amigos del trabajo, viejos conocidos e incluso con algunos jefes o ex jefes; me refiero a clientes que tengo, ya que doy asesorías en materia legal a algunas empresas; y algunos de mis clientes quieren algo más, y pues, si yo me porto bien con ellos, ellos se portan bien conmigo y mis honorarios. Ganar, ganar.

Hace un par de semanas fue la comida por el 12 de diciembre en una de las empresas que asesoro –en la que trabajan Gabriel y Héctor- y Héctor me había pedido que me quedara, así que me arreglé con una falda negra cortita, medias negras, ropa interior negra y pequeña, una blusa blanca escotada y de cierre al frente; Gabriel no iba a estar, a él no le gusta mucho convivir con sus trabajadores, entonces sólo estaríamos como administrativos Héctor, Tere (su secretaria), el señor Luis (contador), Rafa, Juan Manuel, Bernie (que ayudan en la administración) y yo. La comida fue en el en una especie de explanada de la planta, que es donde cargan los productos en los camiones; era una típica taquiza, cervezas, tequila, ron, refrescos, les llevaron mariachi, rifa de regalos para los trabajadores…estuvo muy bien, la verdad.

Mientras comíamos estuve platicando con varios de los trabajadores y poco después de que llegaron los mariachis, Héctor me pidió que lo acompañara, subimos a su oficina, desde ahí se puede ver hasta el otro extremo la oficina de Gabriel y en medio y hacia abajo, la zona de carga y descarga, en donde se era la comida. Fuimos hacia la ventana para ver la fiesta de los trabajadores; nosotros podíamos verlos, pero ellos a nosotros no, una de esas ventana espejo. Él se puso detrás de mi y comenzó a acariciarme lentamente con la punta de los dedos desde la espalda hasta mis nalgas.

Héctor – Todo el año esperan esta comida y la de fin de año, nada más para emborracharse gratis y a ver qué se ganan en la rifa. Seguro se van a ir de putas al rato -me dijo mientras me acariciaba las nalgas-.

Yo – A poco?

Héctor – No viste cómo te comían con los ojos, Paty? -acariciaba la parte trasera de mis muslos y subió acariciándolos, luego me levantó la faldita sobre las nalgas-.

Yo – En serio? -Héctor me acariciaba las nalgas y yo empezaba a mojarme, me bajó el cierre de mi blusa y la abrió- Seguro que no se ve nada?

Héctor – Seguro…-me besaba y lamía las orejas y el cuello- te desvestían con la mirada…y cómo no? Con estas tetas y estas nalgas…seguro se la jalan pensando en ti.

Yo – Tú lo haces? –sentía su paquete endurecerse mientras seguía agarrándome las tetas bajo el brassiere- te la jalas pensando en mi?

Héctor – No…yo te cojo, Paty…que se la jalen los que no te cogen, como esos pendejos.

Yo – (sonreí) Qué malo eres –metió su mano en mi calzoncito y empezó a acariciar mi conchita- mm…qué rico…

Héctor – Quieres que te coja, Paty? –no respondí- quieres que te la meta, putita?

Yo – Llévame a un hotel, papi.

Héctor – No puedo…tengo que ir a cenar a la casa…-me jaló un poco la cadera hacia atrás, me recargué en la ventana con la blusa abierta y mis tetas al aire, pues Héctor me había bajado el bra, entonces me abrió las piernas y me la metió- aahh…qué ganas tenía de cogerte, Paty…pinche Gabo ya te ha gozado mucho, ahora me toca disfrutar esta rica putita…mmmmmmm…

Yo – Ay, qué rica verga, papi…-Héctor me bombeaba y yo veía mi reflejo en la ventana; los trabajadores ahí abajo emborrachándose y cantando, y yo en la oficina de uno de sus jefes, inclinada con las tetas bamboleándose de las embestidas que me estaba dando Héctor- me encanta cómo me coges…

Héctor – Me encanta cómo se te ven las nalgas, pinche Paty…agáchate más…-le obedecí; yo estaba excitadísima por estar viendo mi reflejo siendo cogida, pocas veces me he visto, en efecto pongo cara de puta, cara de “no dejes de metérmela”- ¿te calienta que te vean, putita? ¿Quieres que vean cómo coges? ¿Cómo te cogen? ¿Quieres que vean lo puta que eres, Paty?

Yo – No, papi…-nunca me he planteado eso, pero me calentó lo que me dijo; estuvimos así unos minutos más, después me dijo que lo montara, así que se sentó en su silla, yo lo monté poniéndole las tetas en la cara y dando la espalda a la ventana- Me encanta montarte, papi…-él me agarraba fuerte las nalgas y me jalaba hacia él, yo le ponía mis tetas en la boca y él las lamía, me mordisqueaba los pezones- Mmmmm…qué rico me comes las tetas.

Héctor – Quieres que te vean coger, verdad putita? –negué con la cabeza- Quieres que vean cómo te meten mano, verdad? Cómo te manosean…cómo te encueran…-yo seguía metiéndome su verga, subiendo y bajando, calentándome cada vez más por la cogida y por lo que me estaba diciendo Héctor- …quieres que vean cómo te cogen…cómo la mamas…

Yo – Me voy a venir, papi…estoy muy caliente…

Héctor – Te calienta que te vean, verdad, putita? Por eso te calentaste en chinga, cabrona, quieres que te vean coger…

Yo – Ay, papi qué rico…mmmmmm…me encanta tu verga.

Héctor – Y si mejor te cogemos entre varios, Paty? Eh? No se te antoja, putita? Unas cuantas vergas para ti solita?

Me imaginé un trío con Gabo y con Héctor, uno dándome de perrito y yo mamándosela al otro; me vine enseguida y estuvo delicioso!

Yo – Aaaaaaahhhhhhhh…no mames qué rico…mmmmmmmmmmm –abracé su silla poniéndole mis tetas en la boca, él las chupó bien rico mientras me apretaba las nalgas.

Héctor – Mmmmm…qué rico te veniste, cabrona…yo creo que te voy a cumplir el antojo, Paty…te estás soltando el pelo bien rico, putita –empecé a montarlo de nuevo con un sube y baja suave.

Yo – No acabaste, verdad, papi? –él negó con la cabeza- te quieres venir en mi boquita? Se te antoja?

Héctor – Suena bien.

Me hinqué para mamársela; le eché saliva y le embarré mi saliva con la mano, se la lamí, le chupé los güevos mientras se la jalaba; le lamí la verga hasta la puntita, entonces empecé a mamársela. Él seguía diciéndome que yo tenía ganas de que me vieran coger y de que me cogieran entre varios, luego me dijo que no sabía qué se la antojaba más, si ver cómo me cogían o cogerme junto con otros. “Eres tan puta que de seguro aguantas a varios, Paty”, me decía, mientras yo seguía mamándosela y sintiendo cómo palpitaba su verga en mi boquita.

Héctor – Aahh..siempre has sido buena para mamar, Paty.

Yo – Mmmmmmmmm…mmmmmmmmm…ah, sí? Mmmmmm…mmmmmmmm.

Héctor – Todavía me acuerdo cuando me la mamabas en la prepa…no mames, qué rico!

Esa es otra historia. Héctor me agarró fuerte el cabello y segundos después me llenó la boca con su semen calientito; yo se lo seguí mamando, hasta que poco a poco fue perdiendo su erección. Así estuvimos unos minutos, yo recostada en sus piernas jugueteando con su verga, él acariciándome el cabello. Él se tenía que ir con su esposa, así que bajamos a la fiesta. Él se fue y me puse a platicar y tomar unas copas con los administrativos; los trabajadores ya estaban algo borrachos, bueno, la mayoría.

Ya casi al acabar la “comida”, cuando ya varios se habían ido y sólo quedábamos unos de los chicos que ayuda a la administración, el contador y yo, el señor Luis (el contador) me dijo que quería enseñarme algo. Subimos a las oficinas, pero ahora del lado de la oficina de Gabriel y de hecho entramos a la oficina. Por cierto, en todo el trayecto él iba detrás de mi y sentí cómo no dejaba de verme las nalgas; la verdad, me gustó, me calentó…tal vez fue el alcohol, yo ya estaba un poco tomada y eso me pone muy cachonda. Nos sentamos en el sillón a lado del escritorio y nos sirvió un par de wiskitos –de hecho rellenaba mi vaso a la menor oportunidad- y seguimos platicando de mil pendejadas; él aprovechaba para ir tocándome las piernas lo más arriba posible y como mi mini se subía cada vez más, pues podía tocarme muy arribita de los muslos. En una de esas me sirve otro poco de whisky y luego me dice:

Sr. Luis – Hace calor, no? -y me bajó un poquito el cierre de mi blusa-.

Yo – Quiere emborracharme o encuerarme, contador? Jajajaja.

Sr. Luis – No, licenciada…bueno, un poquito nomás.

Yo – Cuál de las dos?

Sr. Luis – Pues las dos, no?

Yo – Un poquito? Casi nos acabamos la botella.

Sr. Luis – Bueno, muchito…de las dos.

Yo – Para qué o qué?

Sr. Luis – Pues para pasarla rico…hacer travesuras solitos –me acarició las piernas desde la rodilla hasta el nacimiento de las nalgas y de regreso- ya sé que sales con los jefes, pero pues por qué no divertirnos un poquito?

Yo – No sé…

Sr. Luis – No te diría nada, pero se nota que andas con ganas…esa faldita y esa blusita, son de andar buscando algo rico, licenciada.

Yo – Ay, cómo cree, Don Luis? –me seguía manoseando y cada vez me tocaba más las nalgas-.

Sr. Luis – No habías venido tan provocativa, creo que venías de pesca, Paty.

Yo – De pesca?

Sr. Luis – Jajaja sí, a ver si te llevabas a alguien para….-puse cara de no entender, obvio sí entendía- pues para cachondear, para follar…-me susurró al oído y ya me agarró las nalgas debajo de mi faldita- así como te llevó Héctor a su oficina para follarte.

Yo – Cómo sabe?

Sr. Luis – Porque no soy pendejo…-ya para ese momento tenía la falda de cinturón- porque yo también lo hubiera hecho…-me besaba el cuello y los hombros mientras seguía manoseándome las nalgas, me metió el calzón entre las nalgas; sus manos amasaban delicioso mi cuerpo, su respiración era muy agitada; todo eso me excitó bastante- y porque los vi…quería ver cómo te follaban.

Yo – Ah, sí…y? Y qué vio? –me bajó el cierre de la blusa y yo le acaricié el paquete sobre el pantalón-.

Sr. Luis – La vi apoyada en la ventana, licenciada, y le estaban metiendo mano…-abrí las piernas y me acarició la conchita sobre la panty- le manoseaban las nalgas y la papayita, licenciada.

Yo – Le gustó lo que vio? –le bajé el cierre y metí la mano en su pantalón buscando su verga; estaba durísima y ya con líquido pre seminal-.

Sr. Luis – Se me puso durísima…como ahorita…y usted seguro estaba empapada, como ahorita…porque se la metieron así como estaba –hizo a un lado mi panty y me dedeó un poquito la conchita- así que se va a ir con doble ración, licenciada.

Yo – Y qué se la antoja que hagamos, Don Luis? –mientras se la jalaba-.

Sr. Luis – A usted qué se le antoja, licenciada? –al decir eso se hizo hacia atrás recargándose en el sillón y agarrándose la verga ya fuera del pantalón-.

Yo – Se me antoja –me subí en él- esto –me abrí la blusa por completo y abrí el bra- me gusta que me cojan bien, eh, Don Luis.

Sr. Luis – Moría de ganas de verte las tetas, Paty –las agarró y las lamió, me chupaba los pezones, me agarró fuerte las nalgas y me arrancó los calzones-.

Yo – Me los rompió!!! Me voy a ir sin calzones, Don Luis!!!

Sr. Luis – Ya no aguantaba las ganas, licenciada –me la metió en ese momento-.

Yo – Ay! Está grande, Don Luis…-él me agarraba las nalgas y me ayudaba con el sube y baja sobre su rica verga- está muy rica su verga…-me desnudé de la parte de arriba-.

Sr. Luis – Usted está deliciosa, licenciada…no sabe las ganas que le traía.

Yo – No nos vayan a cachar –le dije gimiendo mientras seguía montándolo-.

Sr. Luis – No se preocupe, licenciada, encargué que no subiera nadie.

Yo – Tan seguro estaba?

Sr. Luis – Ninguna vieja se niega a que se la cojan dos veces…y ya me había dicho Héctor que cuando toma se pone ganosa, licenciada –me calentó mucho que me dijera esas cosas-.

Yo – Eso le dijo? –aceleré mis movimientos y me incliné hacia atrás-.

Sr. Luis – Sí…y que coges delicioso…

Yo – Y qué más, eh? –entonces me puso de perrito en el sofá bruscamente-.

Sr. Luis – Quieres saber qué más, eh, licenciada putita? –me calienta que se pongan así- así quería verla, inclinada para mi…puta madre, qué rica está licenciada…-me dio una nalgada, golpeteó mi conchita con su verga y me la metió- qué rico te entra!

Yo – Ay, qué rico! –me bombeaba delicioso-.

Sr. Luis – Hace mucho que me cuenta que eres una de sus amiguitas…que desde que estabas casada has andado de cabroncita…que en la prepa ya se las dabas, licenciada…verdad?

Yo – Sí…sígale, sígale…ay, no mames, qué rico me la mete, Don Luis –tenía un ritmo riquísimo-.

Sr. Luis – Siempre ha sido una golfa, licenciadita…lo que no me ha contado Héctor, por eso te tenía tantas ganas…lo bueno es que vamos a trabajar muy juntitos y me voy a comer este putón a cada rato, verdad, licenciada?

Yo – Sí, Don Luis…cuando usted quiera…me voy a venir, ah…ah…mmmmm

Sr. Luis – Sí, chiquita, vente, vente….se me antoja este culito, licenciada…la quiere en el culito, licenciada?

Yo – No, por ahí no, Don Luis –se chupó el pulgar y empezó a meterlo en mi culito- ay, ay…con cuidado, nunca me…mmmm…ay…lento…

Sr. Luis – Lo tiene bien apretadito, licenciada…qué rico va a ser cuando se la meta por ahí…mmmmmm…me la va a ordeñar…-lentamente metía y sacaba su pulgar de mi culito, mientras seguía bombeándome la conchita- te va a encantar por el chiquito y te lo voy a llenar de mi lechita; en ese momento me vine súper rico-.

Yo – Aaaaaahhhhhhhh….uuuuuhhhh…mmmmmm….-empecé a vibrar por mi orgasmo y Don Luis se vino segundos después-.

Sr. Luis – Ay, cabrona hiciste que me viniera –me la sacó y me echó su semen en mis nalgas; fue delicioso sentir su caliente lechita salpicando y escurriendo por mis nalgas, mi culito y hasta ni conchita; cuando acabó de echarme su semen, me la volvió a meter y estuvo bombeándome unos minutos. Después nos vestimos y bajamos ya para irnos; de hecho, ya sólo estaba el velador, ya todos se habían ido. Fue una comida muy provechosa.