Cambio de colegio y mis nuevos compañeros me calientan demasiado

Esta historia me sucedió con un compañero que conocí una vez que salí de la secundaria.

Contaba con mis 18 años recién cumplidos cuando empecé en un ciclo formativo en uno de los colegios más prestigiosos de mi ciudad. El colegio hasta no hacia muchos años era solo para chicos, pero al cogerlo una institución pública decidió que fuese mixto. Yo me quede más tranquilo pues me relaciono mejor con las chicas que con los chicos.

Desafortunadamente para mi el ciclo que iba a estudiar solo se apuntaron chicos, por lo que mi temor era que iba a pasar un año algo complicado, pues la mayoría de los chicos siempre se han metido conmigo.

Empezó el año escolar y mis sospechas no cayeron en saco roto, los “gallitos” de la clase se burlaban de mí, por el simple echo de llevar gafas y no ser tan tosco y bruto como ellos. Por suerte hice una pequeña pandilla con la que pasaba los recreos y la hora de la comida e hicimos buenas migas.

En esta pandilla estaba el chico por lo que viene esta historia. Era un chico bajito (170cm, a comparación mía que mido 1.84) y fibrado, piel blanca, de pelo corto y moreno y unos ojazos azules, a mí se me da un aire al actor Wentworth Miller, pero bueno eso son impresiones mías, y contaba con unos 18 años.

Aun asiendo parte de la pandilla de vez en cuando se metía conmigo para seguir con la gracia de los demás, yo se lo toleraba hasta cierto punto, pero cuando me enfadaba, me iba yo solo por el recreo y los dejaba abandonados. Lo malo que después el se enfadaba por haberme ido y no haber estado con ellos.

Los días del curso iban pasando y un día en clase me dice:

Él: Oye, me comerías la polla a la hora del almuerzo? – y se echa a reír.

Antes de mi contestación voy a matizar, parte de las burlas que me hacen es que me llaman “maricón” aunque yo no diga que lo sea. El simple echo de este insulta es que yo una persona reservada y educada que no voy de macarra y propiciando insultos a diestro y siniestro y me visto bien, cosa que ya me distingue de ellos y por eso ya soy gay. Bueno sigo:

Yo: Si claro, cuando quieras – ya le respondí así porque estaba cansado de siempre lo mismo y decidí por darles la razón a ver si así me dejaban en paz.

Él: En serio me comerías la polla – me mira con cara de vicioso y a la vez burlón.

Yo: Claro que si – yo le seguía el juego – Pero tú me la comes a mi también.

Él: Vale, que bien me qué vas a comer la polla – en tono burlón – Si si.

Aun es a día de hoy que no se porque se le dio por pedirme eso ni el porque, y no será porque no le pregunté, pero se hizo el loco. Bueno, pues estuvo toda la mañana ilusionado y recordándome lo que iba a pasar en la hora del almuerzo. Yo le dije y en realidad lo creía “te hace más ilusión a ti que a mí”. También es verdad que yo pensé que era todo un juego de él.

Llego la hora del almuerzo, cerca del colegio había una tienda donde comprábamos unos bocadillos para comer, a veces los comíamos en el recinto del colegio y otras veces íbamos a un parque que hay allí cerca, todo dependía de las ganas que teníamos.

Esta vez tocó parque, fuimos a por los bocadillos y después de comer estuvimos un rato tirados en la hierba, pues teníamos 2h para comer. Estábamos muy tranquilos y como imaginaba pensé que mi amigo se había olvidado o más bien dejo de hacer el tonto con lo de la mamada, cosa que suponía. Pero de repente se levanta y me mira.

Él: Tengo que ir al baño – me ve con cara de levántate – Vienes conmigo.

Yo: Bueno, voy porque tengo ganas – era mentira.

Nos dirigimos al baño y nos pusimos en los urinarios y aunque no tenia ganas me puse a mear y mientras tanto él a parte de mear observo por el baño que no hubiese nadie. Era un baño público y pequeño por lo que con un vistazo ya sabes si hay alguien o no. Acabé de mear me subí la cremallera del pantalón y me dispuse a salir fuera.

Él: A dónde vas? – me preguntó agarrándome del brazo – Tienes algo que hacer.

Yo: Pero aún sigues con eso? – le veo con cara extrañado – Venga deja de hacer le tonto.

Él: venga entra a la cabina – entra él y me hace un gesto para que lo siguiera

Para ver hasta donde iba el juego, entro detrás de él y cierro la pueta tras de mí. Pero aun así no tengo muy claro que iba a pasar, yo pensaba que lo que pretendía llegado hasta ese punto era verme desnudo para después burlarse más.

Él: Bueno, quien empieza – su cara de emoción me descuadraba, pues el se identifica como hetero.

Yo: Empiezo yo – digo para ver que hace – Venga bájate los pantalones o quieres que te lo haga yo – me quedo un poco borde, pero me tenia que hacer el duro para si era una broma no me pasase factura.

Él: Vale – dicho esto se baja los pantalones y bóxer de golpe y se levanta la camiseta. Al aire deja una enorme polla de 20cm y de un ancho considerable, con el capullo cubierto y empalmada y viendo hacia el techo. Mis ojos al ver aquello se abrieron como platos y no resistir las ganas de llevármelo a la boca.

Lo primero que hice para tantear el terreno fue llevar mi mano derecha a su polla y agarrarla y hacerle una pequeña paja. Al ver que no decía nada me puse de rodillas y acerqué mi boca a su capullo y abrí la boca y me lo metí. Al ver que no decía nada mi para bien mi para mal, empecé con la mama. Traque parte de su polla, intenté metérmela toda pero no era capaz por su tamaño, la saque y la lamí desde la punta hasta la base, dejándola bien mojadita. Por dato curios, no era la primera polla que comía. Él solo gemía por el placer que le estaba dando.

Yo: Bueno ya está – dije cuando me volvió la sangre y la cordura al celebro – Ya cumplí con lo que acordamos, no? – hice una pausa – Ahora te toca a ti

Él: Eh! – se quedó un poco desubicado – Si claro lo que se promete se cumple.

Me baje el pantalón y los calzoncillos y mi polla ya estaba empalmada, y normal después de ver y hacer lo que acababa de hacer. Se arrodillo y metió mi polla en la boca. Se sentía muy bien, pero se notaba que era su primera vez o tenia muy poca experiencia mamando. Tuve que decirle un par de veces que tuviese cuidado con los dientes que me hacia daño. La metía y sacaba de su boca con más facilidad que yo la de él, y para ser sinceros me ponía un montón ver a ese “machito” comerme la polla.

Yo: Bueno por hoy ya basta – le dije apartándolo – Se está haciendo tarde y los otros se preguntarán que estamos haciendo.

Él: Si mejor lo dejamos aquí – volvió a tomar las riendas de la situación – Que bien que me has comido la polla – se ríe y vuelve a poner esa cara de vicioso pervertido.

Yo: Si si – dije sin darle importancia – Y tú a mí, así que a ver qué vas contando.

Salimos los dos del baño y nos dirigimos hacia nuestros compañeros. Y allí estaban tan tranquilos donde los hemos dejado y sin hacerse ninguna pregunta del porque habíamos tardado tanto.

Llego el momento de irnos de vuelta para el colegio y después de 3h de clase el momento de irnos para casa.

Ese día fue el comienzo de otros muchos que os contaré en otra u otras historias (dependerá de lo larga que se haga)

Espero que os guste la historia y gracias por leerme.