Saque a pasear a mi perro en eso un vecino del vecindario me invita a su casa, así es como termino cumpliendo mi fantasía

No hay nada que me joda mas que tener que sacar al perro los fines de semana. Entre semana me despierto pronto y no tengo problema en sacarlo antes de ir a trabajar, pero el fin de semana es el quien me despierta a las 8 y preferiría poder dormir hasta tarde. Aquel sábado no era excepción y el perro llevaba un rato dando vueltas por la habitación y como no iba a poder seguir durmiendo me puse unos vaqueros, un polo y un plumas, cogí unos premios y salimos a la calle.

Generalmente los sábados a las ocho de la mañana no hay nadie por la calle y eso me gusta, por una parte el perro puede ir suelto sin problemas y por otra no soy muy sociable, tener que hablar con los dueños de los perros no me suele hacer mucha gracia. Además, era enero y estaba lloviendo, lluvia ligera, no la suficiente para llevar un paraguas ni para ponerme la capucha, pero la justa para que molestara un poco y enfriara aún mas el ambiente.

Cuando estaba por mitad del paseo mi perro decidió que era buen sitio para hacer sus cosas. Mientras abría una bolsa me di cuenta de que venía otro chaval con su perro. Recogí lo que había soltado mi perro y nuestros perros se pusieron a jugar.

-Parece que se llevan bien- me dijo

-Si, ya ves- yo solo quería desayunar y volverme a la cama

-¿Eres de por aquí? Nunca te había visto

-Sí, vivo al final de la calle- la verdad es que yo sí le tenía fichado a el, nos habíamos cruzado alguna vez y como siempre va con chandal me había fijado. Está bastante bien, medirá 1,80, moreno, pelo corto, ojos verdes, se le ve fibrado y marca un buen paquete. Llevaba una sudadera roja con la capucha puesta y le hacía mas anchos sus hombros.

No me he descrito. Mido 1,78, peso 90 kg (sí, no estoy en mi mejor forma, pero tampoco gordo), tengo 35 años y soy el típico tío con el que te vas a cruzar hoy mil veces por la calle: totalmente del montón.

-Me llamo Nico- me extendió la mano

-Yo Sergio

-¿Has desayunado?

-Eh… no… – me sorprendió su pregunta

-Vente a casa, vivo aquí al lado y parece que nuestros perros se llevan bien

-Vale, vamos- no tenía otra cosa que hacer y el chaval parecía bastante majo, ¿por qué no?

El trayecto hasta su casa fue corto, era verdad que vivía justo al lado, cruzando la calle. Subimos a su piso, el segundo, y pasamos dentro. Lo perros se fueron al salón y se quedaron tumbados por ahí y nosotros pasamos a la cocina.

-¿Café?

-Sí, con leche

-¿Qué quieres de comer? ¿Unas tostadas?

-Bien

Mientras preparaba el desayuno me contó que es nadador en el equipo local. Yo suelo ir a nadar y el equipo entrena en la misma piscina que los socios del polideportivo y se cambian en el mismo vestuario.

-Yo también suelo ir a nadar al polideportivo y parece que os han hecho a todos igual jaja

-Es que nos dan bastante caña, pero por eso somos buenos

-Y estais…

-¿Quieres ver mas?- lo dijo mientras se quitaba la sudadera con toda la naturalidad, debajo no llevaba camiseta, así que se quedó solo con el chandal, que cada vez marcaba mas, y me empezaba a parecer que tampoco llevaba nada debajo.

-Tienes cuerpo de nadador, ancho de espaldas, estrecho de culo jeje

-Maricón seguro jajaja- no me esperaba que acabara el “refrán”

Nos quedamos callados y nos sacó del silencio la tostadora. Puso las tostadas en un plato que dejó en la mesa y se sentó.

El resto del desayuno transcurrió con normalidad, hablamos de nuestros gustos, de en qué trabajábamos, me contó que tenía 31 años y cuando terminamos de desayunar me invitó a jugar a la PlayStation. Vivía en un piso compartido y la Play era suya, así que la tenía en su habitación.

-Venga, que tengo el online y es un descojono

Nos tiramos los dos en la cama, cada uno con un mando, aunque Nico me había adelantado que no se podía jugar a dobles, y encendió la consola. Mientras se encendía me fijé en que ya se veía claramente que no llevaba nada debajo del chandal porque se le estaba poniendo dura y se marcaba. Sus manos agarraban el mando de la consola y las reposaba sobre su rabo, creo que intentando que no se notara el estado en el que estaba.

-Juega a lo que quieras, que yo ya los tengo muy vistos

-Parece que tampoco puedes mover mucho las manos

-Se ha notado, no? Mira cómo se me ha puesto- se bajó el chandal y dejó al descubierto una polla tiesa de unos 19 cm, gordita, con un prepucio que no llegaba a cubrir todo el glande, muy definido.

Dejé el mando de la consola y se la agarré con la mano derecha. Mi mano estaba algo fría por lo que el se agitó un poco, pero se bajó el chandal hasta las rodillas dejándome paso libre. Yo llevaba un rato fantaseando con que esto podía acabar así y no me lo podía creer.

Cuando nos acostumbramos al contacto me quité el polo, le quité el chandal del todo dejándole desnudo y me metí entre sus piernas, llevándome su rabo a la boca.

-Chupa, chupa, no pensaba que iba a ser tan fácil- mientras lo decía abría las piernas.

Le bajé el prepucio del todo con la mano con la que le sujetaba el cipote y empecé a lamerle el frenillo. Parecía que le gustaba así que me la metí entera hasta la garganta y durante unos segundos pude oler su pubis, que tenía un pelo corto. Se lo debía de afeitar y daba la impresión de que llevaba días sin preocuparse. Empecé a realizar movimientos de arriba a abajo absorbiendo todo su falo y le puso a mil.

-Joder, qué bien chupas polla- me agarro de la cabeza y me empezó a follar la boca. Al principio despacio y no metiéndola toda en la boca pero se fue desbocando y al de poco ya me tenía cogido de las orejas clavándomela toda en la garganta.

En uno de los empujones me dio una pequeña arcada y me la sacó de la boca, sujetó mi cabeza en una posición en la que nos mirábamos a los ojos y pude ver su cara de vicio. Me impulsó hasta su cara y me metió la lengua hasta la campanilla. Menuda lengua, me rellenaba la boca entera y me ponía muy puta. Me separó la cabeza y me escupió en la boca, aunque como la tenía medio cerrada el lapo se me quedó colgando de la barbilla y acabó en su pecho. No le gustó.

-Abre la boca- me dio un guantazo con la mano derecha y me volvió a escupir, esta vez sí entró dentro, me empujó hasta su pecho y me hizo lamer la baba que se había caído, para llevar mi cabeza hasta su polla y soltarme después.

Observé aquel falo durante un segundo y me llevé el glande a los labios, como dándole un beso en la punta del capullo, pero deslizando el rabo a través de los labios, muy despacio, arriba y abajo. Cuando se le empezaba a poner muy tiesa me sorprendió empujándome la cabeza hacia abajo, sin querer volvía a tener la garganta atascada de polla y esta vez no me soltó tan fácil. Incluso me llegué a preocupar porque pensaba que me ahogaba, pero me soltó en el momento exacto.

Mientras yo recuperaba el aliento Nico se levantó. Se puso de pie a un lado de la cama y sacó del cajón de la mesilla un condón, una botella de poppers y un bote de lubricante. Me hizo un gesto con la mano para que me acercara y nos besamos. Mientras paseaba su lengua por mi boca me agarró de los huevos, como sujetándome con ellos, hasta que acabó de besarme. En ese momento abrió la botella de poppers y me la hizo esnifar tres veces.

Me puse a mil y quise comerle el rabo pero no me dejó y la enfundó en el condón. Se echó lubricante y me dio la vuelta, poniéndome a cuatro patas sobre la cama y lubricándome también el culo. Apoyó el rabo sobre mi ojete y cuando pensaba que me la iba a meter volvió a por el popper y me obligó a esnifar otras dos veces. Con lo cachondo que me había puesto empecé a culear y yo mismo hice que su rabo entrara en mi culo. A pesar de que tenía buen tamaño no me costó que entrara.

Nico sabía lo que hacía y le estaba saliendo bien. Desde hacía un rato el se dedicaba a estar de pie al lado de la cama mientras yo utilizaba mi culo para hacerle una paja. Volvió a abrir el popper y pensé que sería para mi, pero le pegó dos esnifadas, me agarró de la cadera y empezó a bombear. La forma en que me follaba me hizo recordar que era nadador y me lo imaginé nadando a mariposa sobre mi. Me follaba rítmicamente y con una potencia increíble. En cada embestida me clavaba la polla en lo más hondo de mi y yo gemía como una buena zorra.

De repente, se escuchó el timbre. Nos quedamos quietos, como si no nos creyéramos lo que habíamos oído y esperando que volviera a sonar. Y volvió a sonar. Y Nico me puso una mano en la nuca y me empujó contra la almohada y continuó follándome como si no pasara nada.

No sé si volvió a sonar el timbre pero me dio bastante igual. Me tenía con el culo en pompa, con la cabeza agarrada por la nuca, hundiendo mi cara en la almohada y se subió a la cama, de forma que me tenía totalmente dominado. Cuando reanudó el movimiento cambió la forma de follarme y pasó a embestidas cortas pero duras.

Empezó a crear dentro de mi una sensación muy curiosa, me sentía relleno de carne y si Nico seguía así yo me iba a mear encima. O eso creía porque pocos segundos después me corrí sin tocarme. Con cada empujón de Nico salía un chorro de lefa y puse perdida la cama, creo que nunca me he corrido como aquella vez.

Noté que Nico también se corría porque me clavó el rabo muy adentro dando empujones muy cortos pero muy fuertes, que me dieron un extra de placer, ordeñando mis últimas gotas de semen. Se dejó caer encima de mi y como a mi me temblaban las piernas nos caímos sobre la cama y yo me quedé pegado a las sabanas con mi propia lefa.

No sé cuánto tiempo estuvimos tumbados uno encima del otro pero nos sacó del nirvana el sonido del móvil de Nico.

-Ey, dónde andas, tío, que no has dormido en casa- contestó

Yo no oía a la otra persona.

-Vaya movida, ahora te abro- Nico se levantó de la cama y se puso los pantalones la sudadera.

Colgó el móvil y me dijo:

-Vístete que es mi compañero de piso, que salió ayer de fiesta y ha perdido las llaves

Me vestí lo mas rápido que pude mientras Nico traía mi perro a la habitación y cerraba la puerta. Nos quedamos en silencio mientras oíamos cómo entraba su compañero, charlaban un poco en el pasillo y se cerraba una puerta. Justo despues entró Nico en su habitación.

-Pírate, que aquí nadie sabe que me molan los tíos -susurró- Ya quedaremos otro día.

Atravesamos el pasillo lo mas silenciosamente que pudimos y salí del edificio pensando cómo iba a poder volver a quedar con el si no me había dado su número de teléfono.

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